Pobló sus ojos del griego y el latino, logrando verdosa voz de luz de aceite y rayos de oro en el lecho del río. Demasiado grande para un tiempo tan pequeño. Entendió la cuantización, leyó en su idioma original “Grundzüge der theoretischen Logik”, “Ada or ardor”, o a J.F. Revel y a Leopardi. Se desriñonó en el tiovivo con las más hermosas. Señor de una cortesía exquisita. Tema de murmuración en “El Club de los Amantes Bibliófilos”. Moderado respeto mantuvo con los Poderosos, pero nunca se sintió intimidado por ellos. Habló a los reyes tan libremente como a sus criadas. Azulados perfumes en su albornoz. Distinción y dinero. Se enfurecía al ver a los más tontos en el Poder, o con el ansia de los escritorzuelos, con los días sucesivos. Se levanta y escribe al alba, invoca a la musa, se sienta a escribir: tacha, pule, añade, mengua, corrige, depura, amplía, intercala, escamonda. Leedlo a fondo y veréis su valiente hechizo.
Necesito escribir y leer, como necesito respirar. Mi energía, empuje y talento es controlar y embridar mi (pobre) cultura. Me considero un sensible, feliz, y competente lector. Como escritor (un tipo de escritor que escribe como un niño garabatea su nombre en la nieve) me agobia el «décalage» entre los propósitos y el resultado. Pretendo riqueza ornamental, un contraste entre planos, embellecer con trinos, mordentes y grupetos. Pero me queda un falsete de autotune, un intolerable tono chirriante y algo dornajo. Con la Palabra fueron hechos los cielos y la tierra. Honrarla es un alto y noble destino. «Más que rey del novelón / soy grumete del montón».
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«La única manera de escribir de verdad es asumir que lo que escribes nunca será leído. Ni por nadie más, ni siquiera por ti mismo en un futuro. De lo contrario, empiezas a excusarte. Debes ver la escritura emergiendo como un largo rollo de tinta del dedo índice de tu mano derecha; y debes ver tu mano izquierda borrándolo», Margaret Atwood.
“Quien escribe para tontos siempre tiene asegurado un gran público”, Arthur Schopenhauer.
“Un libro es un suicidio pospuesto», Cioran.
“El talento más valioso es el de no usar nunca dos palabras cuando con una basta», Thomas Jefferson.
“Mientras escribas lo que quieres escribir, eso es todo lo que importa; y si el texto importa durante siglos o solo por horas, nadie puede decirlo”, Virginia Woolf.
“Escribir es una forma de hablar sin interrupciones», Jules Renard.
«Todo lo que espero decir en mis libros, todo lo que siempre espero decir, es que no amo el mundo», Christian sanz.
“Mi tarea, lo que intento lograr, es, mediante el poder de la palabra escrita, hacerte oír, hacerte sentir; y , ante todo, hacerte ver», Joseph Conrad.
“Es mejor escribir para ti mismo y no tener público, que escribir para el público y no tener identidad”, Cyril Connolly.
“Es una tontería convertirse en escritor. Su única compensación es la libertad absoluta. No tiene más amo que su propia alma, y estoy seguro de que por eso escribe”, Roald Dahl.
Las seis de la mañana y empiezo a escribir. Comienzo (en mi mente) con un rápido y delicado arpeggio de dieciséis notas cromáticas dividido en terceras y sextas bajo una subdivisión rítmica irregular y una cadenza que subraya cierta ligera atmósfera. Oscilo, después, entre el Allegro con brio, Largo Rondo y Allegro scherzando. La mera palabra, sin significado ni forma, puede hablarle al alma de miles de maneras distintas. Rondan en mí palabras invisibles de una sexualidad de colores como los del arco-iris.
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Lenguaje: Universo hiperesférico, hiperparabólico. Una esfera que ni empieza ni termina en ninguno de sus puntos, que empieza y termina en cualquiera de ellos. Como las estrellas de neutrones, sus emisiones son intermitentes y perfectamente periódicas. Quasars con un núcleo dotado de una luminosidad y de una energía casi incalculables.
Lenguaje: A través del estilo conocemos las peculiaridades del escritor, sus manierismos, sus numerosos y particulares trucos. Si su estilo es vívido, veremos la clase de imágenes que evoca, las descripciones que utiliza, el modo como procede; y si utiliza comparaciones, veremos cómo emplea y varía los recursos retóricos de la metáfora y el símil, y sus distintas combinaciones.
Lenguaje: Palabras que brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, plantas, corales, fuego de las iglesias y del tiempo, metal, delicado rocío…Lenguaje: indicación, emoción, representación. Los hombres hablamos con gestos, movimientos y con la boca. Palabras: sonatas aovilladas que tomamos de los pájaros.
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Acabo de escribir esta nota. Muy insatisfecho con su resultado. Tenía una brumosa idea, como un sueño, sobre aquello que deseaba expresar; me alejo, subido en las palabras, más y más de ese sueño. No se pueden comprar unicornios en los supermercados.
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Buenos días. La luna del Amor camina sobre mis sueños. “Tal vez no haya días de nuestra adolescencia vividos tan plenamente como aquellos que creíamos pasar sin haberlos vivido, aquellos transcurridos en compañía de nuestro libro favorito», Proust.
«Hay metáforas más reales que las personas que caminan por la calle. Hay imágenes ocultas en los libros que viven con mayor intensidad que muchos hombres y mujeres. Hay frases de obras literarias con una personalidad profundamente humana. Hay pasajes de mis propios escritos que me estremecen de miedo, tan claramente los percibo como personas, tan nítidamente perfilados aparecen contra las paredes de mi habitación, o de noche, en las sombras… He escrito frases cuyo sonido, leído en voz alta o en silencio, solo puede ser el de algo que adquirió una exterioridad absoluta y un alma plena», Pessoa.
“Los libros largos, al leerlos, solemos sobrevalorarlos, porque como lectores deseamos convencernos a nosotros mismos y a los demás de que no hemos perdido el tiempo”, María Luisa López-Vidriero.
“A menudo, solo en casa, un día lluvioso, empiezo a enumerar lo que he leído y a contar aquello (casi infinito) que no he leído”, José Alemany y Bolufer.
“¿Nunca haces otra cosa que no sea leer?”, pregunta que me solían repetir en mi adolescencia.
“Siempre iba a la estantería a tomar otro sorbo de lo divino», Cayetano Rosell.
“Cada libro es un mundo en sí mismo, y en ellos me refugio. Nunca terminé de adaptarme a la realidad”, Adolf Wölfli.
“Quería arrastrarme entre esas líneas negras de la página impresa, como traspasa uno una valla, como se adentra uno en el arte, y dormirme, tal si se dibujara en un cuadro, bajo una hermosa higuera verde”, Walter Morgenthaler.
“Leer es simplemente un sustituto del pensamiento propio; significa permitir que alguien más dirija tus pensamientos. Muchos libros, además, sirven simplemente para mostrar cuántas maneras existen de equivocarse y cuán lejos te desviarías si siguieras su guia. Deberías leer solo cuando tus propios pensamientos se sequen, lo que, por supuesto, sucede con bastante frecuencia incluso a las mentes más brillantes; pero desterrar tus propios pensamientos al tomar un libro es un pecado contra el Espíritu Santo; como abandonar la naturaleza libre para contemplar un herbario o grabados de paisajes”, Arthur Schopenhauer.
“Un lector sabio lee el libro de un genio no con el corazón, tampoco con el cerebro, sino con la columna vertebral. Ahí es donde se produce el cosquilleo revelador…”, Vladimir Nabokov.
«Privados de periódicos o novelas, los adictos a la lectura recurren a libros de cocina, a la peculiar literatura de los frascos de medicamentos, a esas instrucciones para mantener el contenido crujiente impresas en el exterior de las cajas de cereales para el desayuno. A cualquier cosa», Huxley.
“Sé que hay gente que no lee nada de ficción, y me cuesta entender cómo pueden soportar estar siempre en la misma cabeza”, Alexander Grothendieck, el muy peculiar Grothendieck.
“Los libros son las abejas que llevan el polen vivificante de una mente a otra”, marquesa de Rambouillet.
“Comprar libros sería bueno si también se pudiera comprar el tiempo para leerlos; pero por lo general, comprar libros se confunde con la apropiación de su contenido”, Arthur Schopenhauer.
Debo medir mis palabras, para no avergonzarme después de ellas. ¿Civilización o barbarie? ¿Existencia o aniquilación del pueblo judío? Cualquier muerte nos envilece, el cuerpo destripado de un solo niño (o la tortura indecible de un secuestrado) merece la repulsa radical de nuestro oscuro universo. El odio multiplica el odio, la violencia multiplica la violencia y la dureza multiplica la dureza en una espiral descendente de destrucción, creo recordar que dijo Sun Tzu.
Discrepo (desoladamente) de quienes piensan que la guerra es una invención, y no una necesidad biológica. El ardor guerrero está inscrito en nuestros genes. Somos animales depredadores y agresivos. La guerra es un acto de violencia llevado hasta sus límites más extremos. La mente puede inventar la paz, la realidad no. “Todos los asesinos son castigados a menos que maten en masa y al son de las trompetas”, Voltaire (por cierto, furibundo anti-semita) La guerra es repugnante. Y, sí, todo lo que se hace en la guerra es un crimen en la paz.
Leo muchos posts, admirables literariamente, consoladores o exaltados, donde -acaso yerre- se le hace el caldo gordo a Hamás. La información es un elemento o parámetro más de la guerra. Las partes en conflicto buscan controlar la información para influir en la opinión pública, y más que, sensu strictu, de hechos o noticias objetivas, las partes distribuyen propagandas. Se difunde información o falsa o engañosa o sesgada, o bien se utilizan imágenes y mensajes emocionalmente poderosos. Todo busca diseñar la percepción de la opinión pública e influir en las instancias legales internacionales. Y se abusa de términos comodín, sin definir ni precisar, a modo de amuleto explicatodo («genocidio», «nazis» etc…)
En la Antigüedad, se esculpían bustos bifrontes que representaban los rostros de Heródoto y Tucídides, para recordarnos que los hechos nunca tienen una sola historia, una única cara o un solo punto de vista. Mucha cautela con escuchar solo una versión o bien inmunizar acríticamente una determinada hipótesis.
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Cuando los liberales afirmamos solemnes que queremos escuchar otras opiniones, luego no nos sorprendamos ni ofendamos al descubrir que, efectivamente, existen otras opiniones (ser liberal es tanto un sentimiento como una idea)
El amor de los intolerantes por las instituciones democráticas es solo una estratagema, un fraude piadoso para engañar a las masas. Dentro de una comunidad política intolerante no hay lugar para la libertad (en Occidente crecen como metástasis burbujas políticas intolerantes)
Nunca intentes desalentar el pensamiento, nunca intentes desanimar a la razón: seguro que tendrás éxito (máxima que se ejemplifica en innumerables casos)
Escribir. Siempre escribir. De modo que, si sabes lo que escribes, no escribes, y, si no sabes lo que escribes, escribes. Escribir para saber qué escribirías si escribieses, más o menos, como escribir un libro de autoyuda cuya tesis es que la autoayuda no ayuda, y que ayude.
«Me irrita mi propia escritura. Soy como un violinista de oído fino, pero cuyos dedos se niegan a reproducir con precisión el sonido que oye en su interior», Gustave Flaubert. No hay reglas sobre cómo escribir. A veces sale fácil y casi perfecto (muy pocas veces); a veces (muchas veces) se parece a perforar una roca y luego explotarla con toneladas de explosivos. Escribir. Siempre escribir. Lo que no se puede decir, eso sobre todo, sobre todo eso, no debe silenciarse, sino intentar pese a todo escribirse.
Y leer. Siempre leer.
No tienes remedio; vas a dar una vuelta y compras «La Historia de las Matemáticas» de Stillwell, libro genial, que incluye detalles matemáticos reales ¿Qué libros de matemáticas te gusta leer y releer? Acaso tus tres favoritos, en el orden en que los puedes ver a tu lado, son: «El cálculo superior» de Umberto Bottazzini, «Del cálculo a la teoría de conjuntos», editado por Ivor Grattan-Guiness, y «Emergencia de la teoría de los grupos de Lie», de Thomas Hawkins; y, ya que nos ponemos estupendos, resaltar que una fuente incomparable para la Geometría es «Una historia de los métodos geométricos» de J.L. Coolidge.
Esta noche, italiana y musical, pianista y francesa, blanca y «ondoyant», devoraba «La génesis del concepto de grupo abstracto» de Hans Wussing. El libro de Wussing, maravilloso, discute extensamente el origen de muchos resultados sobre la teoría de grupos que hoy se consideran elementales, como el teorema de Lagrange, que, por supuesto, fue conocido por Euler y Gauss.
Leer. Siempre leer. Qué relajante, estimulante, dejar de lado las preocupaciones de la vida y buscar la compañía de un buen libro. De la lectura de «buenos libros» surge una riqueza, una especial riqueza, indescriptible y única, que no se puede obtener de ninguna otra manera. La escuela del alma se nutre de un leer incesante y compulso.
Leer «Hypnerotomachia Poliphili» (del griego hypnos, ‘sueño’, eros, ‘amor’ y mache, ‘lucha’), «uno de los libros más curiosos y enigmáticos salidos de unas prensas», «oculta una rara hermosura y un apasionado anhelo de perfección, sabiduría y belleza absolutas, bajo el signo del Amor», «desde el mismo siglo XVI se ha visto rodeado de un aura de esoterismo enfermizo», «está, todavía hoy, envuelto en misterios», «En realidad, es un injerto de poema alegórico de estirpe medieval y enciclopedia humanística de vocación totalizadora, ya que contiene una ingente amalgama de conocimientos arqueológicos, epigráficos, arquitectónicos, litúrgicos, gemológicos y hasta culinarios».
Leer la compilación «Historia natural», de Plinio el Viejo, que reúne con un celo admirable una multitud de observaciones sacadas de los escritores más diversos; va pasando ante el lector todo lo que tiene relación con la cosmología, la geografía, la antropología, la zoología, la botánica, la medicina, la meteorología, la magia y el arte. Todos estos campos de conocimiento tenían su propia literatura, pero nadie antes que Plinio se atrevió a dar una visión general y exponerla en una obra única, indisputablemente magistral.
Leer. Siempre leer. No lo olviden, colegas lectores: «..y letras, inscrito en tabletas, eran los escritos de Dios», Éxodo 32:16.
Leer, escribir, morir. Soñar acaso.
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Comienzan las vacaciones, la fuga y el extravío. Descreo de las líneas en movimiento, las líneas que treman velocípedas, las expósitas líneas en mendaz inercia.
Pascal, genio (y plagiador) sagaz, observó que todos los problemas empiezan al no saber estarnos quietos en la habitación. Yo, en agosto, vida hortelana, y quietecito en la casa. Estudiando hebreo y teoría de conjuntos, o viendo «Aterriza como puedas».
Chesterton, maestro de bonhomia, observó que el viajero ve lo que ve y el turista ve aquello que va a ver.
El movimiento es deletéreo, un infausto genio maligno. Felices vacaciones.
«Mi vida empezó cuando recibí mi carnet de biblioteca», Harold Bloom.
“Pensé: lástima por los pobres de espíritu que no conocen el encanto ni la belleza del lenguaje”, Muriel Barbery.
“Debo insistir, señoras y señores, en que dediquen mucho tiempo, casi todos los días, simplemente a sentarse y pensar. Eso es muy poco común en los negocios estadounidenses. Yo leo y pienso. Así que leo y pienso más, y tomo entonces decisiones menos impulsivas que la mayoría de la gente en los negocios. Lo hago porque me gusta este tipo de vida. Y me da sus frutos”, Warren Buffett.
«Los peores lectores son aquellos que se comportan como tropas de saqueo: se llevan algunas cosas que pueden usar, ensucian y confunden el resto, y lo vilipendian todo», Friedrich Nietzsche.
«Puede que los libros no mitiguen nuestro sufrimiento, puede que no nos protejan del mal, puede asimismo que no nos digan qué es bueno o bello, ni ciertamente nos protegerán de nuestro destino común: la tumba. Pero nos ofrecen en cambio innumerables posibilidades: la posibilidad del cambio, la posibilidad de la iluminación», Alberto Manguel.
“Ah… Cama, libro, gatito y sándwich. Todo lo que se necesita en la vida, la verdad”, Emmanuelle Riva.
“Encontré mi religión: nada me parecía más importante que un libro. Veía la biblioteca como un templo”, Sartre.
“Pero yo también odio los libros largos: cuanto mejor, peor. Si son malos, solo me hacen jadear unos minutos. Pero si son buenos, me convierto en un idiota social durante días, negándome a salir de mi habitación, frunciendo el ceño y gruñendo ante las interrupciones, ignorando bodas y funerales, y convirtiendo a mis amigos en enemigos. Todavía llevo las cicatrices de «Middlemarch»”, Vikram Seth.
“Las bibliotecas me criaron”, Aleix Leví Carballo.
“Leer es uno de los verdaderos placeres de la vida. En nuestra cultura digital, donde todo lo encuentras resumido, adaptado, adulterado, extractado, fragmentado, triturado y reducido, resulta reconfortante e inspirador sentarse en privado con un libro inagotable» Noemí Chaudarcas.
“La única forma de tolerar la existencia es perderse en la literatura como en una orgía perpetua», Flaubert.
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Traicioné el lema de Gauss a la hora de publicar: «Pauca sed matura», «Poco, pero maduro».
En el pecado llevo la penitencia.
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Buenos días. Amanece, nos acoge la alfombra de ciclámenes, empieza el movimiento de columnatas de luz, el triunfo de los saltitos de los gorriones. “¿De qué sirve tener tantos libros y bibliotecas si no basta toda una vida para leer solo los títulos?”, Leopold Fejér, el enigmático Leopold Fejér.
Les deseo que encuentran la calma y la serena, la sosegada imperturbabilidad. «En toda casa en que entren, digan primero: Paz a esta casa» (Lc 10, 5), «El Señor os dé la paz» (2 Tes 3, 16; Jn 14, 27) Y que lean:
“Me gustan los libros porque no gritan, son silenciosos y, sin embargo, dicen muchas cosas”, Ignacy Krasicki.
¿Te sientes satisfecho en general con tu vida? ¿Qué aspectos te hacen sentir pleno y feliz? ¿Qué áreas te gustaría mejorar? ¿Has alcanzado tus metas? ¿Estás trabajando en ellas? ¿Qué pasos puedes dar para avanzar? ¿Cómo son tus relaciones con familiares, amigos y pareja? ¿Te sientes conectado, apoyado, querido? ¿Hay relaciones que necesitas fortalecer o dejar ir? ¿Temes a la soledad?¿Estás satisfecho con tu trabajo? ¿Sigues aprendiendo y creciendo? ¿Qué te gustaría explorar, descubrir, saber?¿Te cuidas física y psicológicamente? ¿Son saludables tus hábitos? ¿Buscas apoyo, ayuda, cuando la necesitas?¿Qué valores son importantes para ti? ¿Tu vida refleja esos valores? ¿Sientes que estás viviendo con un propósito, un significado? Reflexiona sobre estas preguntas, querido lector. La lucidez es el primer capítulo del libro de la sabiduría. No te hurtes a ti mismo. Una cosa es ser inteligente y la otra sabio.
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Permítanme expresar una idea. Deben intentar ser libres y cultos; no vean la televisión, no lean porquerías, ni siquiera escuchen reguetón. Creen su propio espectáculo itinerante de calidad y altura. El nexo de espacio y tiempo donde están ahora es el sector más inmediato de su universo, y si se preocupan por Ibai, Ana Rosa Quintana, Aitana, Daddy Yankee, o alguien más, entonces están descapitalizados, entregan su poder, la fuerza de su destino, la capacidad de su auto-articulación a los peores iconos, iconos que se mantienen gracias a los medios y que solo quieren que usted compre X, se vista con Y, o tenga los labios como Z. Este tipo de pensamiento -adviértalo- es una locura. Eso es una barata distracción cultural, y lo real es usted, sus amigos, sus euforias, sus orgasmos, sus esperanzas, sus planes, sus miedos. Medite si desea ser central o periférico. Y analice la secuencia (o imperativo): «Obtén un título, consigue un trabajo, consigue esto, consigue aquello» ¿Quiere participar en el juego? Recupere su mente y libérela de las manos de los ingenieros culturales que quieren convertirle en un imbécil mediocre que consume toda esta basura fabricada con los restos de un mundo moribundo.
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Cada ser humano es una casa de huéspedes. Cada mañana es una nueva llegada, una nueva aurora. Una alegría, acaso una desdicha, o una mezquindad; una especie de consciencia momentánea llega como un visitante inesperado… Recíbelos y agasájalos a todos. Limpiamente. Con transparencia. Sin turbiedades. Sopesa y mide y trata a cada huésped con honores. Al pensamiento oscuro, a la vergüenza, a la malicia, a la melancolía, a la curiosidad, al asco, a la ira, a la sorpresa, a la nostalgia, recíbelos en tu puerta con una sonrisa e invítalos a pasar. Agradece a quienquiera que venga, porque cada uno ha sido enviado como guia. Agradece y aprópiate de lo mejor. Son la materia de tu vida.
Este método y la busca de la tranquilidad fueron mi sabiduría.
«Su último entusiasmo fue el de la bibliografía, chifladura que tomó como costumbre, y no con gran pasión. Pero como un hombre, por rico que sea, no puede pensar en reunir los libros que se han escrito, no solo en el mundo, sino en un país, Avelino especificó su manía y se dedicó a formar una biblioteca de libros en dieciseisavo. Al principio, los compraba, los leía, los coleccionaba y los guardaba…
[…]Deseaba llenar las paredes de su gabinete con libros en dieciseisavo. Esta era en aquella época su aspiración suprema, y compraba tomos sin otro objeto[…]
Un día, a don Avelino se le perdió la llave de la biblioteca. Al día siguiente se encontró con la puerta cerrada; quiso descerrajarla, pero luego pensó y dijo: —¿Para qué? Hay una cosa más sencilla. El cuarto tenía un montante. Don Avelino ató sus libros, siempre de dieciseisavo, con un cordelito, y como quien dispara una piedra los tiró al interior de la biblioteca.
Una vez quiso entrar en la biblioteca; descerrajó la puerta, pero se había formado detrás de ella un montón de tomos tan grande que era imposible entrar», Pío Baroja, «Silvestre Paradox».
A mí, la realidad me produce espasmos catalépticos. Ensoñar es lo único bueno de la vida. Todo lo demás es vulgar y vacío. Para mí el mundo, tosco e insípido, está silencioso, muerto. Cultural, moral e intelectualmente, estamos en un momento muy sombrío.
Todas las noches, después de un leve lavado y rizado de mi pelo castaño, templo el asco que siento por España, escojo una flor para el dormitorio, y leo «The Birds of America», el libro del naturalista y pintor John James Audubon, que contiene ilustraciones de una gran variedad de aves de América del Norte.
No puedo vivir entre tanto piojoso mamut lanudo, entre tanto sarnoso perro salchicha. Chinches, hedor, humedad, corrupción…»Hace ya mucho tiempo, el Pueblo ha abdicado de sus deberes; pues el Pueblo que una vez repartió el mando militar, los altos cargos civiles, las legiones, todo, ahora se restringe y anhela solo dos cosas: pan y circo», Juvenal. No soporto la extrema vulgaridad: de las frases, la pintura, las músicas, las películas, de la cara y la ropa y el porte.
Hace mucho tiempo que huyo, muy lejos, como un mendigo medieval por un campo nevado en invierno, refugiándome solo en la belleza y la inteligencia.
«Este lector callado tiene una de las mentes más ruidosas», Horace Donisthorpe.
“Leía como alguien nadaría para salvar su vida. También escribía así”, Charles Nodier, sobre Pétrus Borel.
“Es raro encontrar un libro que gane la batalla contra la caída de los párpados”, Jardiel Poncela.
“Lo olvidas todo. Las horas se deslizan. Viajas en tu silla a través de siglos que pareces ver ante ti, tus pensamientos los absorve la historia, entreteniéndose con los detalles o siguiendo el curso de la trama, te metes en los personajes, de modo que parece como si fuera tu propio corazón el que late bajo sus disfraces”, Flaubert.
“Aquello en lo que nos convertimos depende de lo que leemos después de que todos los profesores terminen con nosotros. La mejor universidad de todas es una colección de libros”, Thomas Carlyle.
«Cuanto más lees, más ves lo que tienes que leer», John Adams.
«Hay una gran diferencia entre un hombre ansioso por leer un libro y un hombre cansado que quiere un libro para leer», G.K. Chesterton.
«Dedícate a la lectura. El que nunca lee, nunca será leído; el que nunca cita, nunca será citado; el que no usa las ideas de otros, demuestra que no tiene cerebro propio. Necesitas leer», Juan Pablo Forner.