Del “Diario”

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(i)

Cero más cero

Por el sumidero,
por el desaguadero,
la sonrisa
pazguata
del tuitero.

(ii)

El detallismo, la lentitud, el tono moroso en la descripción como caer de un tobogán alto y enorme, los elementos verbales no reducidos a un mínimo común mineralizado, las descripciones anchas en estilo vívido, la provincia proustiana, el yelmo veteando todo de matices de James, la robusta originalidad faulkneriana, el concierto del subjuntivo, parecen atributos que rechaza la novela actual, obsequiosa con el ritmo rápido y la mímesis periodística.

Casi un correlato de la Era Hiperveloz es la prosa -corta, cortada en breves razzias, golpeando en sonantes staccatos delgados-, es la prosa, decíamos, de la época. Del picoteo al navegar entre vínculos de Internet, al picoteo de la novela acelerada y con oraciones de breve longitud y con ruidos de discoteca. No somos sensibles ni al oído ni al estilo. Admito -claro- que hay que mirar a través de la lente, pero, acaso, algo también con la lente.

Realismo de contenido y aplanamiento de forma no necesariamente es la fábrica óptima de las novelas La mejor defensa contra la mala literatura es una plena experiencia de la buena. Así -a lo mejor- cuando leemos con estallidos de gozo no mendaces, con placeres -puede que difíciles- verdaderos.

(iii) A los poetas de Instagram

“Todas las palabras [del poema] estaban mal; todas eran románticas, banales, probablemente las habían utilizado los supuestos poetas del s.XIX. Lo intentó de nuevo: ocres residuos, posos del corazón; parecía que se alejaba suficientemente del mal poema, pero no servía. Usó “corazón”, una de esas viejas e inadecuadas palabras. Pero, ¿por qué hay que escribir precisamente sobre el otoño, o sobre el amor “de esa manera”?. Palabras, poemas prohibidos. Todo ello demuestra lo mediocre que soy”. G. Bullet, El jurado.

(iv) Sí, él, él, el ke obra cola K.O.

El rey (ley) ninguno

creando (potando) basura

sin límite (apeiron) alguno:

natillas de cabrilleo de elvira

pepi, luci, seguro ishiguro.

A tomar pol culo.

(v) Con el respeto debido, pitido,

pipí disparo a tu Cupido, alicaído,

con tus rayos de Baco, corazones,

fríos güevos con bacon, mutaciones,

si te enfermas con Filis, cocaína,

ensueño con primos gilis, quinina.

Oh alivio de mi pena tu caca, perlada,

oh ojete granate tu letra y petaca, versiamada.

A sus pies, opus magnum, doña Paca, con mamada.

(vi) Si escribe de faunos, se convierten en cirujanos ortopédicos, si cita a Leibniz, suena a coscorrón estridente, si emociona, es con cursi moción de censura.

(vii)

-Lee a Marwan, resentido envidioso joputa
-El arte es largo y la vida corta

(viii) Si tuviera que apostar, apostaría a que ganaremos entre diez y quince medallas. Intervalo generoso dada la brivonería criminal típica de nuestro nivel de subdesarrollo.

Duda (no lo he soñado) en mí ha suscitado

una plebe que no manda y obedece

al horroroso unísono al imperio desgraciado.

Patria digna de desgobierno, escoria e infierno

de operetas bufas y expedientes de Asuntos Internos.

Un rey emérito aciago que se inmola constante

ante estragos o bragas que abandonó su amante.

Una pléyade de chupapollas con el burlando cuento

que ellos sí sufren sobresaltos y blandos tormentos.

No, abjuro de esta mugre de conejos, necios ingratos,

estudio Sálvame, y sé que merecen poco más que cobalto.

(ix) Por un verdadero diálogo de las “Dos culturas” (Sokal)

1. Saber de qué se habla.

Cuando Lacan identifica el número imaginario con la erección del pene dice una enorme chorrada. O cuando Kristeva usa la Teoría de Conjuntos de modo delirante. Etceterísima.

2. No todo lo oscuro es necesariamente profundo

Si leo a Lezama Lima, yo, muy a menudo, casi no entiendo nada, pero, por el tono, por la erudición y sobre todo por la maleabilidad y malabarismo idiomático, admito, intuyo con probabilidad y certeza que se trata de un genio. Pero si leo a otros autores parece que sin haber vivido una revelación gnóstica o bebido un chupito de Eleusis el acceso es imposible, y, su tono, o bien -mejor- tras análisis profundo, tras inversion -molesta y en burdo pasatiempo- en lo que escribe, se advierte casi sin duda que el autor es falsario, impostor o impostura

3. La ciencia no es un “texto”

La gravedad no es una novela ni las matrices un soneto con estrambote ni un constructo social arbitrario o convencional la ley de Gay-Lussac, ladies and gentlemen.

4. No copiar miméticamente las ciencias naturales

La literatura, claro claro, también tiene una dimensión cognitiva. Borrico el que niega asimismo la dimensión estética del lenguaje y cree que solo es un código artísticamente aséptico.

5. Desconfiar del argumento de autoridad

Las opiniones políticas de un arquitecto no tienen el mismo valor que sus conocimientos de cálculo o resistencia de estructuras. Idealmente TODOS podríamos llegar a las mismas ideas del científico invirtiendo sus años de estudio. Al no ser posible lo instituimos como una autoridad en su campo con toda legitimidad. Pero hay un bullicio de discrepancias científicas pleno de diferentes especulaciones en determinado campo de la ciencia (aquí poco vale el argumento) y también científicos que se ocupan u opinan de campos donde no son autoridades. A un físico en principio no le preguntaré cómo se hace una buena novela ni a Vargas Llosa de mecánica cuántica.

6. No confundir el escepticismo específico con el escepticismo radical

Dudar es bueno, si se duda con sentido.

7. Mucho cuidado con la ambigüedad utilizada como subterfugio

(x) Que tu mente sea para ti un reino, una corona. “Al servicio de Fortuna por sonar como le plazca”.

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