Es un texto soberbio, de un misticismo llagado y lúcido que recuerda a las mejores páginas del existencialismo cristiano. Me gustaría ilustrarlo con algunas pocas citas:
«El igualitario no concibe que haya objetos idénticos de valor diferente. Una hostia consagrada y una hostia sin consagrar son físicamente iguales para el laboratorio. El valor es una dimensión invisible», Nicolás Gómez Dávila, Escolios a un texto implícito.
«El Burgués es un cerdo que quisiera morir de vejez. El progreso, para él, consiste en tener el estómago lleno y los órganos de la generación en buen estado. No concibe otra bienaventuranza. Cuando se le habla de la justicia de Dios, se imagina que se trata de una contribución directa o de una citación ante el tribunal correccional. Está completamente desprovisto de la facultad de percibir lo invisible», Léon Bloy, Exégesis de los lugares comunes.
«El hombre moderno ha vendido su alma al diablo a cambio de la organización. Y la organización lo está devorando. Prefiere ser un tornillo numerado en una máquina gigantesca que un hombre libre bajo las estrellas. El loco, el vagabundo, el que rompe la fila, es hoy el único testigo de que alguna vez existió la libertad», Leonardo Castellani, Las ideas de mi tío el cura.
«El hombre que se esfuerza por triunfar en este mundo es como un náufrago que intentara construir un palacio de mármol sobre la cresta de una ola. Todo su progreso es un descenso más rápido hacia el abismo, decorado con luces eléctricas», Leonardo Castellani, El Evangelio de Jesucristo.
«La civilización moderna se está disolviendo porque no ha sabido responder a la única pregunta que importa. Ha multiplicado los teléfonos, pero ha cortado la comunicación con el cielo. Ha abolido las distancias geográficas para hacer infinito el aislamiento de los corazones», Leonardo Castellani, Nueva crítica literaria.
Disculpa la prolijidad. Un abrazo, Cristina.
