Cyril 104

En el ecosistema mediático español surge el deporte como coartada para la incultura verbal y la radio deportiva como máquina de ruido emocional.

El deporte no es el problema. El problema es el tratamiento. La radio deportiva ha optado mayoritariamente por un modelo muy concreto: horas infinitas para hechos mínimos, excitación permanente para acontecimientos triviales, opinión sin ideas, emoción sin concepto. Todo con una lengua muy empobrecida como estilo dominante. No informan: ocupan tiempo. No analizan: rellenan. No hablan: vocalizan toscamente.

Rasgos típicos del locutor deportivo medio:

-Léxico extremadamente reducido (300–400 palabras activas)

-Abuso de muletillas (“al final”, “obviamente”, “es lo que hay”)

-Frases sin subordinación (pensamiento plano)

-Incapacidad para definir, matizar o jerarquizar

-Confusión entre intensidad y énfasis (gritar no es lo mismo que decir algo)

La radio deportiva vive en una hipérbole continua: cada partido es “histórico”, cada error es “inadmisible”, cada fichaje es “clave”, y cada derrota es “un drama”.

***

George Orwell; «Cuando el lenguaje se corrompe, el pensamiento también lo hace. Una prosa descuidada no es solo consecuencia de la estupidez: es una de sus causas. Quien se acostumbra a frases hechas y sonidos vacíos acaba siendo incapaz de pensar con precisión». Aplicable palabra por palabra a la radio deportiva.

Manuel Vázquez Montalbán: «El deporte espectáculo cumple hoy una función anestésica. No se trata de entender el juego, sino de mantener al ciudadano en una agitación permanente que le evite el pensamiento crítico. El ruido sustituye a la reflexión». Exactamente lo que oímos cada fin de semana (y no pocas tardes entre semana)

Umbral fue implacable con el periodismo sin lengua. En múltiples columnas denunció la conversión del periodista en “un señor que emite sonidos sin sintaxis, como una radio mal sintonizada, confundiendo vehemencia con talento”. No hablaba solo de deportes, pero les encaja perfectamente.

No pido locutores cultísimos ni filólogos románicos en antena; pido atenuar tanto analfabetismo cultural amplificado por el micrófono.

Cyril 103

Mediante el encuadre (qué entra y qué queda fuera), la posición de la cámara (la cámara baja engrandece, legitima, impone; la cámara alta empequeñece, ridiculiza, subordina, la cámara frontal produce una sensación de neutralidad aparente, la cámara lateral implica sospecha, distancia), la duración del plano (importa lo que más dura; lo que apenas dura segundos se convierte en anecdótico), el montaje (el arma principal para que infiramos falsas relaciones de causalidad), la música y el sonido ambiente, con estas y otras añagazas se impone la persuasión audiovisual.

***

Marshall McLuhan

«El medio no es el mensaje: es el masaje. No persuade con argumentos, sino modelando la percepción. El espectador no sabe qué aprende; solo sabe que ha visto algo».

Guy Debord

«El espectáculo no miente: muestra. Y en ese mostrar continuo sustituye la experiencia directa por su representación. La verdad se vuelve una función de la visibilidad».

Susan Sontag

«La cámara no es neutral. Elegir un encuadre es ya una interpretación moral. Fotografiar es intervenir».

George Steiner

«La imagen conmueve antes de comprender. Y cuando la emoción precede al entendimiento, el pensamiento llega tarde».

Neil Postman

«La televisión no informa: entretiene incluso cuando finge informar. La forma convierte todo en espectáculo, incluso la tragedia».

A veces lo más peligroso de los informativos no es que mientan, sino que digan la verdad con una puesta en escena que hace imposible pensarla. El audiovisual no necesita falsificar los hechos: le basta con dirigir su lectura.

El audiovisual no miente: conduce. Y una sociedad que se informa solo por imágenes acaba sintiendo mucho y pensando poco.

NOTA BENE: Ideas ocurridas al empezar los informativos.

Cyril 102

¿Es legítimo que una televisión pública emita crónica rosa?

Mi respuesta corta sería: legal, sí; legítimo, solo de manera muy limitada; deseable, no.

Una televisión pública —en el caso español, RTVE— no es una empresa privada que compite únicamente por la audiencia. Está financiada por todos, incluso por quienes detestan activamente este contenido. Eso introduce una obligación específica: servicio público, no mera entretenimiento.

¿Qué ve la gente en Hola, Lecturas, los programas del corazón?

Aquí conviene ser menos moralista y más antropológico. La gente no es idiota: obtiene algo. La cuestión es qué obtiene. Propongo hipótesis acumulativas: vivir otras vidas cuando la propia se percibe como estrecha, repetitiva o frustrante, un patio de vecinos o corrala ampliada, la igualación por degradación (la crónica rosa rebaja al famoso mostrándolo frágil, ridículo, infiel, torpe, vulgar), una anestesia cognitiva (no exige memoria: puedes entrar a mitad y no perder nada) y un moralismo de baja intensidad (la crónica rosa permite juzgar sin riesgo infidelidades, divorcios etcétera)

A mi juicio el cotilleo, replegarse sobre personas, anécdotas, vida privada, es una forma degradada de curiosidad. Este -sedado- país nuestro gusta más de personas que de obras, más de vidas que de ideas. El chisme es la metafísica de los mediocres, recuerdo que dijo Cioran. George Steiner: «Las culturas que abandonan el esfuerzo de la lectura profunda tienden a reemplazarlo por narraciones de fácil consumo, centradas en la intimidad ajena. El escándalo es la parodia moderna de la tragedia».

Una sociedad que convierte la vida privada en espectáculo permanente renuncia poco a poco a la vida interior y a la conversación exigente. La corrala no es el problema. El problema es cuando ya no existe nada fuera de ella.

España ha discutido históricamente de personas y bandos, y muy poco de ideas, estructuras y conceptos.

Cuando no se discuten ideas, se vigilan vidas.

NOTA BENE: Ideas que se me ocurrieron al ver, mientras comía, el programa de RTVE «Decorazón», copresentado por la pánfila Anne Igartiburu y el chispeante influencer Javier de Hoyos.

Cyril 101

¿Le diríamos a David Uclés que la vestimenta se vuelve significativa cuando la obra no lo es lo suficiente? A mi juicio un escritor debería pasar inadvertido; su singularidad pertenece a la página, no a las pintas.

Permítanme una opinión contundente: la idea del escritor como figura pintoresca (anillos, foulards, colorines) es una de las invenciones más grotescas del mundo cultural. El atuendo del escritor no dice nada de su pensamiento. La boina, el abrigo raído, la mirada adusta, son disfraces tan ridículos como el frac del concertista.

De acuerdo con Susan Sontag: «La pose intelectual es una tentación permanente. Convertir el aspecto personal en declaración estética es una manera de simplificar la obra. El estilo verdadero no se lleva puesto: se construye frase a frase. La teatralización del escritor empobrece la lectura».

La ropa no escribe, la mente sí.

Cyril 100

Una página escrita sin necesidad es una página escrita contra el lector. El exceso verbal suele confundirse con riqueza. Sin embargo, la literatura no progresa por acumulación, sino por precisión. Un párrafo innecesario no es neutral: desplaza el párrafo justo (Borges)

El escritor mediocre añade; el escritor atento suprime. La página verdaderamente trabajada no es la que crece, sino la que adelgaza. Todo lo que no cumple una función exacta debe desaparecer. El relleno es el enemigo invisible del pensamiento: no lo contradice, lo disuelve. Cada palabra superflua indica una renuncia al rigor (Valéry)

El relleno aparece cuando la escritura avanza por inercia. Se escribe porque toca escribir, no porque algo exija ser dicho. Ese movimiento automático produce páginas correctas y muertas. Nada es más peligroso que una prosa que funciona sin necesidad (Julien Gracq)

NOTA BENE: En mi blog «Multitudo non sequitur» me faltaba una entrada para completar el número cien de la serie «Cyril». Estas ideas sobre el relleno se me ocurrieron a propósito de ello, y de la necesidad de llenar ese vacío incómodo.

Cyril 99

El estudiante que lee en una biblioteca —hoy, además, entre dispositivos digitales— experimenta una libertad peculiar: nadie le exige resultados inmediatos. Allí puede equivocarse, perderse, retroceder. La biblioteca protege al estudiante de la tiranía del rendimiento. En ese espacio, el pensamiento todavía tiene derecho a ser torpe, lento, incompleto. Estudiar es aceptar la propia insuficiencia. Por eso la biblioteca es una escuela de modestia intelectual.

Por eso me alegra ver estudiantes en una biblioteca: el estudio se vuelve entonces una forma discreta de felicidad.

Cyril 98

La biblioteca no es un lujo intelectual; es una forma de felicidad modesta y constante. Allí el tiempo no hiere. Allí uno está a salvo de la brutalidad del presente (parafraseo a Borges)

Montaigne: «Me he retirado a la parte más tranquila de mi casa, donde he reunido mis libros. Allí paso la mayor parte de mi vida y la mejor. Es mi refugio, mi verdadera morada. En ese lugar huyo de las tormentas del mundo, de las obligaciones, de la agitación. No busco allí erudición, sino descanso. No me defiendo del mundo con muros, sino con páginas».

Basta con sentarse y leer. En ese gesto mínimo se suspende la presión social, la urgencia de producir y consumir. Un refugio contra la arrogancia y la prisa. En ella aprendemos a convivir con lo inacabado, con lo pendiente, con lo que no leeremos nunca. Una buena biblioteca protege del dogmatismo y del ruido: es un espacio de modestia (parafraseo a Woolf)

En la biblioteca el individuo deja de ser un caso, un perfil, una biografía resumida. Se convierte simplemente en lector, que es una de las formas más humildes y más dignas de estar en el mundo. El lector no compite, no se exhibe, no acelera. Se sienta, abre un libro, y durante un rato desaparece sin alarmar a nadie. La biblioteca tolera esa desaparición parcial, ese retirarse del yo cotidiano.

Su silencio no es vacío, sino densidad: está lleno de pensamientos ajenos, de vidas ya concluidas, de voces que no gritan. En ese silencio el lector aprende algo esencial: que no todo debe ser dicho inmediatamente, que no todo pensamiento necesita público, que la interioridad también es un derecho.

Libros, sentido y pasión de mi vida: mi manera de estar a salvo sin huir.

Cyril 97

Me acuso. La compra de libros sustituye a menudo al pensamiento. Muchos creen poseer sabiduría porque poseen volúmenes. La biblioteca crece; el entendimiento, no. Acumular libros sin leerlos es una forma respetable de ignorancia.

Me acuso. Hay bibliotecas tan llenas que no dejan espacio para una idea. El exceso de libros produce el mismo efecto que su ausencia: nada ocurre.

Soy un bibliófilo hipertrofiado que confunde la posesión con la intimidad. Me acuso. Las bibliotecas gigantescas aplastan. Uno vive bajo toneladas de papel como bajo una deuda impagable.

***

Emil Cioran

«La biblioteca inmensa es una forma de insomnio diurno. El propietario compra libros como quien colecciona coartadas. Cada volumen no leído promete una vida mejor que no llegará. La estantería crece para aplazar la confrontación consigo mismo».

Arthur Schopenhauer

«Adquirir libros calma momentáneamente la ansiedad intelectual. Se compra para no pensar, se ordena para no leer. La biblioteca se vuelve un calmante respetable: adormece la conciencia sin curarla».

Umberto Eco

«La promesa de lectura futura es el núcleo neurótico de la gran biblioteca. No está hecha para ser leída, sino para tranquilizar. Su función no es el conocimiento, sino la postergación».

Nicolás Gómez Dávila

«Los libros no leídos no esperan indulgencia. Se acumulan como reproches. La biblioteca hipertrofiada no honra al lector: lo vigila».

Paul Valéry

«Rodearse de demasiados libros produce una fatiga especial: la de elegir sin decidir. La mente necesita pocas presencias intensas; la multitud de volúmenes es una distracción neurótica».

Thomas Bernhard

«Comprar libros sin leerlos es una huida con recibo. El exceso aplasta y, aun así, se insiste. La biblioteca crece como crecen las obsesiones: no por necesidad, sino por miedo».

Georges Perec

«Deshacerse de libros es un acto terapéutico. No se pierde cultura: se recupera espacio mental. La biblioteca sana es la que admite el vacío».

Karl Kraus

«La biblioteca desmesurada es una enfermedad social aceptada. Se confunde abundancia con profundidad y se aplaude la patología porque viene encuadernada».

Cyril 96

La culpa bifronte, sin salida. Cuando no escribes, te desprecias por cobarde e inútil; cuando escribes, te desprecias por abusar, por escribir demasiado. La abstinencia te parece silenciosa traición; la abundancia, obscenidad grafómana. Entre ambas, no hay equilibrio: solo alternancia. El que escribe mucho siente que se ha retirado de la vida; el que no escribe siente que se ha retirado de sí mismo.

Yo escribo en exceso; mi culpa es más social, más concreta. Uno empieza a sospechar que ha reemplazado la experiencia por su registro, que ha vivido para anotar. El cuaderno crece, pero la vida se vuelve estrecha.

En síntesis, si no escribo, me siento indigno; si escribo demasiado, me siento ridículo.

Acertó al cien por cien Thomas Bernhard: «Cuando escribo demasiado, siento que he desertado del mundo; cuando no escribo, siento que el mundo me ha desertado a mí. No hay salida honorable. Escribir es una forma de encerrarse; no escribir, una forma de pudrirse.»

Cyril 95

Joseph Joubert

«La verdadera elegancia no busca ser vista; busca no confundirse. El hombre que se viste con cuidado cuando escribe establece una distancia entre su persona y la confusión del mundo. Esa distancia es moral. Sin ella, el pensamiento se vuelve vulgar, demasiado próximo, demasiado accesible».

Paul Valéry

«No concibo el trabajo del espíritu sin una cierta corrección exterior. Vestirse bien es un modo de recordar al cuerpo que ha sido convocado a un esfuerzo superior. La negligencia no es libertad: es capitulación. La elegancia, en cambio, es una forma discreta de rigor».

Nicolás Gómez Dávila

«La vulgaridad comienza cuando el hombre se trata a sí mismo con exceso de familiaridad. El escritor que trabaja desaliñado abdica de su dignidad antes de escribir una sola línea. La forma exterior es la primera cortesía que se debe a la inteligencia».

Georges Steiner

«El acto intelectual exige un marco. No se entra en una catedral en mangas de camisa, ni se comparece ante el lenguaje sin cierta compostura. Vestirse para escribir es reconocer que se está a punto de participar en algo que nos precede y nos excede».

Julien Green

«Me vestía con cuidado incluso cuando sabía que nadie me vería. No era vanidad, sino educación. Hay gestos que uno no se permite perder sin perder algo más. La escritura pertenece a esa zona de la vida que no admite abandono».

Ernst Jünger

«El estilo no se improvisa; se mantiene. Incluso en soledad, el hombre debe conservar su porte. La elegancia es una armadura ligera contra la disolución. Quien la desprecia cree ganar libertad; lo que gana es desorden».

Marcel Proust

«La vida verdadera, la vida finalmente descubierta y esclarecida, es la literatura. Pero para acceder a ella hay que abandonar la negligencia. La atención comienza en los detalles más pequeños, incluso en aquellos que nadie verá».

André Gide

«Uno no se viste para los otros, sino para la idea que tiene de sí mismo. El escritor que cuida su apariencia cuando trabaja se rinde honores anticipados: se comporta como si la obra ya existiera y mereciera respeto».