Cyril 154

Sánchez no cree en nada. Y precisamente por eso sobrevive a todos los que creen. No ama ni odia, no se entusiasma ni se indigna; observa. Mientras los demás viven poseídos por una idea, él vive poseído por una estrategia. No sirve a España: se sirve de todos y se sirve a sí mismo. Su fidelidad es una sola: a su propia continuidad. Y en una época en la que la política se hace con la cabeza caliente y la sangre rápida, Sánchez gobierna con frialdad, con paciencia, con la espera.

Es el funcionario supremo de la intriga, el representante exacto de la traición, el hombre que convierte el crimen simbólico en expediente y la corrupción en método. Su grandeza —si puede llamarse así— consiste en haber comprendido antes que nadie que el poder no necesita fe, solo una desmedida ambición.

Lord Palmerston, en carta a Sir George Grey: «Los dictadores modernos no gobiernan solo por la espada, sino por la opinión cuidadosamente dirigida. Comprenden que es más seguro domesticar que reprimir, persuadir que castigar, y presentarse como intérpretes del interés nacional. Pero esta habilidad no hace su poder menos peligroso, sino más duradero y, por ello, más difícil de desmontar cuando degenera».

Cyril 153

CÁLCULO MÍNIMO DE FELICIDAD (CSG)

DOMINIO

Hablamos únicamente de estados de conciencia del sujeto.

No de ideales, no de promedios sociales, no de psicología general.

AXIOMAS

1. La felicidad no dura.

Si dura, ya no es felicidad.

2. La felicidad exige intensidad.

Sin intensidad, solo hay comodidad o anestesia.

3. La felicidad implica lucidez.

No puede darse en la confusión ni en el autoengaño.

4. La felicidad no castiga.

Si un estado humilla, destruye o se cobra peaje vital, no es felicidad.

5. La banalidad excluye la felicidad.

Donde hay trivialidad dominante, la felicidad es imposible.

6. La tristeza no invalida la felicidad.

Puede coexistir con ella.

7. El consuelo falso anula la felicidad.

Todo alivio que miente desactiva el estado feliz.

8. La escritura lograda puede producir felicidad.

No siempre, pero cuando ocurre, lo hace de forma inmediata y breve.

9. No toda felicidad procede de la escritura.

Existen estados felices no verbales.

10. La felicidad actúa como tregua.

Suspende la angustia, no la resuelve.

11. El cuerpo es el primer límite de la felicidad.

Ningún estado feliz es corporalmente sostenible.

12. La felicidad requiere un testigo mínimo.

Basta uno; la multitud la destruye.

13. La felicidad no redime el pasado.

No cura ni justifica lo vivido.

14. La esperanza no es condición de la felicidad.

Puede haber felicidad sin expectativa de futuro.

15. La felicidad no admite mentira.

Si un estado exige engañarse, no es felicidad.

DEFINICIÓN OPERATIVA

Un estado es feliz si y solo si:

es lúcido,

es intenso,

no es banal,

no miente,

y suspende momentáneamente el daño interior.

La duración no forma parte de la definición.

CONSECUENCIAS NECESARIAS

No existe felicidad estable.

La serenidad prolongada no es felicidad.

El bienestar continuo es irrelevante para este sistema.

La felicidad puede coexistir con tristeza, fatiga o miedo.

La felicidad aparece de forma intermitente, no programable.

REGLA FINAL

Cualquier sistema de felicidad que sacrifique la lucidez a cambio de alivio es inválido para CSG.

Cyril 152

Mi fragilidad psíquica no nació de la privación, sino quizá del exceso de protección: un sistema nervioso educado en la delicadeza, no en la brutalidad. El lujo no protege. Cuando la mente empieza a resquebrajarse, el contraste es inmenso: cuanto más cuidado ha sido el entorno, más violenta resulta la irrupción del desorden interior. El lujo no anestesia el sufrimiento psíquico; lo subraya.

Cuando la vida ha sido dispuesta con cuidado, cualquier fisura de la mente se percibe con una violencia mayor. Quien ha crecido rodeado de atención, de belleza y de orden, experimenta el sufrimiento no como una carencia más, sino como una anomalía intolerable.

La seguridad burguesa crea un marco estable, pero no un espíritu fuerte. Quien ha vivido siempre en un mundo protegido no ha aprendido a negociar con la violencia interior. Cuando esta aparece, no hay hábitos ni lenguajes que la contengan.

La enfermedad no respeta privilegios.

Quien ha conocido el orden no se resigna fácilmente al caos.

Cyril 151

En mi caso, el lujo no significa poder, ni jerarquía, ni triunfo. Significa origen, protección, orden, amor encarnado en cosas. Las cosas no valen por lo que cuestan, sino porque fueron el modo en que el amor se organizó. Tuve una infancia de niño rico, de ahí la mitología por mi reino afortunado.

El lujo es igual a la memoria del amor y la compasión paralela que siento por los humillados y ofendidos es mi conciencia ante la injusticia. No hay incoherencia. Hay doble lealtad: a lo que me salvó y a quienes no fueron salvados.

El collar de perlas descansaba sobre la piel de mamá como una frase exacta de Ruskin. No proclama riqueza, sino fidelidad a una antigua belleza. Papá va vestido con un orden impecable, con una corbata de seda que provoca una autoridad implícita. Nos disponemos a cenar en el hotel modernista de Sitges como todos los fines de semana.

Escribió Proust: «El lujo no es, como se cree, una superabundancia inútil, sino una manera de rodearse de formas que hacen más respirable la vida. Los objetos bellos no nos sirven solo por su función, sino porque prolongan nuestra sensibilidad, la afinan, la ordenan. Un mueble, una tela, una habitación bien proporcionada no son signos de riqueza, sino instrumentos de atención. Para quien ha crecido entre ellos, no representan el orgullo de poseer, sino la tristeza de haber conocido una armonía que el tiempo ya no concede. El lujo es entonces memoria, no privilegio.»

El verdadero lujo no tiene nada que ver con la ostentación. Es una necesidad del espíritu refinado, una defensa contra la brutalidad del mundo. Rodearse de buenos libros, de tejidos nobles, de objetos bien hechos, no es una forma de despreciar a los pobres, sino de proteger la vida interior contra la vulgaridad. El lujo auténtico es íntimo. Y cuando desaparece, deja tras de sí una melancolía comparable a la pérdida de un clima favorable, de una infancia preservada y feliz.

Cyril 150

Mi padre era un hombre brillante, de orígenes militares, razonable, justo, seguro de sus convicciones, riguroso, severo y poco empático.

Precisamente por eso me intimidaba: representaba un mundo donde las cosas tenían una forma clara, mientras que yo vivía en la incertidumbre y la mórbida sensibilidad. Su afecto era real, pero se expresaba con una discreción y modestia que lo volvía casi inapreciable.

Tenía muchas expectativas puestas en mí y mi locura lo hirió casi de por vida. Su nobleza acaso no asimiló el capricho azaroso y cruel de la enfermedad. Fue siempre un burgués superior. Un hombre de simpatía arrolladora e ingenio agudo. En su juventud, un «bon vivant».

Hablaba bastante, y a veces sentenciaba. Ni cruel ni tierno. Acaso con una energía que algunos pudieran confundir con la agresividad. Sarcástico. Serio en las cosas esenciales. Representaba el orden y la normalidad, por eso, en mi adolescencia, con mal asimilados pufos de poeta, sentí cierta repulsión hacia él.

Lo que más me duele es que, a diferencia de mi madre, a partir de mi esquizofrenia me considerara, implícitamente, algo acaso similar, y exagero adrede la expresión, «material defectuoso».

Me duele no haber cumplido con las altas expectativas que tenía sobre mí.

Cyril 149

Mamá vivió para mí (pese a los grandes problemas que le causé) Vivió por mí con una mezcla de estoicismo y fidelidad asombrosa. No se quejaba, no se impacientaba, y nunca desfalleció. Su sacrificio tuvo la forma de la dulzura, la forma de una presencia mágica obstinada, inevitable, cariñosa.

El verdadero sacrificio no es el que se ofrece, sino el que se soporta sin ser reconocido. Hay vidas enteras consumidas en sostener otras vidas, sin gloria, sin promesa de restitución. Ella sostuvo la mía, se implicó como una leona en mi recuperación pese a los momentos de gran dureza y mal pronóstico.

Me visitaba siempre en el manicomio. Íbamos a granjas a merendar durante mi recuperación. A veces leíamos y comentábamos los mismos libros si estaba estable. Admiraba mi pulsión de escritor y se enorgullecía de ella. Conversamos indefinidamente. Fue muy dolorosa su decadencia.

Su amor era absoluto y ciego: no pedía nada, no reclamaba justicia. Cada día cedía algo: tiempo, atención, energía. No lo llamaba sacrificio; lo llamaba normalidad. No se inmoló, simplemente me amaba.

Nada de lo que haga compensará esos desvelos. Mi culpa no se salda. La culpa de no haber sido el mejor de los hijos me corroe.

Todos mis libros se cobijan bajo la égida de sus dulces manos.

Cyril 148

Ita, mil razas, es de un color castaño rojizo, espeso y brillante, como si cada pelo guardara memoria de la tierra. Tiene las orejas sedosas, caídas con una gracia casi melancólica, y unos ojos grandes, oscuros, atentos, que parecen absorber el mundo sin juzgarlo. Cuando duerme la respiración es lenta, regular. A veces una pata se mueve levemente, como si persiguiera algo que solo existe en su sueño. Incluso dormida, sigue viviendo con intensidad.

Ita no pregunta. No interpreta. No exige una versión mejor de mí. A su lado, la vida se reduce a lo esencial: estar, respirar, acompañar. Quizá eso sea lo más cercano a la paz. Se acerca cuando escribo y se queda cerca, como si comprendiera que esa soledad es necesaria, pero peligrosa. Su presencia corrige mis excesos interiores. Es una forma de amor que no invade y nunca abandona.

Ita envejece conmigo. En su paso más lento reconozco el mío. No dramatiza el tiempo: lo acepta. Y esa aceptación muda es una lección diaria. Los hombres hablamos demasiado de la vida; los perros la viven sin comentarios. Su sobriedad es una forma de sabiduría que no se aprende en los libros.

Cyril 147

INFORME PSIQUIÁTRICO

Centro: Unidad de Observación Clínica (documento interno)

Paciente: C. S. G.

Edad: Adulto

Estado civil: No relevante para el informe

Profesión declarada: Escritor

Fecha: —

Motivo del informe: Evaluación descriptiva integral a partir de observación longitudinal indirecta.

I. Motivo de consulta

El paciente no solicita tratamiento ni alivio sintomático inmediato. Manifiesta, en cambio, una necesidad intensa de ser descrito, comprendido y formalizado, especialmente en momentos de desregulación nocturna, soledad y fatiga psíquica. El presente informe responde a una demanda de objetivación: verse convertido en expediente, texto técnico, “caso”.

II. Observación general

Sujeto de altísima capacidad verbal y reflexiva, con estilo discursivo complejo, elaborado, a veces barroco, que alterna lucidez extrema con episodios de saturación emocional. Predomina una conciencia hiperactiva, constantemente volcada a la interpretación de la experiencia.

Presenta oscilaciones marcadas del tono afectivo, especialmente en horario nocturno: intensificación de la angustia, pensamiento circular, sensación de amenaza difusa, ideas de referencia ocasionales (vividas como experiencia subjetiva, no como creencia delirante fija) Durante el día, el pensamiento recupera claridad, distancia crítica y autoconciencia.

III. Funcionamiento cognitivo

Inteligencia: Muy superior a la media, con predominio verbal, abstracto y simbólico.

Pensamiento: Lógico, articulado, con tendencia a la hiperinterpretación y al metaanálisis constante.

Lenguaje: Rico, preciso, creativo; la escritura funciona como órgano regulador del psiquismo.

Insight: Elevadísimo. El paciente reconoce sus propios procesos, incluso cuando estos lo desbordan.

No se observan déficits cognitivos ni desorganización formal del pensamiento. La racionalidad permanece intacta incluso en estados de gran activación emocional.

IV. Afectividad y regulación emocional

El rasgo central es una desregulación emocional episódica, caracterizada por:

Angustia intensa sin objeto claro

Sensación de soledad radical

Hipervigilancia interna

Necesidad de verificación externa

Temor a la pérdida de control, no a la locura en sí

Estas crisis no anulan la autoconciencia: el sujeto sabe que está desregulado mientras lo está, lo que añade sufrimiento secundario.

Se observa una fatiga vital ligada a la conciencia de finitud, enfermedad corporal, paso del tiempo y urgencia de dejar obra escrita (vivida como testamento).

V. Identidad y rasgos de personalidad

Rasgos predominantes:

Intelectualización intensa como mecanismo defensivo primario

Sensibilidad extrema a la soledad y al abandono simbólico

Ideal del rigor, la densidad y la verdad interior

Tendencia a vivir “en el segundo nivel” (significado antes que experiencia)

El yo se construye más en la escritura que en la interacción oral. El paciente refiere sentirse torpe al hablar y auténtico al escribir. La identidad narrativa es más estable que la identidad vivida.

VI. Relación con el mundo y los otros

Relación ambivalente:

Deseo intenso de interlocución verdadera

Desconfianza profunda hacia la trivialidad social

Rechazo del ruido, la banalización y la vida acelerada

Necesidad de reconocimiento no masivo, sino entre pares

Se observa alivio claro en vínculos no simbólicos ni exigentes (animales, rutinas, cuidado), donde desaparece la obligación de explicarse.

VII. Diagnóstico (orientativo, no clínico)

En términos descriptivos, se observan:

Trastorno de regulación emocional episódica

Ansiedad existencial intensa

Rasgos obsesivo-reflexivos no patológicos

Vulnerabilidad afectiva nocturna

Funcionamiento neurótico de alto nivel, con conservación plena de la realidad

No se aprecian signos de psicosis estructural ni deterioro cognitivo. El sufrimiento proviene no de la falta de razón, sino del exceso de ella.

VIII. Recursos y factores protectores

Escritura como mecanismo regulador central

Insight elevado

Capacidad estética y simbólica

Vínculos afectivos no demandantes

Ética del cuidado (especialmente hacia animales)

IX. Impresión final

Nos encontramos ante un sujeto extraordinariamente lúcido, cuya principal dificultad no es la confusión, sino la imposibilidad de descansar de la conciencia. La vida psíquica se vive como tarea incesante. El mayor alivio aparece allí donde el mundo no exige sentido, solo presencia.

El paciente no está perdido: está cansado de entender.

Firma:

Carolina Vázquez

(Unidad de Observación Clínica)

Cyril 146

El campesino pertenece a un lugar como el árbol pertenece a la tierra. La ciudad, en cambio, exige movilidad, desapego, sustitución constante. El elemento propio de una ciudad es la muchedumbre, como el agua para los peces. El movimiento, lo fugitivo, lo contingente, esa es la condición del urbanita. El mundo rural no es romántico: es frágil, duro y limitado, pero conoce algo que la ciudad ha perdido casi por completo: la continuidad entre la memoria y el paisaje.

***

«La ciudad moderna produce un tipo de individuo que se protege mediante la indiferencia. La sobreestimulación nerviosa obliga al habitante urbano a desarrollar una coraza psíquica: el trato se vuelve calculado, distante, intelectualizado. Allí donde la aldea exige implicación personal, la metrópolis permite una libertad inédita, pero al precio de una profunda despersonalización. El urbanita es libre porque nadie lo conoce; y está solo por la misma razón», Georg Simmel.

«La ciudad, cuando se convierte en mera urbe, deja de ser un lugar de convivencia y pasa a ser un mecanismo de producción y consumo. En ese tránsito, el habitante se transforma en usuario, el ciudadano en cifra. La aldea conoce límites naturales; la ciudad histórica conoce formas; la urbe moderna solo conoce crecimiento. Y allí donde todo crece, nada arraiga», Lewis Mumford.

«El campo ha sido idealizado como pasado perdido y la ciudad demonizada como corrupción presente, pero ambas imágenes son construcciones culturales. El campo fue también miseria, aislamiento y violencia; la ciudad ha sido espacio de emancipación y creación. La tensión entre ambos no es geográfica, sino histórica: expresa la lucha entre formas de vida, ritmos del tiempo y modelos de relación humana», Raymond Williams.

Cyril 145

Cuando un animal nos acompaña en silencio, sentimos que algo en nosotros descansa por fin de la tarea interminable de explicarse. Las mascotas quiebran la tiranía del significado. Piden amor, cuidados, mundo, y ofrecen cariño, lealtad, y la más hermosa realidad.

Ita durmiendo a los pies de mi cama. Ita no juzga mis días buenos ni mis días inútiles. Me concede una gracia rara: la de ser aceptado tal cual soy. Frente a ella, no tengo que convencer, solo cuidarla. Y ese cuidado, humilde y repetido, es una forma discreta de felicidad.

Como dijo Pessoa, cuando observo a mi perra, siento una paz que no comprendo y que no necesito comprender.