JUARISTI UTILIZA UN ERROR DE INTERPRETACIÓN EN UNA ENCÍCLICA PAPAL SOBRE EL MITO DE BABEL PARA DEMOSTRAR QUE, MEDIANTE LA FILOLOGÍA, BABEL SIGNIFICA «CIUDAD DE DIOS» Y NO «CONFUSIÓN». CON ELLO CONCLUYE QUE EL LENGUAJE ES INHERENTEMENTE AMBIGUO, QUE EL SIGNIFICADO LO IMPONE QUIEN TIENE EL PODER, Y QUE LOS SERES HUMANOS ESTAMOS DESTINADOS A VIVIR EN ESA «BABEL» DE CONFUSIÓN NATURAL, INTENTANDO ACLARARNOS ANTES DEL FIN DE NUESTROS DÍAS.
Puse en mayúsculas, enfatizándolo, lo que considero el núcleo del artículo. Juaristi acude a las fuentes (la Vulgata, la Biblia de Ferrara, la Reina/Valera) para demostrar que antes de la Torre de Babel, la humanidad tenía «una sola lengua y unas mismas palabras». Por lo tanto, el proyecto originario de Babel era uniforme. Si la diversidad de lenguas surge después como un castigo divino para hacer fracasar la torre, el Papa comete una incongruencia narrativa al oponer la «ciudad justa que protege la diversidad» a Babel, ya que la Babel histórica e idealizada era, precisamente, monolingüe.
Infiere, con argumentos filológicos semíticos, que Babel y la «Ciudad de Dios» no son opuestos disyuntivos; etimológicamente son lo mismo. El nombre original encierra una contradicción absoluta con el mito.
El artículo es denso, pero deslumbrante. Te deja patidifuso la limpidez lógica irreprochable del razonamiento. Lo que hace el autor es coger las premisas de su oponente (el Papa) y demostrar que, si se llevan a sus últimas consecuencias utilizando los textos sagrados y la filología, el argumento papal se cae por su propio peso. El Papa es un licenciado en matemáticas autocontradictorio.
Sobresaliente cum laude.
