Mon frère!

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Su principal característica inventiva reside en la trivialidad. Soportar sus flagelaciones lingüísticas , galvanizarse con sus castrenses versos, aceptar su literatura, es como aceptar un virus o a un contertulio televisivo tartaja, como encontrarse un huevo podrido en la cesta o un Savonarola en el púlpito, como aceptar los graznidos de un corral en lugar de los murmullos rítmicos del bosque.

Ese poeta persigue la belleza con adoquines, mazas, martillos y palos, su lírica es lo mismo que si hubiera caído una bomba en una fábrica de poesía y millones de versos se hubieran vuelto tullidos y ciegos y locos. Su expresión es traqueteante como un cartílago roto, simple como el pensamiento de un futbolista.

Oh tú, poeta en bancarrota, alado y provinciano, encantador de modistillas y adolescentes con fracaso escolar, tú, ¡mon semblable, mon frère!

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