Burton 86

Sin duda, la novela de Socorro Venegas debe de ser emocionante y apunta a un tema candente. Pero el lector puede empezar a sentir (en esta insidiosa época de guerras culturales, de tirios y troyanos en sus trincheras) que está leyendo el mismo libro vez tras vez: la misma sobada armazón de autoficción, el mismo tono de lamento y la misma explotación del trauma.

Al masificarse, el impacto bruto emocional (permítanme que lo llame de esta manera pinturera) se diluye e, inevitablemente, genera apatía. Cuando el mercado se obsesiona con una línea temática, procede a encasillar a los escritores. A un autor de origen indígena se le exige, casi de forma obligatoria, que escriba sobre su identidad. Si decide escribir una novela de ciencia ficción, una trama de terror o un ensayo abstracto sobre la fecundación de las mariposas, el mercado muchas veces lo rechaza porque «no cumple con lo que se espera de él». La moda termina limitando la libertad creativa de los mismos autores que pretendía visibilizar.

Quede claro que la discriminación, la pérdida de una lengua o el duelo siguen siendo dolores reales. El reto de la literatura actual es encontrar novedosas formas estéticas, lenguajes disímiles y estructuras originales para contarlo, evitando caer en el tópico. Un tópico que el mercado editorial consume y desecha cada temporada.

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