Burton 161

«Camisas de lino grueso, de seda fina y de franela; camisas con rayas, con arabescos, con cuadros escoceses y de color coral, verde manzana, lavanda y naranja pálido…». Sedas, chales, guantes y sombreros de Emma Bovary.

Cambiarse las Birkenstock por unas bailarinas antes de la entrevista demuestra que el ser humano, incluso el más seguro, necesita ajustar su «disfraz» para controlar la impresión que causa en el otro.

Por su carácter fluctuante, su esnobismo intelectual invertido —alardear de no ver a Pasolini frente a su educación elitista— y su fascinación por la elegancia, Milena Busquets encaja perfectamente en una amalgama de dos personajes de Proust: Oriane, la duquesa de Guermantes, y la faceta más mundana de Charles Swann. Es un error garrafal creer que la moda es superficial. Puede que lo sea, pero al menos no es tan superficial como el pensamiento.

Yo recuerdo a papá con unos zapatos ingleses de New & Lingwood hechos a medida, de un cuero negro tan flexible que parecía una segunda piel, pulidos hasta alcanzar un brillo sordo que solo el verdadero dinero puede comprar. Su traje, una franela gris de raya diplomática cortada en la propia Savile Row, se asentaba sobre sus hombros con absoluta naturalidad. El corte inglés de la sisa, alto y estrecho, le permitía moverse sin que la chaqueta se descolocara un solo milímetro. Cosas de ejecutivos.

En Proust, la verdadera elegancia consiste en no dejar ver nunca el esfuerzo.

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