Diario de Aquitania 38

«-Digues -respòs ell-: abans que vinguesses en lo món, què eres tros de paper? -Ço que seré aprés la mort -diguí jo. -E què seràs? -No res», Bernat Metge.

«Los libros son abejas que transportan el polen de la sabiduría de una mente a otra», Isaac Luria.

«Invitar a los poetas es algo peligroso. Digo los poetas, no los juglares del rey», Ludwig Binswanger.

«Quizás, los libros tienen una especie de instinto secreto para acabar en el hogar de aquellos lectores que resultan ser perfectos para ellos. Sería maravilloso que así fuera», W. Werkmeister.

«La influència de les paraules és quelcom meravellós…», Caterina Albert.

«Las niñas que leíamos en el lavabo hemos leído en plena noche, de madrugada, o bajo la luz furtiva de nuestro camerino en un night club», Kathy Acker.

«Deje leer y deje bailar: estas dos diversiones nunca harán daño al mundo», Voltaire.

«Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas, y una voz cariñosa le susurró al oído: -¿Por qué lloras, si todo en ese libro es de mentira? Y él respondió: -Lo sé; pero lo que yo siento es de verdad», Ángel González.

«La lectura es un placer mortal que se contagia, como la rubéola», Abraham ben Samuel Abulafia.

«Leer y entender, es algo; leer y oír, es mucho; leer y pensar, es todo lo que se puede desear», Anónimo.

«Página y país tienen la misma etimología. Un mapa, un tratado de astronomía, algunas páginas web de filatelia, un cuaderno de viajes en un blog, dan a veces la idea de que el mundo es vasto y que cada uno podría encontrarle sitio», Michèle Petit.

«Para leer bien se debe ser inventor», Harold Bloom.

Diario de Aquitania 37

«La máquina tecnológicamente más eficiente que el hombre haya inventado es el libro», Yehuda Amijai.

«Un verdadero lector es alguien que está tan inmerso en la lectura de un texto que sale cambiado, transfigurado, bañado en nueva luz, de modo que se sitúa en un estado de profunda disponibilidad hacia el libro», Annie Ernoux.

«Pochi libri cambiano una vita. Quando la cambiano è per sempre, si aprono porte che non si immaginavano, si entra e non si torna più indietro», Christian Bobin.

«Un libro que deja al lector igual que antes de leerlo, es un libro fallido», Anita Shapira.

«Los libros serios no instruyen, cuestionan», Nicolás Gómez Dávila.

«La televisión me parece muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, voy a otra habitación a leer un libro», Groucho Marx.

«Cada persona tiene entre manos el libro que se merece», Eva Sandoval.

Diario de Aquitania 36

“Hasta que llegó el pergamino, la forma tradicional que tenía entonces el libro era la de un rollo de papiro; papiro que, a su vez, había desplazado a la tablilla de barro. El pergamino, como la vitela (hecha con piel de becerro), estaba elaborado con pieles de animales, era mucho más fácil de manejar y conservar, era más suave y resistente y tenía la ventaja añadida de que se podía escribir por ambas caras. Ese fajo de hojas plegadas y encuadernadas formando cuadernillos recibe el nombre de códice. El origen del pergamino está en la ciudad de Pérgamo, en Asia Menor (hoy, Turquía); se cuenta que cuando el rey Tolomeo de Egipto se negó a facilitar papiros a otros pueblos para preservar la hegemonía de la Biblioteca de Alejandría, Eumenes II, rey de Pérgamo, tuvo que buscar una solución alternativa para abastecer su propia biblioteca.

¿Cómo eran los libros en la Edad Media? Su característica principal, común a todos, es que eran manuscritos: estaban escritos a mano. En su mayor parte, también ilustrados. Contenían decoraciones en las que destacaban las letras capitales, muy ornamentadas (historiadas), trabajadas por verdaderos artistas. Los códices que hoy consideramos más valiosos e interesantes son precisamente aquellos que exhiben un trabajo de ilustración más delicado y minucioso, tanto en las letras capitales como en los bordes de página o en las miniaturas, precursoras de las modernas ilustraciones de libros. El término “miniatura” procede del latín “miniare” (pintar con rojo) y se refiere al color de minio que utilizaban los copistas para integrar en el espacio de la página la parte escrita y las imágenes.

Los manuscritos medievales que han sobrevivido constituyen el mejor ejemplo del arte pictórico y decorativo de la época. Estos manuscritos eran ejemplares únicos; las mismas letras se combinaban formando hermosos dibujos. La población en general no tenía acceso a estos libros, reservados a la clase noble y al clero y considerados objetos valiosos con una difusión restringida. La literatura popular (lo que hoy llamamos así) se transmitía entonces de forma oral a través de relatos o de canciones. Se han descubierto pliegos, sin ninguna ornamentación, que habrían tenido como finalidad hacer llegar el texto al trovador o juglar que tenía que decirlos en voz alta.

La mayoría de los manuscritos se crearon en el ámbito cerrado de los monasterios, por monjes amanuenses que dedicaban años de sus vidas a copiar obras del pasado. Gracias a esa labor, que se fue especializando y que propiciaría la aparición de distintos oficios relacionados con el libro, han llegado hasta nosotros obras fundamentales de algunos pensadores clásicos, como Aristóteles, y se ha podido conservar parte del saber de Grecia y Roma. (No hay que perder de vista que nos referimos siempre al mundo occidental, ya que la tradición en Oriente es bien distinta).

Los copistas viajaban a menudo a otros monasterios, a veces muy alejados, para copiar libros enteros. En esa época se crearon grandes bibliotecas dedicadas a preservar y estudiar los conocimientos que la humanidad había reunido durante siglos sobre infinidad de materias. El libro El nombre de la rosa, de Umberto Eco, y la película realizada a partir del mismo, han contribuido a divulgar la existencia de estas bibliotecas, y a explicar su importancia.

Muchos libros religiosos producidos en esta época son Biblias o textos bíblicos, en especial del Antiguo Testamento, y libros de salmos y oraciones para la liturgia, pero en España existe un tipo de códice manuscrito que constituye un fenómeno especial. Son los Beatos. Son copias del comentario al Libro del Apocalipsis de San Juan que hizo en el año 776 el Beato de Liébana, abad del monasterio de Santo Toribio, en el valle de Liébana, en Cantabria. No es fácil encontrar en ningún otro lugar tantas copias de un mismo libro como las que se hicieron en la España medieval a partir del Libro del Apocalipsis. Se conservan alrededor de 31 beatos —en algunos casos, únicamente fragmentos—, que fueron realizados entre los siglos X al XIII, y de los que 24 contienen miniaturas.

No todos los libros que se hicieron en la Edad Media eran libros dedicados a la religión o destinados a lectores que eran religiosos. Aunque el acceso a la educación era un privilegio de las órdenes religiosas, la nobleza se aficionó a los llamados “libros de horas”, que contenían oraciones y solían estar personalizados. A partir del siglo XIII surgieron y se extendieron los grandes centros universitarios en muchos lugares de Europa y, consecuentemente, también creció la demanda de libros.

Cuando Johannes Gutenberg (hacia 1400-1468) dio a conocer su imprenta de tipos móviles no debió de ser del todo consciente del enorme éxito que cosecharía su invento. El primer libro impreso por Gutenberg, en 1456, fue una Biblia, de la que hizo 150 ejemplares en papel y 12 en pergamino. Los primeros libros producidos con la imprenta trataron de imitar características de los códices para no provocar el rechazo de los lectores, y eso precisamente ocurre hoy con los libros digitales —especie de tablillas leídas como un rollo de papiro—: son algo nuevo, pero en ellos late con fuerza el mundo del pasado”, Nancy C. Andreasen, Book story, Simon & Schuster, pág. 211

Diario de Aquitania 35

Oscar López es un hombre que, a fuerza de tener que aguantar a Sánchez, ha conseguido llegar a vivir horas enteras, a veces hasta días enteros, o incluso años enteros, sin más que decir, de cuando en cuando, que ¡hum! ¡ja, ja!, y al cabo de otro rato, ¡hum!¡ja, ja, ja, ja! -la risa abunda en la boca de los tontos-, y así siempre.

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Karol G es una choni famosa y joven, que tiene un sentido clásico y práctico de la cutrez. Nos imagina a todos esaboríos mientras feliz enseña el culo. La número uno en reproducciones este año de Spotify.

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Una hermana es la que te da el paraguas en la tormenta y luego te lleva a ver el arcoíris.

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Ce qui distingue les forfaits de la vie de ceux du théâtre [entiéndase, la política], c’est que dans la vie on fait plus et on dit moins, et qu’au théâtre [entiéndase, la política] on parle beaucoup pour faire une toute petite chose”, Artaud.

Dedicado a los servidores públicos: “Rien n’est gratuit en ce bas monde. Tout s’expie, le bien comme le mal, se paie tôt ou tard. Le bien c’est beaucoup plus cher forcément”, Céline, Semmelweis, éditions Gallimard, p. 244.

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Dicen que la soledad es necesaria para alcanzar la santidad. Se han olvidado de que en la soledad la tentación es más grande.

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Vigente Emerson: «Lo viejo y lo nuevo marcan la trama y la malla de cada momento. No hay hilo que no sea una torsión de estos dos hilos».

Diario de Aquitania 34

«Graecia capta ferum victorem cepit et artis// intulit agresti Latio». «Grecia conquistada conquistó a su fiero vencedor e introdujo las artes en el salvaje Lacio», Horacio.

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“La piel con la que estaba hecho el pergamino podía ser ovina, bovina, caprina o caballar. Una vez obtenida la piel tras despellejar a la res, se le quitaba la grasa y se sumergía en una disolución de cal y agua para facilitar el siguiente proceso. Después del remojo venía el raspado que consistía en quitar el pelo y dejar la piel en una membrana; se dejaba secar y se cortaba en el formato “charta”. Por último, se pegaban las “chartae” para formar el volumen que ya estaba listo para ser escrito. Sus dimensiones eran similares a las de la “charta” papirácea. Resultó que el pergamino era mucho más resistente que el papiro, pero, aún así, muy caro y difícil de extraer […] La tinta que se utilizaba para escribir el cuerpo del texto era de color negro, designándose en latín con el nombre de “atrementum”. El “atrementum” estaba compuesto por hollín, resina, heces de vino o tinta de sepia, que se mezclaba con goma vegetal o agua. Conforme avanzaba el tiempo se fueron añadiendo otros componentes como la agalla de encina o vitrolo en vinagre o cerveza. Con esto la tinta negra tomó varios matices además del negro puro. También se utilizaba una tinta roja para escribir los títulos, llamados “rubricae” y los nombres de los autores. Esta tinta era denominada como “rubrica” o “minium” ya que su base para conseguir el color rojo era la “terra rubrica”. De ahí que en Roma solo las ediciones más lujosas estuvieran hechas en pergamino”, Hermann J. Gensler, “Geschichte des Buches in Rom”.

Diario de Aquitania 33

«Los libros han ganado más batallas que las armas», Lupercio Leonardo de Argensola.

«Los libros son compañeros, maestros, magos y banqueros de los tesoros de la mente», Martin Hugo Löb .

«Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora», Proverbio hindú.

«Un buen libro no es aquel que piensa por ti, sino aquel que te hace pensar», Shahid Rahman.

«El regalo de un libro, además de un obsequio, es un delicado elogio», Anónimo.

«Libros, caminos y días dan al hombre sabiduría», Proverbio árabe.

«Leer no es matar el tiempo, sino fecundarlo», Francisco Miró-Quesada Cantuarias.

«La escritura es la pintura de la voz», Voltaire.

«Los que escriben con claridad tienen lectores; los que escriben oscuramente tienen comentaristas», Albert Camus.

«El autor que habla de sus propios libros es peor que la madre que sólo habla de sus propios hijos», Benjamin Disraeli.

«La tarea del escritor es una aventura solitaria y conlleva todos los titubeos, incertidumbres y sorpresas propios de cualquier aventura emprendida con entusiasmo», Carmen Martín Gaite.

«Como escribir es lo más parecido a un parto, yo siempre escribo acostada», Kathy Acker.

«Escribo para evitar que al miedo de la muerte se agregue el miedo de la vida», Augusto Roa Bastos.

Diario de Aquitania 32

«Discreto amigo es un libro:
¡qué a propósito que habla
siempre en lo que quiero yo!
¡Y qué a propósito calla
siempre en lo que yo no quiero,
sin que puntuoso me haga
cargo de por qué le elijo,
o por qué le dejo! Blanda
su condición, tanto que
se deja buscar si agrada,
y con el mismo semblante
se deja dejar, si cansa».

Calderón

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ESCRIBIR, CALLAR, VER AL LIBRO. VERSIÓN LIBRE DE FRIEDERIKE MAYRÖCKER TRASPASADA POR EL SIGLO DE ORO ESPAÑOL

Libros, lenguaje por desasosiego,
naturaleza a solicitud, cafés y desvelos;
crecen con riesgos, lances y recelos;
susténtase en las vidas y sus cloregos.

Doctrínanle Picea pungens y despego,
conservan Viena entre engañosos velos,
hasta que con agravios o con celos
encienden con sus lágrimas alma y fuego.

Su principio, su medio y fin es éste:
¿pues, por qué, Dante, en cabeza tu desvío
de Virgilio, ese plástico que bien te quiso?

¿Qué razón hay de que “philía” te cueste?
Pues no te engañó literatura, Dante mío,
sino que llegó el cigarrillo occiso.

Diario de Aquitania 31

«Difficile est tenere quae acceperis nisi exerceas», («Es dífícil retener lo aprendido, a menos que lo practiques»), Juvenal.

«Ningún mortal, pese a los muchos libros, es sabio todo el tiempo», Plinio el Viejo.

«Recordad que permanentemente nacen los libros más antiguos para todos aquellos que todavía no los han leído», Ulpiano.

«¿A menudo no te has sentido desconsolado después de terminar de oír leer un libro? ¿Alguna vez un poeta no siguió susurrándote noches y semanas y meses?», Celso.

«El que acumula libros, acumula deseos; y el que tiene muchos deseos es muy joven, incluso a los sesenta años», Varrón.

«Saber que podrás leer antes de tener que morir, es una de las sensaciones más placenteras de la vida», Jámblico.

«Todos los libros que se pueden leer dos veces pertenecen a la literatura», Lactancio Plácido.

«Se honra un libro al usarlo, no al dejarlo en soledad», Quintiliano.

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«Hay libros de los que no puedes hablar con otras personas, libros que son tan especiales y raros, y tan tuyos, que hacer alarde de tu amor por ellos parecería casi una traición», Cesare Pavese.

«Si tienes la impresión de que el autor estaría muerto si no hubiera escrito «ese» libro, entonces ese libro no puede ser ningún mal libro», Jean Genet.

«No hay barco que pueda llevarnos a mares tan lejanos como un libro», Emily Dickinson.

«Descubrí muy pronto que los mejores compañeros de viaje son los libros: hablan cuando lo necesitas, callan cuando precisas silencio. Te hacen compañía sin ser molestos. Y dan mucho, sin pedir nada a cambio», Joaquín Costa.

«Los libros son brújulas, telescopios, sextantes, los mapas que otros hombres prepararon para ayudarnos a navegar por la existencia», Murray Gell-Mann.

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Diario de Aquitania 30

FALSO SONETO DEDICADO DE TODO CORAZÓN A LOS AMIGOS DE «EL CERCANO», SIN EXCEPCIÓN ALGUNA

Daniel, su cerebro, iluminaba letras capitulares,
gringas burbujas al “catalán” le hacían vapores,
el doctor sabio con plantas atemperaba humores,
y de brumas y de veras, corrían saberes a mares.

Entregaba Lamas sus estampas de tipo carrascoso,
Edelmiro tenaces guardas de versos cuidadosos,
Antonio imágenes graves que burlaban los diversos
haces y heces que mueven nuestros caramillosos huesos.

Y apandillados nos queríamos, pero, ay, penábamos
por cercanos lejanos, por amores, y por fúnebres ramos.
Nos resarcían libros, de las risas sus frutos, y los cariños,

y, por qué no, también amarillejas cervezas o Albariños.
En la honda noche nos preguntábamos cavilosos, hondos:
¿Qué mejor? ¡Coño!, que Moncho siga haciéndonos dichosos.

Diario de Aquitania 29

«Nous devrions toujours aimer les livres ; c’est la seule romance qui dure toute une vie». («Siempre deberíamos amar los libros; es el único romance que dura toda la vida»)

«Los buenos libros destacan porque son más verdaderos de lo que serían si fueran historias reales», Hemingway.

«Empecé a leer porque la vida no era grandiosa, noble ni genial», Pierre Roger de Beaufort.

«Un libro no es sólo un libro. Un libro es todo un universo de afectos, entendimientos y voliciones. Y si no lo es, será sólo un volumen vacío e inútil, y nadie lo recordará», Antoine Arnauld.

«Adquirí riqueza con la venta de libros. Pero advertí que toda la riqueza que se puede poseer proviene solo de los libros. De los libros se aprende a ser quien es, y sin ellos estoy convencido que sería más pobre. Y después de todo, en efecto, conocí a mis semejantes a través de ellos», John Selden

«¡Qué cómodo y agradable es el mundo de los libros! Si no se presenta como una obligación para el estudiante, y si no se utiliza como sedante para la pereza, sino si se aborda con el entusiasmo de un aventurero», Antoni Kępiński.