El arte del supermercado parece hoy universalizarse. Es accesible, así logra ocupar más tarta del público, su idioma es un instrumento de género periodístico, neutro y sin articulación, la quilla estética no ahonda más allá de dos centímetros, su paradigma es el cine y las series de televisión, no cambia al lector, no resuena en otros escritores, no es culturalmente profético. Es un arte de envase aséptico y trivial. Un precipitado de la publicidad y el márketing. Se acabó la era de los genios solitarios, de aquellos que con su obra subían increíbles ocho miles. Pero hay una salida plausible a este desafecto sistema cultural; una literatura que se encuentra entre el supermercado y la solitaria cumbre de las montañas. Una literatura que dialogue con su sociedad, que concierna a los lectores (pero no como simple entretenimiento), que agudice nuestra percepción, nuestros presupuestos y prejuicios, y nos familiarice con ciertos problemas contemporáneos que flotan implícita o explícitamente en el ambiente. Mucha literatura inglesa y norteamericana sigue esta vía, mucha literatura española e hispanoamericana también. Vano citar nombres. Se acabó el genio épico. Bienvenido al registrador de nuestros usos y costumbres, manías y sueños, obsesiones y deseos, motivaciones y aventuras. Porque el arte siempre fue el mejor espejo para saber quienes somos aquí y ahora, aunque la imagen que devuelve no sea justamente halagadora.
Arte de supermercado y arte interlocutivo
Publicado por christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura. Ver todas las entradas de christiansanz71
