El artículo habla de la «división en el jurado popular de X». Argumentar requiere un emisor dispuesto a razonar y un receptor dispuesto a escuchar. En las redes sociales, el usuario no opera como un analista, sino como un miembro de una facción futbolística. Cualquier intento de argumento técnico es fagocitado de inmediato por el sesgo de confirmación. Si analizas críticamente la medida del juez, eres un «defensor del gobierno». Si consideras razonable la retirada de pasaporte, eres un «fascista mediático». La plataforma penaliza la zona gris —donde reside la verdadera argumentación— y premia los extremos.
Un buen argumento necesita premisas, desarrollo, datos y conclusiones; un tuit solo necesita un buen zasca, una dosis de ironía y apelar a las vísceras de su parroquia.
Irving M. Copi y Carl Cohen, en su clásico «Introducción a la Lógica», definen el argumento de la siguiente manera: «Un argumento es un grupo de proposiciones del cual se dice que una de ellas se sigue de las otras, consideradas como base o fundamento para la verdad de este. […] Para cada argumento posible hay una estructura correspondiente, y esa estructura se analiza a menudo en términos de premisas y conclusión. La conclusión de un argumento es la proposición que se afirma con base en las otras proposiciones del argumento, y estas otras proposiciones, que son afirmadas (o supuestas) como apoyo o razones para aceptar la conclusión, son las premisas de ese argumento».
Para Frans H. van Eemeren y Rob Grootendorst, la argumentación es una actividad verbal, social y racional apuntada a convencer a un crítico razonable de la aceptabilidad de un punto de vista mediante el avance de una constelación de una o más proposiciones para justificar este punto de vista. Como actividad verbal, la argumentación se realiza por medio del lenguaje oral o escrito. Como actividad social, es un proceso interactivo entre dos o más participantes. Como actividad racional, se basa en consideraciones intelectuales de las cuales el argumentador rinde cuentas. La meta de la argumentación es resolver una diferencia de opinión de manera que los participantes puedan determinar si el punto de vista es aceptable o no sobre la base de las razones presentadas.
Por su parte, Douglas Walton insiste en que un argumento es un medio de transmitir razones de una persona a otra, con el fin de resolver un problema o una duda en un contexto de diálogo. El propósito central de un argumento es guiar a la otra parte hacia la aceptación de una tesis o conclusión, demostrando que dicha conclusión se apoya en premisas que la otra parte ya acepta, o que son plausibles por sí mismas dentro del marco del diálogo establecido. Esto requiere un compromiso mutuo de seguir reglas de relevancia, claridad y honestidad intelectual.
En los tuits citados en la crónica (como el de Rafa Cuíña: «En la OTAN se va a armar hasta los dientes…»), no hay premisas lógicas, sino ironía y sobreentendidos. El autor asume que el lector ya comparte sus sesgos. No se busca demostrar la verdad de una proposición, sino lanzar un dardo retórico. X sustituye el silogismo por el entimema truncado. El objetivo del tuitero no es resolver una diferencia de opinión con el adversario, sino humillar al adversario para recibir el aplauso de su propia tribu (en forma de likes y retuits) Los manuales de lógica asumen que el ser humano argumenta para esclarecer la verdad. X está diseñado para monetizar la atención. Mientras que la lógica informal exige pausa, concesión al argumento del otro y desarrollo de premisas, la plataforma digital exige velocidad, caricaturización del rival y sentencias tajantes.
Las ideas que acabo de expresar son obvias. Simplemente quise hacer explícito algo que todos intuimos de forma implícita. A veces esta tarea reflexiva puede tener su pequeña importancia.
