Las manos de mi madre, que en su juventud habían sostenido abanicos y anillos con una gracia ligera, se habían convertido en un laberinto de nudos calcáreos, una cordillera de articulaciones ajadas sobresaliendo en una epidermis descolorida, desprovista de savia viva, transparentes como papel de fumar.
Manos que besé en su agonía con la mayor ternura que se puede demostrar en este mundo, manos deformes gastadas por la artrosis, mates y pálidas; las ruinas hermosas del ser a quien más amé en esta vida, y más allá.
Publicado por christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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