Traductor, traidor

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Yo, aquel que en otro tiempo modulé cantares al son de leve avena, y dejando luego las selvas, obligué a los vecinos campos a que obedeciesen al labrador, aunque avariento, obra grata a los agricultores, ahora canto a las terribles armas de Marte y el varón que, huyendo de las riberas de Troya por el rigor de los hados, pisó el primero la Italia y las costas lavinias. Largo tiempo anduvo errante por tierra y por mar, arrastrado a impulso de los dioses, por el furor de la rencorosa Juno. Mucho padeció en la guerra antes de que lograse edificar la gran ciudad y llevar sus dioses al Lacio, de donde vienen el linaje latino, y los senadores Albanos, y las murallas de la soberbia Roma.Así empieza La Eneida, editada por CLUB INTERNACIONAL DEL LIBRO.

La edición, el prólogo, y la preparación de la obra son de Enrique Rull.

Nada se sabe del traductor que, si no mejora, mereciera o mereciese que lo fusilen o fusilaran al amanecer.

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