
Vigorosamente desprecio el fútbol. Bufones y pavos reales en calzoncillos, millonarios horteras analfabetos. Ya puedan las hordas impunemente desindividualizarse, gregarizarse, colectivizarse, muy contentos frente al televisor con una lata de cerveza bebida a morro y suspirar por asesinar al árbitro (con el coronavirus no podrán devastar el estadio y la ciudad que lo alberga)
Creo que es un deporte que entrena a la gente para ser estúpida. El embrutecimiento es la receta o panacea ideal para una sociedad condenada a convertirse en una suma de bacterias, una masa informe de bacterias gritando histéricas a favor de su equipo y en contra de la hinchada opuesta. El fútbol, en fin, adula inteligencias limitadas, ocios burdos tabernarias, inhóspitas y rutinarias y deprimidas vidas.
Comprar, poseer cosas en lugar de ideas, y tardes bulímicas de fútbol. Para que no termine el cencerreo de nuestras mentes (la primera palabra que dice un niño español es «goooool»)

Bravoooo, bravoooo… 🤜🤛
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