Algunas observaciones técnicas al artículo:
(i) «Muy pocas de las voces beligerantes contra la revuelta puigdemónica ha dicho algo…»: Hay un error flagrante de concordancia de número. El sujeto es plural («Muy pocas de las voces…»), por lo que el verbo debería concordar en plural: «han dicho algo».
(ii) «…el último de Mary Beard, Clásicos sin filtros, donde cita…»: El pronombre relativo «donde» se utiliza para indicar lugar. Aunque en el periodismo actual se tolera su uso para obras o libros, formalmente es un anacronismo o descuido expresivo. Debería decir «en el que cita» o «en cuya obra cita».
(iii)«…recordar que uno de los argumentos más imponentes contra el procés y la posterior amnistía fue que la insurrección independentista extranjerizaba a millones de catalanes…» La frase es larguísima y carece de una puntuación que fatigue menos al lector.
(iv)En el último párrafo: «…pueden hilvanar bellos discursos sobre la igualdad mientras los peleles de Esparta, los aventureros y las mujeres que vierten libaciones sobre las tumbas forman un paisaje pintoresco…». Introduce tantos elementos subordinados en una sola oración que el núcleo del predicado queda excesivamente alejado, dificultando la fluidez.
(v) Del Molino equipara la pérdida de derechos cívicos de ciudadanos ya constituidos (los catalanes constitucionalistas en 2017) con la falta de regularización de personas extranjeras en 2026. Legal y conceptualmente son realidades opuestas: el constitucionalismo de 2017 defendía el estatus quo del marco legal vigente; la regularización de inmigrantes exige la modificación o aplicación de un marco legal distinto. Tratar ambos fenómenos como «la misma discriminación» es un reduccionismo conceptual.
(vi) Aglutina a un grupo heterogéneo («constitucionalistas de 2017», «eruditos», «juristas») y les adjudica de forma unánime un silencio cómplice con Vox o una actitud clasista. No aporta matices ni excepciones, asumiendo que cualquiera que defendiera la Constitución en 2017 hoy es un «obsequioso con Vox» o un racista encubierto.
(vii) Afirmar que «el constitucionalismo solo era una careta para hacer presentable un clasismo» es un juicio de intenciones indemostrable. Convierte un argumento de derecho público (la soberanía nacional) en un prejuicio socioeconómico privado (el desprecio al camarero) mediante una pirueta psicológica, no lógica.
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El estilo de Del Molino en esta columna es pretencioso, moralista y atrapado en su propia pirotecnia cultural. El autor peca de aquello mismo que critica: utiliza la erudición clásica (Atenas, Roma, MacNiece, Mary Beard, Demóstenes) para epatar al lector, cayendo en el mismo exhibicionismo intelectual que les reprocha a los «sabios en latines». Es un texto que busca más la superioridad moral que la claridad analítica. El resultado es un texto artificial, donde se nota demasiado el andamiaje del columnista que quiere epatar.
Me cae mal Molino. Tiene ese tufillo por el que se cree el único capaz de leer y articular una subordinada, por no hablar de su propensión cucañista en la carrera literaria. «…eam ob rem me spernis?» (Plauto). En fin.
