Cornaro 195

Hoy acabé mi decimotercer libro. Me gustaría titularlo «tarannà», pero la palabra es catalana e intraducible. Hay no pocos equivalentes o aproximaciones al español, pero, rebuscando en viejos diccionarios históricos, hallé una desusada palabra de significado con cierto aire de familia: CONDIGNO. Una bellísima palabra olvidada que hacía referencia a la proporción, propiedad o correspondencia de la manera de ser de alguien con su entorno o su estirpe. Suena misteriosa y literaria. Así se titulará mi libro.

Nebrija traduce condigno al latín como dignus, muy digno o sumamente proporcionado. En las mentalidades del siglo XV, la condignidad de un hombre era su comportamiento proporcionado a su linaje, a su moral o a su naturaleza interna. El Diccionario de Autoridades (RAE, Tomo II, 1729) define condignidad como: «La proporción del mérito con el premio, y del delito con la pena». Define condigno como: «Lo que es proporcionado, correspondiente y debido a otra cosa». Condigno suena imponente, culto, y evoca la justicia de ser fiel a la propia naturaleza. Buen título.

Escribir el primer libro es un acto de fe; escribir el decimotercero es un acto de fidelidad. La satisfacción ya no es demostrarle al mundo que puedes hacerlo, sino demostrarte a ti mismo que el fuego sigue ardiendo, a pesar de todo lo que ya ha quemado, acaso fútilmente.

Siento una alegría medida, moderada, un airón fresco y grato.

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