Eliot 76

Soberbio artículo, como en ti es costumbre Irene. Muy bien engarzado, culto, «lliscant» hasta las conclusiones finales con una prosodia de acordes de arpa.

Me voy a atrever, demostrando un exhibicionismo inútil, vano, a colgar un poema que escribí (reinterpretación del famoso soneto del Renacimiento francés «Les Sonnets du Sonnet» o «Le Bonheur de ce monde» (1578) de Christophe Plantin, así como de la tradición clásica del Beatus Ille y la Epístola a Arias Montano de Francisco de Aldana) a propósito de lo que expones en la primera parte de tu escrito.

UN NOBLE MEDITA PAUSADAMENTE

Tener casa propia, limpia y agradable, afable,

un jardín tapissé de flores y abejas en verano,

pocos o ningún hijo, acaso mujer fiel, ningún tumulto;

que vague la vida en Adagio non tropo, ma divoto,

estudiar los severos astros, mucho leer a la luz de la vela,

acallar la lengua (que abunde mucha conversación

con el cielo y así no obtener dócil habladuría),

convertir en rechifla la farsa y sátira de la época,

sin deuda y poca hacienda, ni avaricia ni deseo.

Contentarse con poco, nada querer de los Poderosos,

domar las pasiones, cultivar el juicio esclarecido,

no conocer la tormenta y meditar en silencio,

y, solitario como un sabio, escribir con letra clara

y pausada igual al corazón, un libro modesto y veraz

que ampare pálida memoria de tus días o iguales afanes.

Y ya que arden los conventos, o nadie cultiva la tierra,

y se pueblan de salvajes las ciudades, pasar los granos

del Rosario sin devoción: attendre doucement la mort.

P.D. Muchas gracias, Irene.

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