¡No existe patria! No es más que la tierra de los amos sádicos y los siervos tontos, los que tienen los cuartos y los que tienen el bolsillo como un colador, la denostada minoría ilustrada y la gran masa tabernaria y futbolera. España no es una patria, es una casa de locos regentada por unos proxenetas que nos envían a cascársela con discursos de párvulos en el hemiciclo ¿Qué es España? Una enorme mentira rojigualda para que los imbéciles se dejen imbecilizar todavía más con su sonrisa patriotera. Me cago en su patriotismo.
El español, de cabeza apepinada y obtusa, es un animal doméstico que se cree libre porque le permiten ladrar en el bar. Un pueblo de mezquinos, de energúmenos, de pacatos y paletos, de soplones, que ha sustituido el alma por la burocracia y el honor por una cuenta bancaria. España apesta a cadáver mal enterrado, a gloria rancia y a sopa recalentada. Nos creemos la luz del mundo y solo somos una bombilla fundida en el pasillo de un burdel en decadencia.
España es un país de analfabetos espirituales, una cloaca cultural donde cualquier destello de inteligencia es inmediatamente sofocado por la hipocresía y el provincianismo. Los españoles son una masa embrutecida que por la mañana va al bar a emborracharse y a pedir perdón por los crímenes que cometerá por la tarde, un pueblo que vitoreó a Franco y que ahora finge ser su primera víctima, cuando en realidad son todos los analfabetos más corruptos y más violentos y más mezquinos de la historia de Europa. Este país es una trampa mortal para el espíritu, un asilo de alienados que se creen el centro del mundo porque juegan al fútbol mientras huelen a estiércol y a rancio.
Me asquea esta España oficial, pomposa, de desfiles y fallas y tortilla cebollona, de toros y santos patronos, de telebasura y bingos, no es más que un decorado de cartón piedra para ocultar el vacío de un pueblo que teme al pensamiento libre como al demonio. Me niego a comulgar con vuestras ruedas de molino patrióticas. Vuestra patria es un cepo para la mente, un tribunal permanente que exige sumisión o destierro. Yo elegí el destierro para no tener que respirar el aire viciado de vuestras sacristías y vuestros parlamentos.
País de beatas rijosas, de botellones y burgueses sin asomo de cultura. España gris, mediocre, ordinaria y zafia. España que premia al mediocre, al sumiso, al que se adapta al canon de la grey. Pero al disidente, al inteligente, al que busca la Grecia o Roma clásica en mitad de este páramo de hormigón y turismo, se le aísla o se le mira como a un bicho raro.
Siendo así las cosas, que se extingan los españoles, que no quede ni uno, y se sustituyan por tenderos ingleses, por los negros con sus lanzas, por todos los americanos con sus arepas y sus guayabas, por todos los árabes con su petróleo y sus mezquitas.
