(Vito Quiles)
Este señor —y les habla alguien desde un ideario liberal (pero consciente, como decía Ortega, de que cualquier forma de ideología es una forma de hemiplejía moral)—, este señor, decía, me recuerda al bufón Calabacillas de Velázquez. Juan de Calabazas, apodado «Calabacillas», fue uno de los bufones más conocidos de la corte de Felipe IV. Velázquez lo retrató sentado en el suelo, con una sonrisa asimétrica, la mirada extraviada (sufría de estrabismo) y flanqueado por calabazas, símbolo tradicional de la necedad o la falta de seso. El bufón de corte no estaba allí para ofrecer un discurso riguroso, sino para entretener al poder (o a una facción de este) mediante la hipérbole, la burla y la provocación. Quiles ejerce en el mundo digital moderno una labor similar: su contenido no busca el rigor informativo, sino la performance política, el «zasca», la agitación afectiva y el histrionismo. Un aire de familia, en fin, que también comparte con Francisco Lezcano, «El Niño de Vallecas».
Ortega acuñó el término «diputados jabalíes»: «Hay que ir a las cosas, y no dedicarse a la gesticulación. (…) Esos diputados jabalíes que entran en el Parlamento embistiendo a ciegas, destrozando la sutileza del procedimiento demócrata con el colmillo de la intolerancia, no construyen; solo siembran el encono». El señor Quiles es un caso claro de descerebrado «periodista jabalí». No poco tiene de esos cerdos salvajes. la algarada, la embestida, la agitación, el estruendo y el encono son sus armas. Un histriónico que hoza contra la convivencia pacífica.
