Summa logicae 8

“Un buen libro es ese amable compañero que nos trae incomparables momentos felices”, Giacomo Leopardi.

“Cuántos hombres fecharon el comienzo de una nueva era en sus vidas con la lectura de determinado libro”, Henry David Thoreau.

“¿Un libro? Un viaje para caminantes pacientes”, Alessandro Baricco.

“No hay mejor plan para unas vacaciones que decidir no leer ni una sola línea, y después, nada más placentero que, en el momento oportuno. y con un libro absolutamentemente cautivador, traicionar esos planes”, Hermann Hesse.

“Un libro es una cosa entre cosas: puedes ponerlo sobre una mesa y simplemente mirarlo y olvidarte de él, pero si lo abres y lo lees, se convierte en un mundo, en un universo”, Leonardo Sciascia.

“La primera frase de un libro es como la primera mirada entre dos personas que no se conocen”, Luis Sanz Leví.

“Un niño, un maestro, un libro y una pluma pueden cambiar el mundo”, Malala Yousafzai.

“Los mejores libros son precisamente aquellos que nos dicen lo que ya sabemos”, George Orwell.

“Por mi parte, si un libro está bien escrito, siempre lo encuentro demasiado corto”, Jane Austen.

“Dicen que lo importante es vivir, pero yo prefiero leer”, Christian Sanz.

“Escribir ficción es preocuparse por los demás. Si realmente me importas, si quiero tener una relación contigo, te cuento historias”, Jonathan Safran Foer.

“Todos sabemos que las circunstancias en las que leemos son probablemente tan importantes como el libro mismo”, Nick Hornby.

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«Ubi libri, ibi libertas», «Donde hay libros, hay libertad»

«Ad calendas graecas» (Hasta las calendas griegas, es decir, nunca)

Esta frase, que originalmente se refería a una fecha inexistente en el calendario griego, se usa para describir la imposibilidad de leer todos los libros que uno quisiera.

«Βιβλία, πύλες στον κόσμο», (Vivlia, pýles ston kósmo), «Libros, puertas al mundo».

«Ο αναγνώστης ζει χίλιες ζωές πριν πεθάνει», (O anagnóstis zi chiliés zoés prin petháni), «El lector vive mil vidas antes de morir».

«Το διάβασμα είναι η τροφή του νου», (To diávasma íne i trofí tou nou), «La lectura es el alimento de la mente».

«Κάθε βιβλίο είναι ένα ταξίδι», (Káthe vivlío íne éna taxídi), «Cada libro es un viaje».

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Seamos compulsivos leedores, y no rucios y bárbaros de garrote y mazas.

Summa logicae 7

“Los libros matemáticos son los amigos más tranquilos y constantes, y los maestros más pacientes», Eva Miranda, en «On symplectic linearization of singular Lagrangian foliations».

«A veces pienso que el paraíso es leer continuamente, álgebra, análisis, novela, poesía, todo sin parar», Emilio Bujalance García, en E. Bujalance, J.A. Bujalance, A. F. Costa , E. Martínez, «Elementos de Matemática Discreta», Editorial Sanz y Torres (2005)

«Los matemáticos, las personas, no son mejores que los libros que leen», María Josefa Wonenburger Planells, citado en Souto Salorio, a.d. Tarrío Tobar. 2006. María Josefa Wonenburger Planells, «Mujer y matemática», La Gaceta de la RSME 9: 339–364.

«Hasta el día en que me amenazaron con prohibirme leer, no sabía que amaba la lectura: ¿acaso amas tu propio aliento? ¿tu propia identidad?», Javier de Lorenzo, «El Racionalismo y los problemas del método», Ed. Cincel, pág. 213.

«Un libro bien elegido te salva de todo, de pensar irracionalmente, incluso te salva de tus propios fantasmas», Antonio Valle Sánchez, en «LA UMA rinde homenaje al catedrático de análisis matemático Antonio Valle Sánchez».

«Perdí mi don de invención lógico-matemática, pero sabía leer. El hallazgo más importante de una vida. Sabía leer. Poseía el antídoto contra el terrible veneno de la melancolía y la decadencia», Sebastián Izquierdo, citado en: José Luis Fuertes Herreros, «La lógica como fundamentación del arte general del saber en Sebastián Izquierdo. Estudio del «Pharus scientiarum» (1659)», Salamanca: Universidad de Salamanca, Instituto de Estudios Albacetenses, 1981, pág. 451.

“Puedes leer, leer, leer, estudiar y leer, que es lo más hermoso que puedes hacer en tu juventud: y, paulatinamente, te sentirás enriquecido, incrementado, sentirás esa experiencia inolvidable que es la ciencia formándose dentro de ti”, Andrés Piquer Arrufat, «Institutiones medicae ad usum Scholae Valentinae».

«Cuando estudiamos, no buscamos necesariamente nuevas ideas, sino, a menudo, pensamientos ya pensados, implícitos en nosotros, que adquieren confirmación en cada página. Nos impactan las ideas de otros que resuenan en un espacio subjetivo propio, y, al hacerlo resonar, nos permiten captar nuevas perspectivas dentro de nuestro intransferible espacio mental», Ignacio Jané, «El universo de la teoría de conjuntos», pág.37.

«¿Pesan los libros de matemáticas? Muy poco. Quien se alimenta de ellos y los llevan en sus mentes, vive entre las nubes», Ramón Jansana, «Priestley style duality for distributive meet-semilattices», pág. 55.

«Para calcular, no hay que cerrar los ojos, hay que leer», Juan Martínez Guijarro, «Calculatoris Suiset Anglici sublime et prope divinum opus in lucem recenter emissum, a multis quibus antes hac conspesum fuerat medii expitum et novis compendiosisque titulis illustratum novo tandem ordine quo lucidius foret digestum atque distinctum, cura atque diligentia philosophi Silicei,» Salamanticae, Porras, 1520, pág, 79.

«Escribí y reescribí el artículo muchas veces, y a veces cerraba los ojos y llenaba mis pulmones con sus moléculas. Simplemente idear ese complejo artículo, pasar los dedos por las copias provisionales, era ya felicidad para mí», Leon Henkin, epílogo al artículo: Henkin, L. (1963): «An Extension of the Craig-Lyndon Interpolation theorem», The Journal of Symbolic Logic, 201-216.

Summa logicae 6

De adultos muchos se inclinan por libros de testimonio o desfile cinematográfico, o por mamotretos de gran trabajo intelectual, que, más que expresar la belleza de una imagen, tienen la grosera tentación de teorizar (una teoría es como un objeto en el que se le deja la marca del precio)

Yo todavía amo las preciosas impresiones y ediciones de los volúmenes de mi infancia (Verne, Enid Blyton, Salgari, Stevenson, Dumas …) Aventuras y personajes de linterna mágica, donde se mezcla el recuerdo de la lectura con tiernas remembranzas de la infancia y de mi familia. Aquellos libros con el encanto de la Luna y la noche, suspendidos en columnas interminables de agujas trémulas e imantadas. El nombre leído en las tapas blancas con franja rosa de Bruguera, trababa el viento de sílabas rápidas, queribles, y soles brillantes. Epifanías recurrentes.

Libros de mi infancia, ay, como iluminaciones representando iglesias, igual a góndolas amarradas al pie de esmaltados y centelleantes zafiros, como adornos de éxtasis de colores, de lápices de colores y goma Millán, todo sin capacidad de olvido.

No solo no quiero salir de aquella biblioteca, sino que tampoco quiero que nadie me saque de ella.

Summa logicae 5

“La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos”, Marco Aurelio, «Meditaciones».

Por ello, quiero deshechar pensamientos negros, obsesivos y ansiosos, evitar las fastidiosas solicitaciones del auto-diálogo despreciativo, el tartamudeo hosco, trémulo y agresivo de mis palabras, y mirarme al fondo con una insistente luz fresca y rosácea. Deseo que las palabras que salen de mi boca me infundan ese placer como cuando oigo las campanitas al vuelo en alguna iglesia de la Ribeira Sacra, esa sensación completa de paz y sombra en el paseo cubierto del verano. Que mi espíritu no titubee, ni me traicione, ni me sabotee, y halle templadas verdades dichosas.

Quiero las ideas de mi cerebro con sabor a níspero, como luminosas crestas de mar, atravesando campos susurrantes de doradas mieses. Cerebro cuyo buen tiempo coloree julio, el verdiazul rodeando al jardín. Ideas que bajan calurosas a mis labios.

Poseo rentas y huertas heredadas. Mi linaje es gentil. Me favoreció la arcediana lotería de la vida. Murmuran tres caños en la antigua fuente de la aldea. Mi mente debe erguirse como una hermosa mole enrejada. La vida es una garza real. Despreciarla, querido Christian, se convierte en una especie de irreligiosidad.

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Buenos días. “Interrogo i libri e mi rispondono. E parlano e cantano per me. Alcuni mi portano il riso sulle labbra o la consolazione nel cuore. Altri mi insegnano a conoscere me stesso”, Francesco Petrarca, «Interrogo a los libros y ellos me responden. Y me hablan y me susurran. Algunos me hacen reír o me consuelan el corazón. Otros me enseñan a conocerme a mí mismo».

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«No hay amistades más rápidas que las que se establecen entre personas que aman los mismos libros», Vera Pawlowsky-Glahn.

Summa logicae 4

Prefiero quedarme en casa leyendo el «Rerum Gestarum Libri XXXI», de Amiano Marcelino, que dedicar un segundo de mi tiempo a pensar sobre Mr. Trump o ir a votar. Prefiero que revoloteen ahora en mi mente los argumentos de «Introduction to Metamathematics», de Stephen Cole Kleene, en lugar de seguir los chanchullos zafios del «equipo de espías» de Koldo García. Prefiero demorarme minuciosamente en la lectura de «A contrapelo», biblia de la sensibilidad estética decadentista, a imbuirme de la mediocridad insalvable y embarazosa del mundo contemporáneo. Prefiero una calle de Orense en un día lluvioso, al Parlamento español zonzo y devaluado, orangutanesco. Prefiero un crepé u organza de seda, a escuchar tertulias de periodistas ignaros, zánganos y paquidermos.

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Bajo del taxi en la calle Cardenal Quevedo. Las calles se alinean como una pauta, y en el suelo, brillante y encenegado de mármoles, apisonadas desde hace siglos, pavimento de losas color carmesí. Se aglomeran verdores de bosque, lagunas artificiales, canales que brillan cual acero, tejados cuyo barniz reluce al sol. Baluartes de montículos de porcelana de aspecto heroico, lírico…Me rodeo de perfume fougère: notas frescas y verdes con toques de lavanda, musgo de roble y cumarina. Cerca hay una floristería y me colmo de rosas y lilas. Voy andando muy despacio, aunque con paso firme; miro a una hermosa adolescente, que traza un despacioso pasear que se esfuma en la quevedesca penumbra semi-soleada.

Llego a la tertulia. Con Lamas y el Dr. Gracia nos elevaremos a cimas de nivel verdaderamente humano. La gente (o gentuza) prefiere volver u hozar en el polvo y la ceniza, como fénix incapaces de renacer, viviendo en ese fango donde se arrastran las víboras. Se dejan caer. En nuestras armas, en cambio, figura la divisa: «Inculcabis super leonem», «Pisotearás al león». Los ribetes locos, superficiales e inoperantes de las conversaciones comunes no nos interesan. Hoy hablaremos, con palabras doradas, aladas, de botánica y «chinoiseries» y Heráclito.

Summa logicae 3

“The best way out is always through», Robert Frost, «La mejor salida siempre es seguir adelante”. Incluso pese a quienes, como yo, y debido a la enfermedad, merecemos notable compasión pues casi no sentimos nada en absoluto. Así es, solemos tener el afecto aplanado, nuestra voz y gestualidad son inexpresivas, monótonas, respondemos de forma breve y acortada a las preguntas, y la apatía, la desmotivación, la abulia, la desidia, la melancolía, nos asolan, en definitiva, se ve afectada la forma regulativa y expresiva de nuestras emociones (popularmente se nos percibe como «corazones de piedra»)

A mí me cuesta forjar relaciones estrechas y sólidas. Me incomoda la ternura y el halago o el aprecio ajeno ¿Qué ocurre con las personas que no encuentran plenitud en sus vidas, o aquellas que perdieron la esperanza, el ímpetu, que viven en la decepción o la amargura, y no encuentran ni alegría ni amor? Éstas, en mi opinión, son las verdaderas discapacidades, más que las espectacurales y floridas alucinaciones y delirios.

Pero maticemos. Con los años, me di cuenta de que la mayor trampa en nuestra vida no es el éxito, la popularidad ni el poder, esos señuelos con que la gente se mide, sino el autorrechazo. El éxito, la popularidad y el poder pueden ser una gran tentación, pero su seducción, su atractivo, a menudo proviene de cómo forman parte de una tentación mucho mayor: el autorrechazo. Cuando creemos en los dicterios que nos tachan de indignos, tarados, locos, o bien indignos de ser amados, entonces, el éxito, la popularidad y el poder se perciben fácilmente como soluciones provisionales. Sin embargo, la verdadera trampa, insisto, es el autorrechazo, la autopunición. En cuanto alguien me acusa o me critica, en cuanto me rechazan, me dejan solo o me abandonan, pienso: «Bueno, eso demuestra una vez más que no soy nadie». … Y mi lado oscuro afirma: «No sirvo para nada… MEREZCO ser apartado, olvidado, rechazado y abandonado». El autorrechazo es el mayor enemigo de la vida espiritual porque contradice la palabra sagrada del Amor. Ser amado, querer y que te quieran, constituye la verdad fundamental de nuestra existencia.

Summa logicae 2

Buenos días. Feliz. Ayer se publicó «Diario del zalapastrán», penúltimo volumen de mi pentalogía. Mi hermana, que es mi albacea literaria, tiene ya la primera versión del último, «Diario de Aquitania», con instrucciones de en qué personas tengo depositadas toda mi confianza para acabarlo de corregir si muero antes.

Uno mismo da respuesta a su sentido de la vida. La vela que enciende mis momentos más oscuros son mis libros. Admito que su falta de éxito debiera haberme desalentado, pero importa más la irreprimible necesidad o urgencia de escribir. La raza humana es monótona. La mayoría de la gente pasa la mayor parte de su tiempo trabajando para vivir, y la poca libertad que les queda los llena de miedo, tanto que buscan cualquier forma de deshacerse de ella. Mi libertad la uso para la expresión literaria; esa energía irradia mi existencia. El trabajo del escritor no es sucumbir a la desesperación, sino encontrar un antídoto para el vacío de la existencia.

Michio Kaku, físico teórico: «Además del trabajo y el amor, añadiría dos ingredientes más que dan sentido a la vida. Primero, desarrollar los talentos con los que nacemos. Por muy bendecidos que estemos por el destino con diferentes habilidades y fortalezas, debemos intentar desarrollarlas al máximo, en lugar de permitir que se atrofien y decaigan. Todos conocemos a personas que no cumplieron con lo que prometían en la infancia. Muchas se obsesionaron con la imagen de lo que podrían haber llegado a ser. En lugar de culpar al destino, creo que deberíamos aceptarnos como somos e intentar cumplir todos los sueños que estén a nuestro alcance.

Segundo, debemos intentar dejar un mundo mejor que cuando lo conocimos. Como individuos, podemos marcar la diferencia, ya sea explorando los secretos de la naturaleza, limpiando el medio ambiente y trabajando por la paz y la justicia social, o nutriendo el espíritu inquisitivo y vibrante de los jóvenes siendo mentores y guías».

Summa logicae 1

En el fondo, si bien se piensa, no importa cuánto tiempo pases en la tierra (mejor «qualitas» que «quantitas»), cuánto dinero hayas acumulado o atesorado, ni cuánta atención hayas recibido. Lo que importa es irradiar el brillante milagro de vivir lúcido, con los ojos abiertos.

No existe un único significado cósmico, una regla universal para todos; al haber una pluralidad de fines, solo existe el sentido que cada uno le da a su vida, un sentido individual, un engranaje individual, como una novela individual, como un poema o libro para cada uno.

En mi caso, el sentido lo hallé LEYENDO Y ESCRIBIENDO.

Leer fomentó mi imaginación, agudizó mi empatía, incrementó mi capacidad de análisis y argumentación, solidificó mi memoria y concentración, me permitió procesar la información (o meramente informarme) con más eficacia, desarrolló mi personalidad.

Escribir me facilitó comunicarme y desarrollar mis ideas o expresar mis sentimientos, favoreció mi autoexploración e introspección, y fue una necesidad grabada a fuego dentro de mí. No me concibo a mí mismo sin la funesta manía de escribir.

***

Todos mis libros se cobijan bajo la égida de mamá.

Para ella la dedicatoria que agrupa toda la pentalogía:

                            En memoria de
María Ángeles Gómez Carballo
(9-1-1943 / 26-6-2024)
sin quien yo no hubiera amado nada
no hubiera querido nada
no hubiera entendido nada,
sin quien yo no hubiese sido nada,
y mucho menos un escritor.
"Verus amor, nullum novit haber modum"

Je ne regrette rien 50

Collares de vidrio, cristal o plástico. Set de loncheras. Tela de forro de rayón. Bacaladillas o sardinas escabechadas. Objetos con propiedades estéticas de escaso valor. El lenguaje, también, al usarse o escribirse, puede deslumbrar como un traje Westmancott o afligir como una camiseta de algodón de Zara.

Mi principal defecto como escritor es la falta de espontaneidad; me invade la molestia de los pensamientos paralelos, de lo segundos pensamientos o incisos, de los terceros pensamientos o incisos a los incisos; y la incapacidad de expresarme apropiadamente en español a menos que componga cada maldita frase en mi mente, en mi despacho, mientras paseo, mientras me asola una sierva quietud meditativa.

Pienso a ráfagas, en deshilachados relámpagos lógicos, en imágenes coloreadas. No creo que la gente piense solo en ramilletes de palabras neutras. Pienso en imágenes como intuiciones sensibles, veo el oleaje rumoroso de espumas y brillos de las ondas cruzando mi cerebro. Casi, casi, eso es casi todo.

El lenguaje se conforma como varias lentes que permiten reflexión y refracción, y logra descomponerse feliz en colores primarios; un instrumento óptico susceptible de hechizo, encanto, magia o razzias de embrujamiento (el insondable misterio de la belleza) Honrémoslo.

Necesito un poco de lenguaje como el que usan los amantes, los cantantes, los solitarios, sílabas balbucidas como las que dicen los niños cuando entran en la habitación y encuentran a mamá cosiendo y recogen un retal de lana brillante, o se encuentran a su hermana cocinando y prueban palabras-hortaliza, palabras-mandarina, palabras-roast beef. Al escribir necesito un aullido; un grito; una llamada; la palabra viva, incandescente. Cuando la tormenta cruza el bosque y me azota y yo yazgo en lo oscuro sin que nadie me preste atención, entonces no necesito palabras. Cuando cesa la locura, y se apagan las voces turbias, necesito entonces las resonancias, los suaves ecos de hermosura y oro que tintinean, que enervan la red de nervios para sanar, y angustian el pecho para medicar. Necesito música salvaje, frases sioux, sentirme vivo cazando búfalos en las praderas. Indios bonachones. El lenguaje no es un vulgarzote país periodístico. Un lenguaje debe serpentear por el pavimento, por las láminas del aire, y, de repente, encresparse, alzarse, atropellarse, colorearse. El lenguaje es un contrapunto al olvido.

Pero, por mucho que rebusque o me esfuerce, letras y frases me fallan. No logro que mi impresión tenga un exacto y perfecto trasunto en la expresión. Mi estilo es pegajosamente torpe, un remoto sueño.

Las palabras no son inofensivas. Hay entre ellas enlaces necesarios, conexiones suficientes y transiciones permitidas o prohibidas. Un tapizado rosa creando hilos que dibujan o abrogan. Las vocales cortan o unen con precisión tortuosa; cada párrafo es un continente, un universo, un bloque que solo admite determinadas leyes de movimiento y no permite otras. El significado, diverso, se trocea y se diversifica. El significado, además, alude a los engranajes de nuestra civilización.

Disculpen. En esta nota, en su fluir extrañamente ciego, alelado, deliré con valentía, discurrí con perplejidad (la pasión provocó confusión) Solo quería consignar que deshonra su oficio de escritor, aquel que trata el idioma igual a una baratija populachera, sin seriedad. Solo somos un río diamantino, plateado, de memoria y palabras.