Burton 133

Riadas valleinclanescas de veraneantes, arrastrando neveras de plástico azul, bolsas de lona repletas de fiambreras y sandías cartesianas que habrían de enfriarse luego entre los pliegues de la orilla. Los cuerpos, untados de aceite, se doran.

Yo me repantingo en la hamaca y me dispongo a leer «Théorie des ensembles et logique mathématique», de Jacques Patarin. Reverberan teoremas y demostraciones en el azogue de mi memoria. Alfilerean las ideas como nervios o raíces hundiéndose en la arena. Me cuesta concentrarme en el hilo del cálculo mientras revolotean pelotas de Nivea y asorda el transistor cercano con una música espantosa. He visto también, ça va sans dire, un matemático que bailaba brevemente un calipso.

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