Eliot 173

Se acercan los Reyes. Los niños se ponen ropajes de oro en la imaginación; a los mortales, su llegada nos hace sentir como cantores líricos vestidos de púrpura.

Se acercan los Reyes. ¿Veremos camellos con mantos tapizados de colores, las cabezas erguidas de esbeltos caballos blancos con gorros rojos? Los Reyes: luz de farolas de ciudad como bañadas por pétalos de dalias.

Solo somos un pulso, una rayita insignificante en la cinta métrica infinita del universo, una velita efímera entre los dos cabos, las dos orillas eternas de la noche.

«Cuando considero la corta duración de mi vida, absorbida en la eternidad que la precede y que la sigue, el pequeño espacio que ocupo y que veo, abismado en la infinita inmensidad de los espacios que ignoro y que me ignoran, me espanto y me asombro de verme aquí y no allí, porque no hay ninguna razón de estar aquí y no allí, ni hoy y no mañana. ¿Quién me ha puesto aquí? ¿Por orden y disposición de quién este lugar y este tiempo han sido destinados para mí? El silencio eterno de estos espacios infinitos me aterra», Pascal.

¿El universo? ¿La Luna y el Sol? Cortejo de frases con mangas abullonadas —mangas gigot y beret—, corsé, enaguas, miriñaque y crinolinas. Luce la fraseología traje de sociedad: el cuerpo cubre el busto y deja al aire el escote, decorado con una pieza llamada «berta», y se engalana con profusión de tul, muselina, lazos, galones y joyas. El eclipse da paso a brillantes polisones.

El asombro y la belleza como una de las bellas artes.

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