A ver, el artículo de Brum está muy bien escrito y te toca la fibra, pero seamos sinceros: peca de una superioridad moral que hace aguas si apuntamos con un bisturí lógico-analítico implacable. Arabia Saudí, los jeques y el tonto útil de Cristiano Ronaldo; a qué dudar de su villanía (y en Ronaldo, pese al jurdó, de su disgrafía) Pero la realidad es displicente. El fondo soberano saudí no imprime los billetes ex nihilo; tienen esos torrentes viscosos de dinero porque nosotros, en Occidente, seguimos llenando el depósito del coche, encendiendo la calefacción y comprando toneladas de plástico. Al final, los millones que se embolsa Ronaldo salen de cada gasolinera del planeta. En la dupla oferta-demanda, no se debe olvidar a la demanda.
El purismo o rigorismo frailuno con el clima olvida que pasamos horas haciendo scroll, viendo streaming o usando herramientas digitales. Esos servidores gigantescos y la inteligencia artificial de la que tanto dependemos ahora consumen millones de litros de agua al día, a veces en sitios con escasez hídrica. Si el sector tecnológico fuera un país, gastaría más luz que Alemania.
La columna de Brum es necesaria para sacarle los colores a la geopolítica, sí, pero es algo tramposa (no me gustaría ser ineducado) Parece comodísimo indignarse con el dinero de los jeques mientras mantenemos un estilo de vida que es al ecologismo lo que Ronaldo a Kurt Gödel. Ese es el desagradable motor que financia el colapso. Ronaldo es el reflejo del espejo donde nos miramos.
P.S.: El artículo está muy bien escrito y argumentado. Mi réplica señala un punto ciego real de la argumentación de Brum: la tendencia a personalizar el mal en figuras como Arabia Saudí o Cristiano Ronaldo y a dejar en segundo plano la corresponsabilidad de los patrones de consumo que hacen posible ese modelo. Solo el sector digital consume ya tal cantidad gigantesca de electricidad y agua, que es comparable a la de grandes economías industriales. No veo fácil desanudar el lío.
