Artículo flojito. Jean-Baptiste Bonnefoy (1784) fue uno de los críticos más feroces del mesmerismo; léase su Analyse raisonnée des rapports des commissaires. Allí desmontaba la idea del magnetismo animal, al que consideraba, con razón, un insulto a la razón humana y una vuelta a las catacumbas de la magia: una impostura lucrativa que se aprovecha de la debilidad de los enfermos. Mutatis mutandis, el argumento sirve también para la filfa psicoanalítica: cambian las categorías conceptuales, pero permanece la confianza en una entidad invisible cuya existencia no admite verificación empírica.
Los modelos basados exclusivamente en la palabra —en teorías abstractas sobre el inconsciente, el conflicto interior y el diálogo terapéutico interminable— pertenecen, a mi juicio, más a la retórica terapéutica que a la ciencia. Las enfermedades mentales graves son, ante todo, patologías del cerebro, de la biología, de los neurotransmisores y de los circuitos neuronales. Dedicar años a hablar sentado en un diván sobre los recuerdos de la infancia puede ser un ejercicio intelectual o un lujo conversacional para la burguesía, pero no modifica la neurobiología de una psicosis ni de una depresión mayor. Sin una base en las ciencias duras, la terapia verbal corre el riesgo de deslizarse hacia la palabrería metafísica.
Le recomiendo tres libros:
VV. AA.: Behavioral Neurobiology of Psychiatric Disorders, Springer (3.ª edición, 2025).
VV. AA.: Neurobiology of Mental Illness, Oxford University Press (6.ª edición, 2024).
Nancy Andreasen (con quien me carteé hace años): The Broken Brain: The Biological Revolution in Psychiatry.
P. S.: Discúlpeme, ante todo, el tono polémico y también si le falté al respeto. Este es un tema del que algo sé. Lamentablemente, el foro de un diario digital no es el lugar adecuado para razonar. Le envío un saludo afectuoso.
NOTA BENE: Su artículo peca de cierto romanticismo intelectualista y de un sesgo muy común en ciertos círculos culturales de Barcelona, donde la «palabra» y el psicoanálisis aún se ven con un aura de prestigio burgués.
