
¿Irene?, esa mera adoración idiota del populismo más rancio, de la inmensa mediocridad no asumida, un abuso descacharrante del borreguismo, una entelequia gastada y acartonada de eslóganes y píldoras de eslóganes burdos, un abuso terco y latoso de la memez forrada de bobería, un canto de flautines toscos y tambores dogmáticos, una vociferante tertuliana de tele cutre. Sus ideas (?) son gominolas o chuches, ocurrencias sin sustancia, atrevidas y astronómicamente ignorantes. Desgraciadamente a mucha gente le gusta vivir engolosinada en la cutrez (ella, en lo material, no) y en la pobreza mental. Les gusta esa estética de desierto para no pensar y golpear a lo bobo, darle a la cucaña sin sentido. Tocar trompetas de juguete y plástico. Ser un eco o ventrílocuo de la gilipollez. Irene Montero, como que no sabe tocar el violín, toca la pandereta.
Uno se cansa de tantas bagatelas, fruslerías y nadería cerebral. Para nuestra desdicha esta señora es una apología de las más clamorosas limitaciones y, paradojalmente, todos sus méritos y éxitos no van más allá de la alcoba. Aviados estamos.
