Burton 108

La televisión es chunga. En televisión, la audiencia parece haberse convertido en el único criterio de verdad y de valor. No la veo mucho, pero a ratitos me inoculo esos electroshocks, convulsionando sin anestésico muscular. Popper hablaba del muy recomendable racionalismo crítico: toda afirmación puede estar equivocada y debe permanecer abierta a la crítica. Veamos cómo lo expresa: «Llamo racionalista a quien está dispuesto a aprender de la experiencia. Esto significa que está dispuesto a escuchar argumentos críticos y a aprender de ellos. En esencia, la actitud racionalista consiste en admitir que yo puedo estar equivocado y tú puedes tener razón, y que, mediante un esfuerzo, podemos acercarnos a la verdad».

Grice explicitó las máximas ideales de la conversación: di lo justo, ni más ni menos (cantidad), sé sincero y no digas ni lo que crees que es falso ni aquello que no puedes probar (cualidad), ve al grano (relación), sé claro, breve y ordenado, y evita la oscuridad (modo). A éstas podríamos añadir: sé cortés.

Con estas premisas, resulta revelador analizar un debate televisivo: un guirigay o carajal «uneducated», propio de tipos que todavía no se bajaron de los árboles. Nos estamos idiotizando a nosotros mismos a través de la pantalla; la televisión es el reflejo indudable de nuestra hecatombe cultural.

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