Diario de un esquizofrénico 30

«Todas las palabras [del poema] estaban mal; todas eran románticas, banales, probablemente las habían utilizado los supuestos poetas del s. XIX. Lo intentó de nuevo: ocres residuos, posos del corazón; parecía que se alejaba suficientemente del mal poema, pero no servía. Usó «corazón», una de esas viejas e inadecuadas palabras. Pero, ¿por qué hay que escribir precisamente sobre el otoño, o sobre el amor «de esa manera»?  Palabras, poemas prohibidos. Todo ello demuestra lo mediocre que soy«. G. Bullet, El jurado.

Mi escuela de literatura fueron las redes. Fijándome en sus no pocos buenos escritores fui mamando técnicas y cocinas de escritura. Aprendo (todavía) igual que una esponja.

La parte del león de mi formación académica fueron las matemáticas, y una pequeña parte filosófica. En literatura soy todo agujeros y lagunas y limitaciones. Aunque sigo siendo todavía un escritor mediocre y diletante, y a veces “refistolat”, admito que he progresado. Al principio me celebraban grupos de Facebook (incluso gané dos o tres veces la insignia virtual de escritor del mes en un par de ellos), pero todo brotaba con un tono bochornosamente meloso. Rápidamente me di cuenta que ese no era el camino, viré y me enmendé.

Me considero ya un escritor menos mediocre que la media de la mayoría de los escritores, lo que supongo me convierte ipso facto en escritor, je je.

***

Entre los trabajos de bronce de los antiguos se cuentan también las monedas, de cuño diverso entre los griegos, según la época de las fases de su arte. Se pasó de un cuño más liso a otro de más relieve. Uno, más esmerado, el otro, más tosco.

Ese gran personaje que fue Johann Joachim Winckelmann, descubrió en la Villa Albini una inscripción que hacía referencia al dorado de las monedas:

                                    D.M.

FECIT. MINDIA. HELPIS. IVLIO. THALLO

MARITO. SVO. BENE. MERENTI. QVI. FECIT.

OFFICINAS. PLVMBARIAS. TRASTIBERINA.

ET. TRICARI. SVPERPOSITO. AVRI. MONETAE.

NVMVLARIORVM. QVI. VIXIT. ANN. XXXII. M. VI.

ET. C. IVLIO. THALLO. FILIO. DVLCISSIMO. QVI. VIXIT.

MESES. III. DIES. XI. ET. SIBI. POSTERISQVE. SVIS.

Mutatis mutandi, y pensándolo bien, no es mal, nada mal epitafio para un escribidor.

Me gustaría escribir –concluyo- con algún ocasional destello de mármol que dorase mis borradores.

Gracias maestros de las redes; mi privada “Generación Facebook”.

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