Demencia digital 4

¿Intelectuales? Lingüistas que pergeñan un misticoide brebaje espiritual de autoayuda, escritores, con un desmedido aire de su importancia, que opinan sobre los asuntos públicos con muy poco aprecio a la investigación y la base empírica, sustituyendo el método científico por el juicio subjetivo.

Observemos: “La tiranía por lo usual se templa con asesinato, y la democracia debe ser templada con cultura. En ausencia de esto, se convierte en una representación de la locura colectiva”, J. S. Mackenzie. La gente del común considera «intelectuales» a mentes de una mediocridad insalvable y embarazosa (periodistas, escritores, músicos, actores, presentadores de televisión, directores de cine, influencers de internet, estrellas del campus, profetas del mercado…)

Para mí un intelectual es :

(a) aquel que aspira a una visión general, panóptica, a una tentativa cosmovisiva del mundo y la existencia, que los entiende o pretende entender, y para ello sube, al menos unos pocos peldaños, por encima de la escalera de la opinión común, a menudo tan degradada.

(b) aquel que con sus enseñanzas quiere hacer ilustrados y más virtuosos a los hombres, que se ocupa, en resumidas cuentas, de la perfección del hombre como ciudadano (ya desde Cicerón encontramos esta definición del hombre letrado o educador)

(c) aquel que pretende transformar las mentes o las instituciones de los hombres para hacerlas más responsablemente libres, justas y racionales, por lo que delata casos de oprobio o deshonra, casos de abuso de poder, como de modo pionero pasó con la defensa del protestante Calas por parte de Voltaire, o del honor del judío Dreyfus por parte de Zola.

(d) aquel que no teme la impopularidad ni los caracteres anti-intuitivos de las conclusiones de la cadena de sus inferencias. A menudo en la historia de la ciencia o de la filosofía encontramos a autores que desafiaron la ortodoxia y el statu quo.
***
«Constato, más cada día, que el mundo de ayer, el mundo de aún hace poco, se hunde. No sé si en lo futuro -tras esta Edad Media- vendrá un tiempo más rico y de fulgor; supongo, pero ahorita todo es más feo, más agraz, más áspero, más sórdido. Un tiempo de vulgaridad e ignorancia. No lo entiendo, no me gusta. Nuestros templos caen y nuestras letras con ellos. La grisalla es atroz. La oclocracia, detestable. Hace ya años que vivo refugiado, huyendo. Pronto no habrá nada o casi nada», Villena, fragmento del Postfacio a su poemario «Lujurias y apocalipsis«, Visor.

El mundo se derrumba, o está caído ya. La cultura en trance de desaparecer (Jordi Gracia no lo cree así), si no desapareció totalmente. Los califas abásidas los esclavizan como mamelucos, y la plebe se goza en sus cadenas, probablemente porque no entienden ni saben lo que es la Libertad y la Riqueza. Peinaovejas lechuguinos, pánfilos simplones de cerebro calloso, nos gobiernan. Los políticos son o incapaces o esportularios (disyunción no excluyente)

Parece este mundo diseñado para paleros y paletos. Los intelectuales no pueden hacer nada más que quedarse en casa leyendo y estudiando, a no ser que hables de Montoya, de pelis porno y Boris Izaguirre. Ponerte a explicar a Musil, Monteverdi, Weierstrass, Tibulo, Calderón, Cantor, Escoto Eriúgena, Gauss, Mondrian, Quine, Debussy, Foix, pero ¿alguien los conoce?

***

Con la mirada puesta en el abismo que se avecinaba, Hayek decidió formar una sociedad comprometida a persuadir a los intelectuales, y por ende a las masas y a sus líderes políticos, de que cambiaran de rumbo. Esta sociedad reuniría a las figuras más destacadas del liberalismo clásico para que se iluminaran y alentaran mutuamente. Incluiría a ingleses como Lionel Robbins, John Jewkes y Michael Polanyi; austriacos emigrados como Ludwig von Mises, Fritz Machlup, Karl Popper y, por supuesto, el propio Hayek; americanos como Henry Hazlitt, Frank Knight, Milton Friedman, Aaron Director y George Stigler; alemanes como Wilhelm Röpke y Walter Eucken; franceses como Maurice Allais y Bertrand de Jouvenel; y otros europeos occidentales.

En abril de 1947, los hombres mencionados y otros -39 personas en total, procedentes de 17 países- se reunieron en Suiza y formaron la Sociedad Mont Pèlerin. Adoptaron una Declaración de Objetivos que describía brevemente su visión de la crisis imperante:

«En grandes extensiones de la superficie terrestre ya han desaparecido las condiciones esenciales de la dignidad y la libertad humanas. En otras, están constantemente amenazadas por el desarrollo de las tendencias políticas actuales. La posición del individuo y del grupo voluntario se ven progresivamente socavadas por extensiones de poder arbitrario».

La declaración concluía:

«El grupo no aspira a hacer propaganda. No pretende establecer ninguna ortodoxia meticulosa y obstaculizadora. No se alinea con ningún partido en particular. Su objetivo es únicamente, facilitando el intercambio de opiniones entre mentes inspiradas por ciertos ideales y amplias concepciones comunes, contribuir a la preservación y mejora de la sociedad libre».
***
Se me ocurre una reviviscencia de la Sociedad Mont Pèlerin. Que anualmente se reunieran intelectuales de primera fila, de auténtica categoría, no pintamonas ni figurones, y discutieran, debatieran y se estrujaran las mientes ante la miríada de nuestros nuevos problemas, que ya no son la disctadura soviética, las dictaduras fascistas, la nacionalización de las industrias, la pobreza de posguerra, sino la IA, el cambio climático, el populismo político, la degeneración de la educación, la defección de la alta cultura, la influencia de la tecnología ETC…

Se echa de menos la inteligencia en el debate público, y sobran «tertulianos» u opinadores de características francamente ridículas.

***

Lean con atención: «A l’empara de l’Institut Internacional de Cooperació Intel·lectual, creat per l’ONU, es van celebrar a París, entre 1924 i 1937, unes continuades conversacions, o col·loquis (entretiens), per debatre el passat, el present i el futur d´Europa en un moment històric, entre les dues guerres mundials, en què semblava necessari un plantejament a fons de la civilització del continent. Durant aquests anys una colla de grans intel·lectuals europeus es van reunir un cop l’any, durant tres dies, per abordar temes que tocaven diferents aspectes d’aquesta matèria, més ideal i etèria que corpòria, anomenada “l’esperit europeu”. La iniciativa no deixava de posseir unes beatífiques intencions: tan beates que, quan el realisme del III Reich es va imposar, ja no es va parlar més ni de l’esperit, ni de la ment, ni de l’ànima del nostre continent, i les trobades es van acabar. En va quedar la publicació de vuit reculls de les ponències presentades al llarg d’aquells anys, avui una col·lecció raríssima, amb el títol general d’Entretiens, dedicats a GoetheEl futur de la culturaEl futur de l’esperit europeuL’art i la realitatLa formació de l’home modern, Cap a un nou humanismeEuropa i Amèrica Llatina i El destí pròxim de les lletres.

El col·loqui corresponent a l’any 1933 va estar dedicat a “El futur de l’esperit europeu”. Hi van participar, entre d’altres, Paul Valéry, president ―en aquell temps ho presidia tot―, Henri Bonnet, diplomàtic, Léon Brunschvicg ―un dels grans filòsofs francesos de la primera meitat del segle XX―, Jean Cantacuzène ―savi romanès dedicat a la biomedicina―, Georges Duhamel, Henry Focillon, Josef Huizinga, Aldous Huxley, el comte de Keyserling, Salvador de Madariaga, Thomas Mann i Jules Romains: tots savis, tots demòcrates (menys Keyserling, que era un aristòcrata zombie), tots prohoms de diversos països del continent. Marie Curie hi va treure el cap.

L'escriptor Paul Valery (1871 - 1945).
L’escriptor Paul Valery (1871 – 1945).Gisele Freund (Photo Researchers History / Getty Images)

No n’hi havia gairebé cap que fos realista, i això que Europa es trobava davant la doble amenaça italiana i alemanya. Keyserling, que era espiritualista, creia que la raó il·lustrada no ho podia tot i que calia tenir present les “forces tel·lúriques” que animen els éssers vius (no li van fer gaire cas); pitjor encara, va expressar que “si els pobles prefereixen en un determinat moment un règim autoritari a un règim liberal, hem d’acceptar-ho” ―era alemany i estava casat amb una neta de Bismarck. Huizinga va ser l’únic que va abordar el tema des d’un punt de vista històric, recordant que la “civilització europea”, com a fenomen homogeni, només havia estat tal cosa poques vegades: va esmentar l’imperi de Carlemany, l’orde de cavalleria, l’expansió de l’humanisme italià —puntualitzant que l’únic humanista europeu de debò havia estat Erasme―, el valor universal de la ius gentium, la república de les lletres del segle XVIII i el caràcter ecumènic del catolicisme; però va afirmar que, a partir del Romanticisme, Europa havia conegut l’auge d’un nacionalisme outré (ultra), “que pot esdevenir una amenaça molt greu”. Era l’any 1933, i no s’equivocava. De passada, va considerar que el desenvolupament de la tècnica podia desembocar en un perfil homogeni de tots els ciutadans del continent, però tothom minvat en l’ordre espiritual. I així ha succeït. Duhamel va afirmar que sense una educació adreçada a construir una memòria rediviva del llegat jueu, grec, romà i cristià, no hi hauria mai una consciència real de l’esperit europeu. Huxley, el més simpàtic, va reblar, en un gest que avui semblaria reaccionari (no llavors), aquesta idea: deixeu que la plebs consumeixi productes culturals mediocres i s’engresqui amb el folklore, però forgeu almenys una aristocràcia espiritual capaç de fruir amb Beethoven ―no Wagner, que “expressa coses en el fons bastant innobles”, va dir―, Maupassant i Dostoievski. I va rebentar la vulgaritat general i galopant dels seus dies: “No és cap casualitat que l’alça del nivell de vida durant el segle XIX hagi anat acompanyada d’un expandiment general de la vulgaritat”. (T.S. Eliot, Mann, Musil i els Noucentistes catalans hi haurien estat d’acord.) I acabava: “És un mal [la vulgaritat] que no es curarà del tot, però em sembla que pot atenuar-se, sobretot amb l’educació”. Uns quants més van tornar a la qüestió del nacionalisme, que els obsessionava. William Martin, de Suïssa, va engegar: “Els pitjors enemics de l’europeisme són els nacionalismes” ―la Confederació Helvètica no els coneix. I Madariaga no va dir res interessant, seguint un costum molt propi.

Al cap de tres dies es van acomiadar, van continuar els col·loquis fins a l’any 1937, es van assentar les bases per a la fundació d’una Societat d’Estudis Europeus que mai va existir i que havia de ser eficient i activa en el camp de la política, la propaganda i l’educació pública, i no hi va haver més entretiens. No és que aquells grans intel·lectuals no l’encertessin en les seves crítiques i els seus diagnòstics; només va passar que, sense que ells mateixos se n’adonessin, l’era daurada del prestigi i el poder dels intel·lectuals ―avui rebentats pels ignorants tecnificats, que són legió― ja feia temps que s’havia acabat».

Deja un comentario