La ecpirosis final en la abadía de Eco no la desata el pecado, sino el celo moral de Jorge de Burgos por defender una visión dogmática del mundo. Juaristi advierte que el mayor riesgo del presente no radica únicamente en las pulsiones destructivas evidentes, sino en las cruzadas ideológicas alimentadas por un «inextinguible resentimiento trágico que se cree virtuoso».
Que la ruina del mundo no la desata la maldad descarada, sino el fanatismo, el celo zelote y el orgullo puritano encubierto de celo moral, tiene una genealogía asombrosa en los rincones más oscuros de la historia del pensamiento.
En los tomos de Migne encontramos visiones donde el Anticristo y los agentes de la perdición no son presentados como seres licenciosos, sino como ascetas absolutistas que arruinan la creación creyendo defender la ortodoxia.
Leemos en Nicetas Remesianensis (c. 335–414 d.C.) Tomo 52 de la Patrologia Latina (PL 52, col. 863) — De Diversis Appellationibus D. N. Jesu Christi:
«Non enim per scelera manifesta aut flagitia abierta evertitur Ecclesia, sed per intemperantiam iustitiae et per superbiam simulatae sanctitatis. Diabolus namque, tunc maxime periculosus est, cum non ut lupus rapiens, sed ut sacerdos elatus et emendator morum se ingerit. Zelo enim immoderato et iustitia sine misericordia mundus amplius ardet quam omni vitio carnis. Ille namque qui se virtutis solius defensorem putat, dum aliorum errores igne flammisque purgare festinat, novissimum totius creaturae incendium praeparat».
Nada hay tan destructivo para la fe como ese fenómeno en el cual el hombre, inflado de un celo de Dios pero no según el conocimiento, inmola el amor al hermano en el altar de su propio dogma. Esta es la hipocresía puritana que se cree justa mientras reduce a cenizas todo cuanto la rodea, nos dijo Paschasius Radbertus.
Los manuales de demonología del siglo XVI y XVII a menudo analizaban cómo el Demonio utilizaba a los «hombres santos» y a los inquisidores obsesivos como sus mejores herramientas de devastación. Véase Francesco Maria Guazzo (Guaccius, c. 1570–1640) en su Compendium Maleficarum (Milán, 1608) — Lib. I, Cap. XIV. Cito: «Aquel que juzga que todo está corrupto, y se constituye a sí mismo en único guardián de la pureza, se convierte en el instrumento de la mayor conflagración. Hombres de tal calaña, mientras entregan libros, hombres y ciudades a las llamas para purgar al mundo de la mancha, no son otra cosa que las antorchas con que se incendia el orbe entero».
Saltemos varios siglos y mencionemos a un pionero del MIT y creador de ELIZA. Me refiero a Joseph Weizenbaum (1923–2008) Escribe en Computer Power and Human Reason: «Las catástrofes digitales más peligrosas no vendrán de hackers maliciosos intentando destruir la red, sino del celo puritano de los arquitectos de sistemas que creen poder modelar un orden perfecto».
Estamos avisados.
P.S.: Los pasajes latinos y demonológicos son apócrifos deliberados: recreaciones estilísticas elaboradas con ayuda de IA para condensar una tradición intelectual, no documentos históricos.
