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Es imposible hablar de Roger Scruton y los periodistas de izquierdas sin mencionar lo que le ocurrió en 2019. El periodista George Eaton, del semanario de izquierdas «New Statesman», le hizo una entrevista y publicó en redes sociales frases de Scruton totalmente sacadas de contexto para hacerle pasar por racista e islamófobo. Esto provocó que el gobierno británico destituyera fulminantemente a Scruton de un consejo asesor estatal.

Meses después, tras publicarse los audios completos de la entrevista, se demostró la manipulación periodística, el medio tuvo que pedir disculpas y Scruton fue restituido. Al reflexionar sobre este ataque de la prensa de izquierdas en sus últimos meses de vida, Scruton escribió en «The Spectator»: «Durante este año se me quitó mucho: mi reputación, mi posición como intelectual público, mi tranquilidad, mi salud… Vivimos en una cultura donde los periodistas no buscan la verdad a través del diálogo, sino la estimulación placentera de la indignación moral. Se comportan como una jauría ideológica donde el objetivo no es debatir con el conservador, sino aplastarlo y expulsarlo del espacio público».

A Santaolalla, Villacastín, Arroyo, García Montero et caetera, dada su resentida estructura mental totalitaria, les viene bien abotonada esta misma cita de Scruton: «A la gente de izquierdas le resulta muy difícil llevarse bien con la gente de derechas porque creen que son malvados. En cambio, yo no tengo ningún problema en llevarme bien con la gente de izquierdas, porque simplemente creo que están equivocados. Para el periodista o el intelectual progresista, la política no es un conjunto de soluciones prácticas a problemas complejos, sino una postura moral. Por lo tanto, si tú no compartes sus conclusiones, no es que tengas un argumento diferente: es que careces de compasión, eres un inmoral o un defensor de privilegios injustificables. La izquierda ha logrado monopolizar la virtud de tal manera que el desacuerdo con ellos se penaliza automáticamente con la excomunión social».

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