Je ne regrette rien 48

Me encanta ese género, en el que reincido, de desear unas felices vacaciones. Al que leyere, le recuerdo: «Habeas bonum iter», «Que tenga buen viaje», sin olvidarse que, pese a las apariencias, a los contraejemplos, «Mundus universus exiguus est», «El mundo entero es pequeño».

Gocen de cuerpo y alma. Hagan mucho el amor y lean buenos libros. El cuerpo es una umbría de seda roja (Lorca), el sexo -de hembra- un surco prolífico y armonioso (Vallejo) Los libros son fármacos, espejos, puentes, otro tipo de viajes, maestros, tesoros, ríos y jardines. «Sine libris, cella, sine anima, corpus est.», «Sin libros, la celda; sin alma, el cuerpo».

Gocen del arte culinario (bacalao con costra de mahonesa de pera, pularda trufada), de San Pietro in Montorio, paseen por la rúa Alexandre Herculano (Lisboa), marchen bajo las estrellas, mediten bajo la sombrilla o la higuera.

Yo leeré y reescribiré en mi mente y corazón el libro que quisiera escribir (por cierto, la mejor manera de leer) Miraré películas y acaso me escape a Madrid, para, entre otras cosas, consultar páginas miniadas de manuscritos árabes del siglo XIV.

Además visitaré mucho Orense.

ORENSE

Orense al sol, Venecia en llena luna,
cenit verde sus termas y laguna,
como la crisohoja paladiana,
con la apretada calle aureana.
Orense archiva sol cada mañana,
Civitas Solis vocabitur Una ,
fábrica alminada soberana,
en su apretado estallar, campanas.


Felices vacaciones.

***

Buenos días. «Todo lector, al leer, se lee a sí mismo. La obra del escritor es simplemente un instrumento óptico que se ofrece al lector para que pueda discernir lo que, sin el libro, quizá no habría visto en sí mismo», Proust.

***

Collares de vidrio, cristal o plástico. Set de loncheras. Tela de forro de rayón. Bacaladillas o sardinas escabechadas. Objetos con propiedades estéticas de escaso valor. El lenguaje, también, al usarse o escribirse, puede deslumbrar como un traje Westmancott o afligir como una camiseta de algodón de Zara.

Mi principal defecto como escritor es la falta de espontaneidad; me invade la molestia de los pensamientos paralelos, de lo segundos pensamientos o incisos, de los terceros pensamientos o incisos a los incisos; y la incapacidad de expresarme apropiadamente en español a menos que componga cada maldita frase en mi mente, en mi despacho, mientras paseo, mientras me asola una sierva quietud meditativa.

Pienso a ráfagas, en deshilachados relámpagos lógicos, en imágenes coloreadas. No creo que la gente piense solo en ramilletes de palabras neutras. Pienso en imágenes como intuiciones sensibles, veo el oleaje rumoroso de espumas y brillos de las ondas cruzando mi cerebro. Casi, casi, eso es casi todo.

El lenguaje se conforma como varias lentes que permiten reflexión y refracción, y logra descomponerse feliz en colores primarios; un instrumento óptico susceptible de hechizo, encanto, magia o razzias de embrujamiento (el insondable misterio de la belleza) Honrémoslo.

Necesito un poco de lenguaje como el que usan los amantes, los cantantes, los solitarios, sílabas balbucidas como las que dicen los niños cuando entran en la habitación y encuentran a mamá cosiendo y recogen un retal de lana brillante, o se encuentran a su hermana cocinando y prueban palabras-hortaliza, palabras-mandarina, palabras-roast beef. Al escribir necesito un aullido; un grito; una llamada; la palabra viva, incandescente. Cuando la tormenta cruza el bosque y me azota y yo yazgo en lo oscuro sin que nadie me preste atención, entonces no necesito palabras. Cuando cesa la locura, y se apagan las voces turbias, necesito entonces las resonancias, los suaves ecos de hermosura y oro que tintinean, que enervan la red de nervios para sanar, y angustian el pecho para medicar. Necesito música salvaje, frases sioux, sentirme vivo cazando búfalos en las praderas. Indios bonachones. El lenguaje no es un vulgarzote país periodístico. Un lenguaje debe serpentear por el pavimento, por las láminas del aire, y, de repente, encresparse, alzarse, atropellarse, colorearse. El lenguaje es un contrapunto al olvido.

Pero, por mucho que rebusque o me esfuerce, letras y frases me fallan. No logro que mi impresión tenga un exacto y perfecto trasunto en la expresión. Mi estilo es pegajosamente torpe, un remoto sueño.

Las palabras no son inofensivas. Hay entre ellas enlaces necesarios, conexiones suficientes y transiciones permitidas o prohibidas. Un tapizado rosa creando hilos que dibujan o abrogan. Las vocales cortan o unen con precisión tortuosa; cada párrafo es un continente, un universo, un bloque que solo admite determinadas leyes de movimiento y no permite otras. El significado, diverso, se trocea y se diversifica. El significado, además, alude a los engranajes de nuestra civilización.

Disculpen. En esta nota, en su fluir extrañamente ciego, alelado, deliré con valentía, discurrí con perplejidad (la pasión provocó confusión) Solo quería consignar que deshonra su oficio de escritor, aquel que trata el idioma igual a una baratija populachera, sin seriedad. Solo somos un río diamantino, plateado, de memoria y palabras.

Je ne regrette rien 47

¿Por qué escribo? Necesito escribir como el bebé mama. No es una actividad coyuntural y secundaria, es un lujo necesario, inevitable, en primerísimo plano.

Un lujo. Al escribir, más allá del pobre resultado, siento la materia sólida de los palacios, la hierba húmeda secándose, casi es como la costumbre de levantarse e ir a la orilla del mar, de dar unos pasos sobre el césped estriado de luces. Escribo canturreando con avidez obras de Rostand. Soy un marqués, oigo una especie de suite para flauta, soy rey, barón, árbitro general de la distinción al que el mundo recurre por su probidad, capacidad y dulzura de maneras (insisto, resultados aparte)

Al escribir me siento dentro de mi infancia de niño rico, fuera de mi actual grosera locura y disipación. La escritura es como un objeto tubular y transparante, parecido a una ascidia. La escritura es una tierra «azul», una turbera. Un albergue rosa-caramelo y verde-pisang.

Me gusta la idea o propuesta conservadora de restaurar la cultura salvando las antiguas separaciones de clase, lejos de la contemporánea, nociva cultura democrática, sin clases ni jerarquía. Hoy el lenguaje está en manos de los Dueños y Señores del Kitsch. Escribo también para alcanzar ese lujo cultural. Para degustar ese marmoleado distintivo de la carne de wagyu. Escribo, en definitiva, para calzar, para poner una cuña contra nuestra embarazosa mediocridad.

Je ne regrette rien 46

Igualo la decadencia de mi mente con el ocaso del mundo. Soy viejo. Hay entre nosotros quienes aseguran optimistas que la Sombra se retirará y la paz, el reino del Sol y la Cultura, volverán. Sin embargo, no creo que el mundo que nos rodea vuelva a ser como antes, ni que la luz del Sol vuelva a ser como antes.

El televisor pregona, publicita sus productos en habitaciones gigantescas, propaga su radiación de basura. Las redes captan nuestra atención evitándonos el goce de la belleza directa y el placer sensual ¿Nuestro pequeño y provinciano planeta? «Where oranges have been laid to rust upon the green…”, Joyce, «Donde las naranjas se dejaron oxidar sobre el verde…».

La Oscuridad, la Decadencia y la Muerte Roja ejercen un dominio ilimitado sobre todo (guerras, pobreza, infelicidad, soledad, enfermedad…) Casas vacías y calles desoladas y oscuras y sucias, los lobos alimentándose de lobos, iglesias sin techo y adolescentes llenando los manicomios ¿Brillo en los ojos? No hay más brillo que el de los ojos hundidos.

Mi corazoncito dentro de un viejo agujero de pájaro carpintero. Muchos veranos muere el cisne. Me marchito en los salones de las mañanas cariadas de mi biblioteca. Nadie grita: «¡Sí, qué gozo da vivir!».

Todo espacio bendito es a la vez hijo y nieto de la disolución;

lo acumulado se desvanece (Rilke) La sociedad alcanzó cotas tan extremas de absurdo y capas tan profundas de depravación, que ya no puedo distinguir con precisión entre la verdad y la sátira, entre la salud y la locura.

La sociedad en la que vivo, utilitarista y vulgar, no aprecia aquello que me deslumbra. Recluido en mi casona gallega de Fontenay, sustituyo verduras por artificios (joyas, cuadros, perfumes, flores, libros) Escribo. «La obra que no es rechazada por los imbéciles, y que se contenta con suscitar el auténtico entusiasmo de unos pocos, el autor de su obra, por eso mismo, junto a los ojos de los iniciados, no puede menos que despreciar esa mayoría de libros contaminados, banales, casi repulsivos». Yo, tras mis libros, y como Huysmans, «il ne reste plus à l’auteur qu’à choisir entre la bouche d’un pistolet ou les pieds de la croix». En fin, que hago hondamente mías las palabras de Des Essientes:

«(…) cuando un hombre de talento se ve obligado a vivir en una época prosaica y estúpida, el artista, incluso sin darse cuenta de ello, se siente atraído y obsesionado por la nostalgia de otras épocas. (…) Evoca recuerdos de seres y de cosas que no ha conocido personalmente, y llega un momento en el que se evade violentamente de la cárcel de su siglo y vaga, con toda libertad, por otra época con la cual, como última ilusión, le parece que hubiera encontrado una mayor armonía».

Adiós y buena suerte.

Je ne regrette rien 45

“Fundar bibliotecas es como construir más graneros públicos, como acumular reservas para luchar contra un invierno espiritual , invierno que, a mi pesar, muchas señales me indican que está cada vez más próximo”, Marguerite Yourcenar.

Aceptar la civilización actual significa prácticamente aceptar la decadencia. Se grangena el lenguaje, lo compuesto se descompone, los capullos solo se abren para pudrirse, el arte no es veraz, la incultura inmensa, los piojos consumen la hierba, el óxido consume el pan, la hipocresía el alma. La hiedra trepa por salones y bibliotecas.

Hay un viejo adagio, traducido del copto antiguo, que contiene toda la sabiduría de los siglos: «La vida es vida y la diversión es diversión, pero todo es tan tranquilo cuando mueren los peces de colores». Susurran juncos en la quietud del páramo. Planean pájaros silvestres. El espíritu de la putrefacción revolotea con alas negras.

Abedules marchitos en el viento otoñal. Aparición de la noche; sapos se zambullen en aguas turbias. Recordemos siempre a Shakespeare, Ricardo II: “Woe, destruction, ruin, and decay; the worst is death and death will have his day».

Miro la realidad: una fealdad cetrina, desfigurada y desgastada, que no es capaz de avivar la concupiscencia, sino que todo lo transforma en una impotencia; un inelegante, desequilibrado vacío. La vida falsa y peligrosa, la vida del engaño y el agotamiento nato, el cero, el vacío, la pared, la nada.

No tengo muchos motivos para amar este rincón de la tierra, esta España de estúpidos, corruptos y analfabetos. La aborrezco. «Constato, más cada día, que el mundo de ayer, el mundo de aún hace poco, se hunde. No sé si en lo futuro -tras esta Edad Media- vendrá un tiempo más rico y de fulgor; supongo, pero ahorita todo es más feo, más agraz, más áspero, más sórdido. Un tiempo de vulgaridad e ignorancia. No lo entiendo, no me gusta. Nuestros templos caen y nuestras letras con ellos. La grisalla es atroz. La oclocracia, detestable. Hace ya años que vivo refugiado, huyendo. Pronto no habrá nada o casi nada». Villena, fragmento del Postfacio a su poemario «Lujurias y apocalipsis», Visor.

Nos salva la poesía en mitad de tanta inmundancia:

«… mas perdidos
en el bellísimo paisaje de tus libros,
elige la más noble
edición que poseas de ‘Treasure Island’.
Y mientras populacho y soldadesca
con fin de igual vileza se acuchillan,
tú lee sereno, escucha a Rubinstein
interpretando a Chopin. Acaricia
la frente de tu perro.
Y en la alta noche
encamina tus pasos hacia el sueño»

José María Álvarez, «Wuthering Heights».

***

Buenos días. “Se vogliamo conoscere il senso dell’esistenza, dobbiamo aprire un libro: là in fondo, nell’angolo più oscuro del capitolo, c’è una frase scritta apposta per noi”, Pietro Citati, «“Si deseamos conocer el sentido de la existencia, tenemos que abrir un libro: allí, al fondo, en el rincón más oscuro del capítulo, existe una frase escrita especialmente para nosotros”.

Je ne regrette rien 44

LIBRO DE LA AGONÍA

Dolor es historia, muchacho severo.
A medias alumbra el flexo escombros
de “Shadows of the Mind” y “Letters
to a young Mathematician”. Los sultanes
se refrescan en la habitación. A sosa
sabe el aire. Riegan hoscos arcángeles
el bulbo de las letras. Muerto estás
en la noche. No fui un adolescente
que jugaba al bacará ni gustaba del
pastel de cerezas. Me confinaron al margen.
Crucé solitarios campos de minas.
Iridiscentes áspides. Reparte la radio
canciones de amor. Aristócratas de cabellos
afiebrados y alisados son amados
por mujeres risueñas con labiazos rubios.
¿Con quién puedo yo bailar cursis
canciones de amor color Luna blanca?
***
Grillos y arlequines tiritan en el campo.
Ni Penrose, ni Cervantes, ni Dante,
en ninguna biblioteca de un país lejano,
ni aunque buscases a Tiresias y Zoroastro,
encontrarás escrito el libro de tus símbolos:
los minutos, bares y siglos de esta fatal agonía.

Je ne regrette rien 43

Hace un tiempo frío de julio, pero a pesar del frío de la atardecida, vago por mi mente hueca durante casi tres horas. Acuerdo romper todo vínculo con los hombres; esos espantapájaros deformes y simiescos.

En esta vida, mi pena fue pena larga y voluminosa; como tarado genético la naturaleza, lo admito sin estoicismo, me aplastó bajo su peso. Permítanme una confesión: no puedo más. No supero los hábitos infernales, los tormentos infernales, la terrible ansiedad, las voces, los delirios, quiero prenderle fuego a lo sagrado de la vida: deseo matarme.

Huele a seco en la aldea. Un olor nauseabundo, a sudor sólido de rata. No es como el olor de los viejos campesinos que se arrodillan en la parte de atrás de la capilla durante la misa de domingo. Ese es un olor de aire, lluvia, turba y pana. Son campesinos sanos. Es un un olor a huevo pasado, a olla mugrienta, a sangre hirviendo, a absceso y alcohol y manchas de pus.

El dolor ama amar al dolor. El enfermo puede llegar a amar sus productos químicos cerebrales, los que te dejan el ánimo como caca de elefante, embadurnado de mierda.

Siempre te encuentras contigo mismo. Esquizofrenia el nombre.

La maldición de ser yo, de no ser cualquiera muerto en lugar de ser yo vivo.

Je ne regrette rien 42

DOCERI VELLE SUMMA EST ERUDITIO

Partió para siempre al principio del día
con tan solo un libro que sostenía apretado
en la mano izquierda: “Veiamen que dio
el doctor Pedro de Covarruvias y Guevara,
Medico en la Vniversidad de Sevilla:
a el grado del Padre M. fray Estevan de los Rios,
del Orden de nuestra Señora de las Mercedes,
en veynte y cinco de Febrero de 1628”.
Libro, claro, de Pedro de Covarrubias y Guevara,
impreso en Antequera por Manuel Botello de Paiva.
Y le reproché cada minucia, alabé cada cedazo,
cada inflorescencia de sabiduría, cada selva,
cada tiro de gracia y cada humor flemático.
Cuando el sol se levantaba, salí silbando
para llamar a los pájaros mientras caminaba
hacia el soto. Apreté mi mejilla contra la pared
del despacho donde leo, estudio y trabajo,
abrí mis sinapsis al murmullo de los viejos siglos,
pude saborear cada ábside y vientre de la catedral.
“Se acabó doctorcito”, le susurré,
“ahora usted es mío”.

Je ne regrette rien 41

Él escribe sobre lo que sabe. Eso le deja mucho tiempo libre.

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«¡Qué cosa tan asombrosa es un libro! Es un objeto plano hecho de madera con partes flexibles sobre las que se imprimen un montón de divertidos garabatos oscuros. Pero con solo mirarlo, te encuentras en la mente de otra persona, quizá de alguien que murió hace miles de años. A través de los milenios, un autor habla clara y silenciosamente dentro de tu cabeza, directamente a ti. La escritura es quizás la mayor invención humana, uniendo a personas que nunca se conocieron, ciudadanos de épocas lejanas. Los libros rompen las ataduras del tiempo. Un libro es la prueba de que los humanos son capaces de hacer magia», Carl Sagan, «Cosmos, Parte 11: La Persistencia de la Memoria» (1980)

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«Hay tres perspectivas desde las que se puede considerar a un escritor: como narrador, como maestro y como hechicero. Un gran escritor combina estas tres -narrador, maestro, hechicero-, pero es el hechicero en él lo que predomina y lo convierte en un gran escritor… Las tres facetas del gran escritor -magia, historia, lección- tienden a fundirse en una impresión de resplandor unificado y único, ya que la magia del arte puede estar presente en la esencia misma de la historia, en la médula misma del pensamiento… Entonces, con un placer a la vez sensual e intelectual, observaremos al artista construir su castillo de naipes y cómo este se convierte en un hermoso castillo de acero y cristal», Nabokov.

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“No writer in a free country should be expected to bother about the exact demarcation between the sensuous and the sensual; this is preposterous; I can only admire but cannot emulate the accuracy of judgment of those who pose the fair young mammals photographed in magazines where the general neckline is just low enough to provoke a past master’s chuckle and just high enough not to make a postmaster frown”, Nabokov.

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«Sumido en la soledad, soñaba o leía hasta altas horas de la noche. Con la contemplación prolongada de los mismos pensamientos, su mente se agudizaba, sus ideas vagas y sin desarrollar cobraban forma […] Su desprecio por la humanidad se intensificó, y finalmente comprendió que el mundo está compuesto principalmente de necios y sinvergüenzas. Le quedó perfectamente claro que no podía albergar ninguna esperanza de encontrar en nadie las mismas aspiraciones y antipatías; ninguna esperanza de conectar con una mente que, como la suya, disfrutaba de una vida de estudiosa decrepitud; ninguna esperanza de asociar una inteligencia tan aguda y caprichosa como la suya con ningún autor o erudito […] Ya soñaba con una refinada soledad, un desierto confortable, un arca inmóvil donde refugiarse del diluvio incesante de la estupidez humana […] …observó que los librepensadores, los doctrinarios de la burguesía, gente que reivindicaba toda la libertad para poder reprimir las opiniones ajenas, eran puritanos codiciosos y desvergonzados a quienes, en educación, consideraba inferiores al zapatero de la esquina […] Vivía en su interior, nutrido de su propia sustancia, como una criatura aletargada que hiberna en cuevas. La soledad había actuado sobre su cerebro como un narcótico. Tras haberlo forzado y enervado, su mente había caído víctima de una lentitud que aniquiló sus planes, quebrantó su fuerza de voluntad e invocó un cortejo de vagas ensoñaciones a las que se sometió pasivamente. La confusa mezcla de meditaciones sobre arte y literatura en la que se había entregado desde su aislamiento, como un dique para detener la corriente de viejos recuerdos, había sido bruscamente barrida, y la ola impetuosa e irresistible se estrelló contra el presente y el futuro, sumergiéndolo todo bajo el manto del pasado, llenando su mente de una inmensidad de dolor, en cuya superficie flotaban, como restos fútiles, nimiedades absurdas y episodios monótonos de su vida […] …se alejó cada vez más de las realidades de la vida y, sobre todo, de la sociedad de su época, a la que miraba con un horror cada vez mayor; una desafección que había afectado fuertemente sus gustos literarios y artísticos; se negó, en la medida de lo posible, a tener cualquier relación con cuadros y libros cuyos temas estuvieran relacionados de algún modo con la vida moderna», Joris-Karl Huysmans, «A contrapelo»

Je ne regrette rien 40

Tuvieron que pasar tres siglos imagínalo ser bombardeado un bonito día de verano cuando la niebla se extiende lentamente por el cielo por voces de fuerzas invisibles y despojado que trabajos, Madrid, Cátedra, 2010, 4ª ed., p. 16, sigue el texto de la segunda de Zaragoza y anota las discrepancias con la primera.

Del entendimiento, el que sabe lo que es lo estima, y el que no lo sabe, su ignorancia le disculpa. Abondona la televisión convencional. Como sucedió en la primera parte de este sarao, que si unos le desestimaron, ciento le aplaudieron… y ha gozado de tres impresiones, dosdetres deberías ver otros. El psicótico se ahoga en las mismas aguas en las que el místico nada con tu cap A veces creo que la gent ad para comprender qué es real y qué no lo es…cada pensamiento estadisditaca ca en la manoes una batlzaldtrsi crees que este universo es malo, deberías ver otros el psicótico se ahoga en las mismas aguas en las que el místico nada con deleite. Sea i un conjunto no vacío de topos o indices. per la mente esquizofrénica no está tan dividida como destrozada.

Comenzó tenemos datos de que abusumos fuerza caaaaaapaz de imprimir a una masa con cuidado y gradualmente, y casi no me di cuenta. Fue Passmore, «Recent Philosophers», como unbonito día de verano cuando la niebla se extiende lentamente por el cielo. A veces creo que la gente da por sentada la realidad.

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Saber que estás loco no hace que las locuras dejen de suceder (piedras blancas, piedras negras, en los sentidos de la morería de sucias calles de París) ¿Soy un tonto sin mente? Mi vida es un fragmento, un sueño desconectado sin continuidad. Estoy harto del sinsentido. Estoy harto de la música que cantan mis sentimientos, la música de las pesadillas (piedras en los nervios, piedras en el fuego de Antioquía devastada) Lo único que tienes para medir la realidad es tu mente… entonces, ¿qué pasa cuando tu mente se convierte en una mentirosa patológica? (explosión de piedras dentro de inviernos de fakir) Sigo adelante, como siempre, sabiendo en el fondo que soy una buena persona y que merezco una buena vida (heredé pedradas y temí a los pájaros, y recibí de la locura un hogar donde ocultarme) Sabes… lo peor de tener una enfermedad mental es el terrible precio que hay que pagar para sobrevivir (enredadas e hipnóticas piedras en la tráquea, trituradas en la embriaguez malva de los manicomios) No puedo distinguir entre lo que forma parte de mí y lo que no (el poeta tiene un corazón de vinagre y piedra, sus palabras son fogonazos en la dársena pisada de glandes) Debería saber que mis pensamientos nunca están solos (en la pantalla yates de lujo con mujeres anoréxicas y moribundas tomando baños de sol)

Existe una especie de «melancolía» constitutiva del «self» humano, que llega tarde respecto a sí mismo, que siempre pierde las oportunidades de gozo, alegría, de «celebración». Kimura Bin escribe: “No es el ‘yo’ del ‘ya sido’; no está atado a un deber. En otras palabras, no es el ‘yo’ post festum del melancólico, del que solo se puede hablar en términos de un pasado y una deuda… En cambio, el punto esencial aquí es el problema de la propia posibilidad de ser uno mismo, el problema de la certeza de convertirse en uno mismo y, por lo tanto, el riesgo de posiblemente estar alienado de uno mismo”. El self es constitutivamente esquizofrénico: corre siempre el riesgo de perderse a sí mismo y de no estar presente en su propia (y plena) “celebración”. Ojalá a ustedes nunca se se les actualice esa potencia (piedras como ladridos o zumbidos de dogo en la perrera de los escombros)

Je ne regrette rien 39

«Je acuse» a escritores, poetas, periodistas, intelectuales, y demás fauna, de darle el biberoncito al bebé y limpiarle el culito en el momento oportuno.

A nadie nombro.

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Creo que si el objetivo es cambiar el mundo, el periodismo es la vía más inmediata a corto plazo. El mundo lo cambia la ausencia clamorosa de ideas.

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Las ideas son como conejos. Coges un par, aprendes a manejarlas, y muy pronto ya tienes una docena. Un periodista coge una docena de ideas, y, en una semana, con un poco de suerte le quedan dos.

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El periodismo y la teología tienen algo en común: ambas son ramas de la ciencia ficción.

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Todo comienza con una idea; excepto en una tertulia periodística.

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Las ideas cambian la vida. Los periodistas cambian de técnicas mafiosas.

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Las redes sociales fueron diseñadas para compartir lo que estás haciendo y quién eres, no para ser y convertirte en lo que estás haciendo.

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La gente es muy crédula. Creen en los «realities» y en los periodistas.

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¿Cuál es mi excusa para ser tan enormemente ignorante? Solo me informo gracias a los media.

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Mentir y sostener la mentira. La moderna forma de tiranía estructurada por los medios de comunicación.

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«En épocas de bancarrota intelectual, lo que se emite en vez de la moneda ilustrativa es el papel moneda del tópico», Karl Kraus.

«Es fácil morir por una patria en la que no se puede vivir», Karl Kraus.

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«Tengo un presentimiento sobre los Estados Unidos de la época de mis hijos o nietos; cuando Estados Unidos sea una economía de servicios e información; cuando casi todas las industrias se hayan trasladado a otros países; cuando los asombrosos poderes tecnológicos estén en manos de muy pocos, y nadie que represente el interés público pueda siquiera comprender los problemas; cuando la gente haya perdido la capacidad de establecer sus propia autonomía intelectual o cuestionar con conocimiento de causa a las autoridades; cuando, aferrándonos a nuestras bolas de cristal y consultando nerviosamente nuestros horóscopos, con nuestras facultades críticas en declive, seamos incapaces de distinguir entre lo que nos hace sentir bien y lo que es verdad, y nos deslicemos, casi sin darnos cuenta, de vuelta hacia la superstición y la oscuridad…

Y ese empobrecimiento de lo estadounidense se evidencia más claramente en la lenta decadencia del contenido de los medios de comunicación, medios enormemente influyentes, distribuyendo fragmentos de información de 30 segundos (ahora reducidos a 10 segundos o menos), y una programación con el mínimo común denominador, y el pueblo (o populacho) crédulo en las distintas pseudociencias, amante de las quimeras, un pueblo cuya esencia será una especie de celebración de la ignorancia», Carl Sagan, «El mundo y sus demonios», pág. 60, Crítica. Carl Sagan, científico, divulgador y profeta mosaico.

«Me gusta el espíritu científico: la espera, la seguridad sin llegar a la certeza, la disposición a renunciar a las ideas cuando la evidencia las contradice: esto, en última instancia, es positivo; siempre mantiene abierta la puerta al futuro; siempre da vida, vida al pensamiento, vida al afecto, al hombre entero, esa magna oportunidad de volver a intentarlo después de un error, después de una suposición errónea», Walt Whitman.

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Buenos días. “Saber que tienes algo bueno que leer antes de dormir es una de las sensaciones más placenteras de la vida”, Nabokov.