Donde el farero recuerda a un antiguo pero único amor

photo of lighthouse on seaside during daytime
Photo by Maël BALLAND on Pexels.com

Aunque el mar y la noche sean dura sabiduría y genio, aquí no yace el paraíso.

Muchos años ya consumiéndose uno solo. La soledad es una orden monástica de reglas muy rigurosas.

El murmullo relampagueante de las olas te abriga a ti, naces oh mi amor fantasmal, marea que asciende y hermosa tierra primiginea.

Ahora (viejo y roto) siento las algas vivaces escarchando tus labios,

tus ojos mimosos como dos cachorros de pequeños galgos revoloteando por la torre,

las petit-suisses de tus pechos respirando igual que gemelos oseznos dormidos,

y tus cabellos dimanando oxígeno y camomila, con olor a naranjas y colofonia,

y tu cuello como un museo alejandrino donde retumban risas de lagares,

y los pies desnudos pisando helados charcos de champán,

ah estos objetos perfectísimamente bien labrados: brazos homéricos, nevadas piernas alsacianas, nalgas de gacela con el otoño oculto como sordina propia de un crooner, espíritu de caballitos de mar en el rímel de tu maullido gatuno.

Errantes árboles con chispeantes frutos de luz eran los sueños de tu alma,

contemplaciones diluyéndose en la piel de tu fuego de ave y tus praderas de dísticos.

Los enigmas del amor son del alma, pero un cuerpo el libro en que se leen.

Qué insensata o vulgar vanidad poseer ahora solo el mar, o bendecir las calladas voces de los astros sin gozar las albas contigo.

Apabulla la opulencia de mi silencio y mis nombres sin mundo,

envejece este largo olvido de solo poder ver la sombra de tu sombra.

La forma de mi penuria es proporcional a mi devoción por tu irracional quimera,

pese a que pasaron treinta años y pasaron treinta autistas navidades.

¿Dónde encontrar un rojo pájaro intenso, un jardín nativo, un bosque sagrado?

¿dónde un lecho para gozar entre tus labios arqueados?

Me pudro como el gusano que perdona al arado que lo parte en dos.

El mar y el cielo son incorruptibles, pero yo soy una compacta, una napoleónica pudrición.

No, no existe algo así como la felicidad, solo unos menores matices de dolor y melancolía.

No, no existe la felicidad, sino ocasionales momentos de felicidad si emerges majestuosa de las olas.

Cuando los gusanos hagan una cena fría con mi carne encontrarán vísceras de ti.

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