¿Tenemos la televisión que nos merecemos?

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Es importante señalar que todos somos culpables, en cierta medida, de que haya basura televisiva. Unos por producirla, otros por emitirla y otros por tragársela y no protestar por ello. Aunque quizás sea excesivo afirmar que tenemos la televisión que nos merecemos porque los medios de comunicación siempre tienen y tendrán mucho más poder que la audiencia, hay una desigualdad evidente entre quien comunica y quien recibe la comunicación. Victoria Camps argumenta que la audiencia no tiene muchas opciones frente a los medios de comunicación: puede no verlos, puede no leerlos, no comprarlos, pero la iniciativa de qué temas serán de interés público partirá siempre de los medios.

A este respecto son ciertas y palpables todas las teorías de la opinión pública acerca de que los medios canalizan la realidad y dictan sobre qué y cómo se tiene que opinar. Si bien es cierto que la audiencia se recrea en ciertas cosas, que no se autocontrola y que no exige una programación de mayor calidad y variedad. Mientras se piense de este modo, es difícil poder reclamar que la televisión mejore. No hay lugar para la ética y la calidad cuando se acepta como dogma otorgar al público lo que pida, medido mediante índices de audiencia, en ocasiones, manipulados. Como bien dice Hugo Aznar, “la cultura de la responsabilidad ha dado paso a la política de la satisfacción de la audiencia a cualquier precio, y con ello al imperio del mal gusto”.No obstante, si nos centramos en la crítica del sistema de audiencia lo que se puede decir es que no está ni mucho menos claro que las elecciones que los individuos hacen con su mando a distancia sean tan libres como se nos hace creer. La cuestión estriba en lo que se entiende por elección o preferencia. AZNAR, «Naturaleza de la comunicación audiovisual: “todo por la audiencia”», en Ética de la comunicación y de la información, Ariel, Barcelona 2002, pp. 55-74.

Telebasura, ética y derecho: límites a la información de sociedad en televisión. Más bien solemos pensar que una persona es verdaderamente libre cuando su elección se hace bajo ciertas condiciones que pueden incluir: elconocimiento exacto de lo que quieren elegir, variedad en las ofertas de elección, información amplia y contrastada de aquello que es motivo de elección, etc. Así, por ejemplo, si me engañan o me manipulan y yo llego a saberlo,podré elegir libremente que esto no vuelva a ocurrir, pero sería extraño decir que he elegido libremente cuando no soy consciente de que hay engaño y manipulación. Las condiciones de una elección plenamente libre no suelen cumplirse nunca del todo (sería un mundo perfecto, una utopía), pero cuanto más se den en un contexto de elección real, auténtica, más correcto y legítimo, por tanto más libre, será el resultado. La cuestión por tanto se reduce a esto: observar qué condiciones hacen más libre una elección y comprobar si dichas condiciones se dan cuando la audiencia elige un programa u otro de televisión. Porque si estas condiciones no se cumplen o se cumplen muy poco, se podrá decir que la elección de la audiencia es voluntaria pero no se podrá afirmar que es libre. A la vista de todas las consideraciones que hemos expuesto, desde la perspectiva jurídica y ética, podemos concluir de nuestro estudio, los siguientes puntos para la reflexión:

1. Todos los teleoperadores deben abstenerse de emitir cualquier contenido contrario a los derechos fundamentales de las personas y que puedan perjudicar seriamente al desarrollo físico, mental o moral de los menores y de cualquier telerreceptor mayor de edad.

2. No sirve el argumento de que hay oferta porque hay demanda, la emisión de estos contenidos calificados como “telebasura” no puede hacerse en horario de máxima audiencia sino que debería ser entre las diez de la noche y las seis de la mañana del día siguiente. Por todas las razones reseñadas anteriormente, defendemos el denominado “horario-protegido” y las señales acústicas deben ser aplicadas a todo contenido televisivo.

3. Otro argumento a favor de la basura-televisiva es que un excesivo control es propio de un “estado intervencionista” y por tanto se trataría de censura televisiva característica de un sistema dictatorial. En contra podemos afirmar que un contenido televisivo parcial, subjetivo, contrario al pluralismo e irrespetuoso con las personas sería propio de un “estado intervencionista”de corte nacionalsocialista por lo que de adoctrinamiento conlleva.

4. No “vale todo” en cuanto a la televisión-espectáculo se refiere. Existen unos límites constatables para la información de sociedad, para el entretenimiento.

La ética y el derecho de la información en los programas de telerrealidad. Estos límites los marca el propio precepto constitucional en lo referido a la protección total y primacía absoluta del honor, la intimidad y vida privada, la propia imagen y la juventud y la infancia y, además del ámbito jurídico, son principios deontológicos básicos presentes en cualquier código de la comunicación audiovisual.

MEDIDAS PROPUESTAS

Como resultado de esta investigación y de las conclusiones a las que hemos llegado, planteamos las siguientes medidas con la intención de eliminar, en la medida de lo posible, de la programación estos “contenidos-basura”.

• Se propone el impulso de la autorregulación entre los operadores para evitar comportamientos televisivos contrarios a los principios éticos y al ordenamiento jurídico de nuestro país. Teniendo en cuenta que la televisiónque queremos debería ser la “embajadora” de España ante los extranjeros y en el extranjero.

• Este organismo de regulación de contenidos debería tener autoridad para resolver una “reclamación de cesación de difusión” similar a la diseñada en el sistema de la Asociación para el Autocontrol de la Publicidad, o similar al sistema propuesto en la Ley General de Publicidad. Su contenido podría ser objeto de un desarrollo posterior que desborda los límites y las pretensiones iniciales de este trabajo.

• Conseguir que los empresarios-anunciantes RENUNCIEN y se OPONGAN a que los anuncios de sus productos y/o servicios sean emitidos antes, durante,o después de contenidos de basura-televisiva.

• Para ello se propone el diseño de un “sello ético” de respeto a las normas deontológicas y al ordenamiento jurídico que sería otorgado a las empresas cumplidoras de pactos que renuncien o se opongan a la emisión relacionada con “contenidos-basura”.

(extractado de un «paper» sobre la televisión basura. En mi libreta de notas, desdichadamente, no apunté el nombre de los autores)

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