Yo

Photo by Brenda Timmermans on Pexels.com

Mi nombre aparece a menudo en la boca de los vecinos

porqué cené alcohol, me vestí con abrigo de pieles en verano,

lancé unos gatitos contra el pozo sin agua,

ahogué a crías de pato en la pila bautismal

hasta que sus ojitos lloraban de un azul alzadísimo de giros de muerte,

porque estaba siempre junto a la familia en que nací.

Pero el dolor del sedal en mi cuello no es humano

(praderas que caen cojeando en los rotos meandros)

En mi cráneo anidan las voces de la locura

(mordiscos rasgando encías con clavadas cáscaras de huevo afiladas)

En mi corazón hay bultos de hez de vaca

(afortunadamente ser mortal es como un enorme tiburón que el arpón

convierte en totalmente revocable)

Lo sé hace siglos.

Ni noble ni calmado que me torturen

de veras las aves de una puta vez.

Con el aroma de una rosa río adentro.

Con la proa a toda velocidad en los juramentos soberbios del amor eterno.

Con un pececillo pequeño y rojo sanando la mente demente de mi madre.

Marta se desvanece en clase

y Supermán se queda en silla de ruedas.

Cuerdas negras en el viento como una soledad sin belleza.

A veces tiembla el retrato de los viejos muertos en las residencias de la peste.

A veces crece la sangre de la noche en crecida de hemorragia apocalíptica.

Todo es pecado.

Dios y el Demonio se besan en pecado.

Vivir es pecado!

Qué trecho hermoso de vida no tenemos por delante!

Mi literatura solo tiene un puerto: el afán irrefrenable de suicidio.

Nota bene: poema para que se confíen mis enemigos.

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