Burton 118

Ana Iris, a ver si algún día quedamos para tomar una olla de San Antón, cabeza de cordero asada, sangre encebollada, zarajos, crestas de gallo, lengua de vaca, sesos, criadillas, manteca colorá y unas gachas con gallinejas. De postre: orejas de carnaval y botellas de anís de Chinchón.

No siempre es consistente una apología de la humildad: hay pobres y buenas personas, pobres y malas personas, ricos y buenas personas, y ricos y malas personas. La vía regia a la excelencia moral no la tasa el parné. Pero sí, el contraste es llamativo. Cuatreros, chorizos, rateros y mangantes encorbatados abundan no poco en estos días de nuestra atribulada España. El pobre virtuoso es infinitamente más noble que el rico vicioso. Lo escribió Cervantes: «Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca. Así que no debes congojarte por las desgracias que a mí me suceden, pues a ti no te cabe parte dellas (…) Al pobre le toca ser virtuoso, y la virtud es la verdadera nobleza, que vale por sí sola lo que la sangre y la cuna no valen».

Andrés no necesita armiños ni coronas, tafetanes ni la adulación de súbditos. Le basta la ganancia de mostrarse al mundo sin altivez.

P.S.: Felicidades por el artículo y te envío un abrazo afectuoso.

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