Eliot 72

Vivo en los cañones del Sil, entre frondas y un entrelazado abismo fluvial. El Sil nace en los montes de León y, tras un largo recorrido, se abisma en las aguas del Miño. Es el río más singular de Galicia, pues recibe en su corto recorrido aportaciones de gran magnitud. En otoño los desfiladeros se vuelven de oro y púrpura. En los bancales de piedra se cultiva la vid en pendientes vertiginosas. Los «socalcos», o terrazas vitícolas, esculpen y decoran las rudas pendientes del Sil, del Miño en algunos tramos, del Bibei, del Navea y del Cabe, rectificando la labor destructora de los torrentes y ofreciendo un ejemplo de la perseverancia de las generaciones labriegas. Más allá de los viñedos orientados al mediodía, las umbrías de la Ribeira Sacra resguardan robles (carballeiras), castaños milenarios (soutos), abedules. Hay tojos y brezos en gran número. En estas riberas encajonadas el clima cambia a cada vuelta del río. En las cumbres reina la brecina y el viento frío de la sierra; pero abajo, al abrigo de las peñas, crecen los madroños, los olivos viejos y los laureles como en un pequeño mediterráneo secreto. Águilas anidan en repisas graníticas, las nutrias en las aguas del río, y hay jabalíes y corzos en la espesura del sotobosque.

Mi casa, muy grande, vieja y destartalada, se cae a trozos. Vivo solo, dentro de una biblioteca con miles de libros. Leo, medito y escribo. Paseo por el bosque con mi perrilla. Cuido el jardín. Pretendo una vida muy modesta defendida de infortunios.

Espero dulcemente la muerte.

P.D. Gran y lírico artículo, maestro.

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