
Las dos hermanas gemelas van cogidas de la
mano. Ven a un mendigo justo al bajar la boca
del metro. “¿Qué le pasa, papá?”, pregunta
la más conturbada. “Es un ángel, un ángel rubio
que visita tus noches para cuidarte, o un brujo
que protege a las niñas de los negros aguaceros.
Sus ojos laten profundos porque así dan brillo
a las salamandras y a la Luna, con el pensamiento
es capaz de abrir claros en el bosque y transformar
al pájaro en dragón, al dragón en nube, y volver
otra vez a convertir a la nube en pájaro.
Es un príncipe de los lejanos países de la nieve,
que, en cafés, al salir del metro, escribe libros
y aconseja a los sabios del mundo. Pide monedas
para vivir, es verdad, pero os ofrecerá una rosa
para que nunca olvidéis por qué vivir.
Que no os engañen los ojos:
es el Emperador de los Bombones Tutti Frutti.”
