Burton 151

Usted escribe por asociación, superponiendo piezas o teselas. Estéticamente es fascinante pero, from a logical point of view —título de un calipso que Quine tomó para uno de sus libros—, desde el punto de vista lógico, decía, perfectible. Esa hilatura laxa me recuerda al último Bergamín, e incluso a cuando Cunqueiro se ponía estupendo. Su sátira tiene remembranzas de Umbral o d’Ors (respecto al complejo intelectual, creo que tiene en mente a García-Trevijano y su tesis sobre el Estado de Partidos). Excelentes influencias.

Usted contrapone la «democracia representativa» americana (inspirada en Montesquieu y orientada a la libertad) con la «democracia liberal» europea (inspirada en Rousseau y orientada a la igualdad). Históricamente, la democracia estadounidense es el paradigma de la democracia liberal. Además, atribuir a Rousseau la paternidad de la democracia liberal europea es un contrasentido: Rousseau defendía la democracia directa y la «voluntad general», un concepto que la democracia liberal (basada en el pluralismo y los derechos individuales) precisamente intenta embridar para evitar la tiranía de la mayoría. Asimismo, calificar a la totalidad de los políticos, profesores y periodistas de «atlantes de un Régimen» y tildar el sistema español de mero «Estado de Partidos donde todo es mentira» es una enmienda a la totalidad que anula cualquier posible matiz. Lo tomo como una ironía.

Hay una contradicción viviente en su columna: usted critica la «democracia oscura» y el oscurantismo del sistema político utilizando un estilo que es deliberadamente oscuro, críptico, gongorino y barroco. Su estilo es un laberinto de espejos literarios que oculta la debilidad de la tesis política tras el destello de la erudición (si me permite la afirmación contundente).

La filosofía política analítica sostiene que la claridad no es un mero accesorio estético, sino una exigencia moral y democrática. Si las reglas y los conceptos no son claros, el ciudadano no es libre, porque no puede consentir aquello que no comprende.

Valga este prolijo tren de citas:

«El secreto intelectual del intelectualismo de pacotilla es la capacidad de formular perogrulladas con un lenguaje rimbombante y oscuro. […] El juego de la vacuidad y el de las palabras impresionantes y oscuras debe ser denunciado. Es un deber de los intelectuales escribir de la manera más clara y sencilla posible, y no de la manera más oscura. Todo lo que vale la pena decir se puede decir con claridad. Buscar la oscuridad en el discurso político es una forma de deshonestidad; es el intento de blindar dogmas frente a la crítica racional. Una sociedad solo puede ser abierta si sus ciudadanos pueden examinar, criticar y comprender las leyes y los argumentos que configuran su convivencia».

«La claridad conceptual es la defensa más segura que poseen los hombres libres contra las falacias del poder. Aquellos que afirman que la política es un misterio insondable reservado a unos pocos, o los que sostienen que la libertad verdadera se encuentra en la sumisión a un todo oscuro u orgánico, están preparando el camino para la tiranía. El uso de analogías vagas, la confusión deliberada de términos como «libertad» e «igualdad», y la estetización del pesimismo político solo sirven para paralizar la voluntad de reforma de los ciudadanos. La tarea de la filosofía política no es tejer mitos oscuros para solaz de una élite desencantada, sino desentrañar las palabras para que los hombres sepan exactamente qué están eligiendo y a qué precio».

P.S.: Usted es un maestro de una prosa en elipsis cultísimas y subyugantes. Para mí resulta un placer leerlo. Su orfebrería reaccionaria es un inteligente modo de estar en el mundo. Yo, durante una época, solo me alimenté de reaccionarios y Nescafé. Un cálido abrazo.

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