Eliot 103

La tecnología está arruinando la psique y la socialización de la juventud. Tecnologías como las redes sociales o la IA pueden tener efectos tan profundos que no seamos capaces de adaptarnos. Con Cambridge Analytica vimos que las redes podían usarse para manipular. Vimos también que empezaban a ser dañinas y empezamos a preguntarnos: «¿Qué les hemos hecho a los jóvenes y a nosotros mismos?». Hoy hay una sensación de descontento con las redes y la tecnología en los países desarrollados. No está bien que los chavales crezcan con una pantalla; tienen que explorar, tocar, correr, mirar a la gente a los ojos. Tenemos evidencia del daño que hace la tecnología a los más pequeños y vemos normal dar tabletas a niños menores de cinco años y utilizar carritos de bebé con sistemas para sujetar las pantallas. Así el cerebro no se desarrolla bien.

¿Y QUÉ? ¿QUÉ PASA? Los hombres siempre fueron esclavos viviendo en un mundo cuya estructura les era ajena. Resulta indiferente atiborrar de YouTube Kids o TikTok a los adolescentes. Los códigos legales, como el de Hammurabi, regulaban la compraventa de esclavos. En el Imperio romano eran empleados como agricultores, mineros, gladiadores, maestros, médicos, secretarios o administradores. Millones de africanos fueron capturados, vendidos y transportados a América. Según estimaciones recientes de la Organización Internacional del Trabajo y la Organización Internacional para las Migraciones, decenas de millones de personas viven hoy en condiciones que pueden calificarse como formas modernas de esclavitud.

La caverna de las tecnologías es otra forma más de servidumbre. Los hombres ni saben, ni les gusta, ni aprenden a ser libres y emanciparse. Los hombres no leen de Niccolò Tartaglia sus Quesiti et inventioni diverse (Venecia, 1546), ni se solazan con sus magníficos grabados xilográficos sobre trayectorias de proyectiles. Desprecian, de Johann Werner, su De triangulis sphaericis, así como la edición de Núremberg con una tipografía humanística bellísima y diagramas extraordinariamente limpios. Apenas citado fuera de la bibliografía especializada, a nadie interesa el Algorithmus demonstratus de Johannes Schöner, ni el Dialogo intorno alla Meccanica de Giuseppe Moletti, un libro casi fantasma.

Las gentes prefieren chupar del gollete salivoso de una botella de cerveza mientras disfrutan del fútbol, ver a Paz Padilla o, a lo sumo, leer a Ken Follett. No les quiten ni a ellos ni a sus hijos las redes sociales. No pidamos peras al olmo.

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