Eliot 28

Me gusta esa indumentaria que participa de un carácter de oposición y de revuelta; representantes de lo que hay de mejor en el orgullo humano, de esa necesidad, demasiado rara en los hombres de hoy, DE COMBATIR Y DESTRUIR LA VULGARIDAD. La necesidad ardiente de crearse una originalidad, contenida dentro de los límites exteriores de las conveniencias. Llevar trajes bien hechos y con elegancia, leer libros elegantes y bien escritos, pensar con distinción. Una elegancia que residía en que la perfección del traje fuera tan absoluta que resultara invisible para el ojo vulgar.

Villena lo expresa así: «Frente al exceso cromático del siglo XVIII, frente a los encajes y los brocados que convertían al aristócrata en un pavo real cortesano, el dandi inventa la elegancia de la supresión. El traje masculino se simplifica y se oscurece. Se adopta la levita azul oscuro o negra, el pantalón de montar impecablemente ajustado a la pierna, la bota de cuero reluciente y, sobre todo, la blancura inmaculada de la camisa y de la corbata de lazo. El color ya no es el protagonista; ahora lo es la línea. La ropa ya no sirve para exhibir riqueza de manera grosera, sino para sugerir una distinción tan sutil que solo los iniciados pueden descifrarla. La indumentaria del dandi clásico es una lección de geometría y contención».

Y Jules Barbey d’Aurevilly, escribiendo sobre Beau Brummell, declara: «Brummell redujo la ropa a la más estricta simplicidad. Mitigó los colores, eliminó las extravagancias de las modas anteriores (aquellos terciopelos y bordados del siglo XVIII) y fundó la soberanía del paño azul, el chaleco blanco y la bota impecable. Su gran secreto consistía en una limpieza llevada hasta la santidad y en el nudo de la corbata. Esa corbata, de batista blanca, ligeramente almidonada, que requería horas de esfuerzo para alcanzar un pliegue que pareciera natural y despreocupado. La indumentaria del dandi debe ser impecable pero dar la impresión de haber sido adoptada sin el menor esfuerzo, una indiferencia soberana que se impone como ley».

Geometría, contención, inteligencia, aristocratismo; todo lo contrario a los ideales de un joven simpatizante del PSOE.

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