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No solo hay que atribuir inteligencia a «El gallo de Sócrates» o «El loro de Flaubert». La tienen, y en abundancia, el «Polycraticus», de Juan de Salisbury, o la «Metanasiana», de Thémiseul de Saint-Hyacinthe. Y se constata al repasar artículos del «Dictionnaire» de Bayle, o la undécima edición de la «Britannica» (la preferida por Borges)

Y al estudiar la «Mirifici Logarithmorum Canonis Descriptio» («Descripción de la maravillosa regla de los logaritmos», en español, conocido informalmente como «Descriptio»), un libro del terrateniente y aficionado a las matemáticas escocés John Napier, donde expone, por vez primera, el método de uso de los logaritmos, o asimismo el «Liber abaci» (1202), libro histórico sobre aritmética de Leonardo de Pisa, conocido como Fibonacci.

La vida es mortal. Pero acaso podamos hacer en ella un hueco para despertar el cerebro con Juan Clímaco, abad de la comunidad de monjes del Sinaí, autor de «Liber ad pastorem» (existe una «Vida» de Juan Clímaco, escrita por Daniel de Raitu, ciertamente pobre en informaciones precisas) La obra que dio a Clímaco celebridad duradera fue sobre todo «Scala paradisi». Siguiendo una imaginería inspirada en la escala de Jacob, describe las etapas de la ascensión espiritual en treinta escalones, que corresponden a los treinta años de la vida oculta de Jesús. Escrita con mucho sentido psicológico (descripción de la gula o de la acidia, por ejemplo), en una lengua vigorosa y a menudo llena de imágines, la «Scala paradisi» tuvo gran influencia en Oriente, donde fue comentada con frecuencia.

Agudeza en el pensamiento vemos en Jan van Ruysbroek, ordenado presbítero en 1317, que llegó a «vicarius» y después a «capellanus» de Santa Gúdula. Sus escritos místicos son de un valor excepcional; obras maestras literarias, monumentos de literatura, descripciones preciosas. Lean «La piedra resplandeciente», opúsculo de una belleza y sutileza pasmosa. Ruysbroek habla, como los renanos, de un más allá de las palabras y los conceptos, de la «profundidad abismal del silencio» y del «desierto» al que se llega solo por el no saber.

En Gerona existió un centro activo que contó con cabalistas sobresalientes: Juda ben Yaqar, Ezra ben Salomón, Azriel, Jacob ben Sheshet, Moisés ben Nahmán. Sus escritos han sido casi todos editados y traducidos. Léanlos y disfruten.

Y a Polidoro Virgilio (citado en El Quijote) O la «Historia de mi vida», de Enea Silvio Piccolomini. O las «Memorias», de Philippe de Commynes, uno de los grandes memorialistas políticos del tránsito medieval-renacentista. E «Introduction to Mathematical Logic», «A Mathematical Introduction to Logic», «Computability and Logic», «Gödel’s Proof», o «Principia Mathematica» (La lógica es el arte de obligar a la inteligencia a seguir el camino de la necesidad. Allí donde termina la opinión y comienza la demostración, comienza también la lógica)

En fin, si algo no sobran son libros inteligentes en el mundo.

NOTA BENE: Disculpen la fatuidad desmedida, la pedantería fatigosa de esta nota.

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