Permítanme el siguiente tren de citas parafraseadas y reelaboradas, pero muy fieles en espíritu, ordenadas cronológicamente y desplegando un hilo narrativo liberal que se amolda perfectamente a mi pensamiento, a propósito del caso Ferran y sus inversiones inmobiliarias:
«El estadista que intentase dirigir a los particulares sobre cómo deberían emplear sus capitales, no solo se cargaría con una atención del todo innecesaria, sino que asumiría una autoridad que no se podría confiar prudentemente ni a una sola persona, ni a un consejo o senado, y que en ninguna parte sería tan peligrosa como en manos de un hombre con la locura y la presunción suficientes para considerarse apto para ejercerla», Adam Smith.
«La única finalidad por la cual el poder puede ser ejercido de un modo legítimo sobre cualquier miembro de una comunidad civilizada, contra su voluntad, es evitar que haga daño a otros. Su propio bien, ya sea físico o moral, no es garantía suficiente. Sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo y espíritu, el individuo es soberano. Si una persona posee una cantidad ordinaria de sentido común y experiencia, su propio modo de arreglar su existencia es el mejor, no porque sea el mejor en sí mismo, sino porque es el suyo propio», John Stuart Mill.
«El problema económico de la sociedad no es simplemente un problema de cómo asignar recursos «dados»… Es un problema de cómo lograr el mejor uso de los recursos conocidos por cualquiera de los miembros de la sociedad, para fines cuya importancia relativa solo esos individuos conocen. Pretender que una autoridad central puede saber mejor que el propio individuo qué hacer con sus recursos es una «fatal arrogancia»», Friedrich Hayek.
«Si el gobierno le dice a un hombre lo que debe hacer con su dinero, le está diciendo lo que debe hacer con su vida. Si el Estado toma el control de los medios de producción y de la asignación del capital, toma el control de toda la existencia humana. La libertad económica no es simplemente una libertad más; es la condición previa y el requisito fundamental de todas las demás libertades», Ludwig von Mises.
«No existe tal cosa como un «bien colectivo» separado del bien de los individuos que lo integran. La sociedad no es un organismo independiente con derechos propios. El hombre —cada hombre individual— es un fin en sí mismo, no el medio para los fines de los demás. Nadie tiene el derecho moral de decidir por otro qué riesgo debe asumir, qué meta debe perseguir o cómo debe gastar el dinero que ha ganado legítimamente», Ayn Rand.
«Una sociedad que prioriza la igualdad por encima de la libertad no obtendrá ninguna de las dos. Una sociedad que prioriza la libertad por encima de la igualdad obtendrá un alto grado de ambas. La gran virtud de un mercado libre es que no le importa de qué color eres, cuál es tu religión o de dónde vienes; solo le importa si puedes producir algo que los demás valoren. Y, sobre todo, te deja a ti la responsabilidad y el derecho de tomar tus propias decisiones y sufrir o disfrutar sus consecuencias», Milton Friedman.
Ningún burócrata, ningún asesor no solicitado y ningún gobierno tiene la información completa sobre tus circunstancias, tus metas o tu tolerancia al riesgo. El riesgo de Ferran es suyo, el capital es suyo y su vida es suya; todo lo demás es paternalismo. Tú eres el único señor de tu reino. Tu dinero es tiempo de vida acumulado; decidir sobre él es decidir sobre tu propia existencia. No cedamos soberanía ni libertad: es nuestra posesión más valiosa. La verdadera libertad exige el derecho a cometer tus propios errores y aprender de ellos, sin que un tutor te diga qué hacer. Disfrutar de tus aciertos y pagar tus errores: esa es la gloria de ser libre. Ejerce la mayoría de edad.
