Aberraciones como rechazar las matemáticas por considerarlas «racistas» o cuestionar la medicina basada en la evidencia, la modificación gramatical sistemática (el uso de la «e» o la «x»: todes, nosotres, niñxs), la censura de discursos, libros, películas o conferenciantes que puedan resultar «ofensivos», enseñar a la gente a buscar ofensas ocultas en interacciones cotidianas e inocentes, o argumentar que el esfuerzo y el talento individual son mitos diseñados para mantener el statu quo… éstas y otras mamarrachadas definen a la izquierda posmoderna.
El posmodernismo es un invento de intelectuales parisinos que no tienen nada útil que decir, pero quieren proteger su estatus académico con un lenguaje deliberadamente oscuro e incomprensible. Cuando observas lo que realmente proponen, te das cuenta de que rechazan la ciencia, la racionalidad y la Ilustración. Históricamente, la ciencia y el pensamiento racional han sido las herramientas más poderosas de los oprimidos para desenmascarar las mentiras de los poderosos. Decirle a la gente pobre o marginada que la verdad científica es solo un ‘invento eurocéntrico’ es condenarlos a la ignorancia y asegurar que sigan sometidos, razona un activista de izquierdas como Chomsky.
La cultura woke ha creado una nueva religión laica, pero con una diferencia crucial: es una religión que no ofrece el perdón. Si cometiste un error hace diez años, si usaste una palabra que hoy es tabú, eres cancelado permanentemente. Se ha santificado el victimismo; la víctima ya no es alguien que ha sufrido un daño y busca justicia, sino alguien que adquiere una autoridad moral incuestionable por el simple hecho de serlo. Esta dinámica pervierte la justicia, premia el resentimiento y castiga la excelencia en favor de la conformidad ideológica. Tiempos oscuros. Ideología vaporosa e imbécil.
