Burton 102

Najat pontifica que criticar una medida concreta conducirá inevitablemente al fin del sufragio femenino o a la instauración de una dictadura. Esto rebaja el nivel del texto de la crítica política al plano de la distopía infundada, más propio del panfleto que del análisis político.

»No hay más que mirar a los gobiernos de Marruecos, Arabia Saudí, Irán, Corea del Norte, China, Rusia. En esos países seguro que no vota nadie que no tenga que hacerlo» ¡Olé tus troulos, olé tus collós como touros! Para atacar al nacionalismo conservador español (PP y Vox), el texto mete en un mismo saco regímenes teocráticos (Irán, Arabia Saudí), dictaduras comunistas (China, Corea del Norte), una autocracia presidencial (Rusia) y una monarquía alauita (Marruecos). La simplificación es flagrante: mezcla sistemas políticos opuestos en su raíz ideológica solo por el hecho de ser autoritarios. Además, resulta irónico que cite a Marruecos en este contexto de «limpieza de votantes», cuando la propia autora ha sido a menudo crítica con la falta de libertades allí, pero aquí lo usa de forma simplista como mero espantapájaros retórico.

Mitin escrito y debate chusco de redes sociales impropio de un periódico de la solera de El País.

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Porque, al fin y al cabo, el diagnóstico que la crítica menos complaciente le hace a su narrativa es el mismo que desangra sus artículos. Frecuentemente nos hallamos ante una prosa plana, meramente utilitaria, que confunde la llanura expresiva con la autenticidad, convirtiendo la novela en un informe sociológico sobre el desarraigo. Sí, asistimos a una alarmante ausencia de espesor estético. El lenguaje ya no opera como un fin en sí mismo, sino como un vehículo dócil para el mensaje; una escritura previsible que fía toda su suerte a la urgencia de su temática, olvidando que la buena literatura no se hace con buenas intenciones, sino con estilo.

Sustitúyase «literatura» o «narrativa» por «columnismo» y encontramos de modo paradigmático a Najat, cultivadora de ambos vicios. Es el signo de nuestros días: el triunfo del trazo grueso y la nadería que cosecha un gran éxito de público en estos tiempos abajados y de grisalla atroz.

P.S.: Este artículo de Najat tiene más de 250 comentarios. Esto me hace reflexionar sobre el fenómeno de la viralidad y la calidad intelectual (perdonen la cacofonía). Las secciones de comentarios no premian el análisis matizado ni la erudición. El artículo utiliza la ironía y la hipérbole más irracional (comparar la propuesta de PP y Vox con Corea del Norte o plantear la eliminación del voto femenino). Esto enciende las pasiones, lo que genera respuestas viscerales («conmigo o contra mí») en lugar de debates intelectuales estructurados. La sofisticación se sustituye por consignas partidistas de consumo rápido. Muchísimos de esos comentarios no discuten la raíz jurídica o filosófica del derecho al voto, sino que utilizan el espacio para desahogar fobias ideológicas. Cuando la identidad política prima sobre la lógica, la calidad del argumento decae drásticamente.

El debate político decae en una guerra de identidades y de culturas que tiene rasgos puramente afectivos. La información no se asimila de forma racional, sino que se consume de forma puramente emocional. Bernard Stiegler acuñó el término «miseria simbólica» para describir cómo los medios digitales destruyen nuestra capacidad de debatir pacíficamente: «La industrialización del comentario y la opinión produce una pérdida de la individuación psíquica y colectiva. Cuando la discusión se automatiza en hilos de internet de consumo rápido, el ciudadano deja de pensar y pasa a reaccionar. Esta degradación del intelecto genera una frustración profunda que se canaliza a través de la violencia verbal. La plaza pública se convierte en un coliseo donde los usuarios se comportan como una masa que exige la ejecución simbólica del adversario. Es la muerte del espíritu crítico y el nacimiento de una barbarie tecnológicamente avanzada».

Para Jürgen Habermas, la digitalización ha fragmentado la esfera pública tradicional, sustituyendo el debate racional y deliberativo por «burbujas» aisladas de consumo emocional. En estos espacios digitales, la falta de filtros editoriales y la velocidad de las redes devalúan la calidad intelectual del discurso, transformando la participación ciudadana en una polarización agresiva que debilita los pilares de la democracia. Coincido con él.

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