Dios se apiadó de los débiles y les dio la ociosidad («No seas perezoso, no seas solitario», Burton). La vagancia, el ocio, la holgazanería y la haraganería son las vías regias a la molicie, las exterminadoras de la libertad. «Escaquéense», dice la siniestra. El pub, la taberna, la cervecería, la posada, la tasca… es el lugar donde nos deshacemos de las tribulaciones de la vida cotidiana; pero el bar convierte a cada hombre en un pequeño siervo. Háganme caso: cómprense despertadores, un instrumento más noble que un lago alabastrino. Dormir es uno de los pecados centrales de la vida. Cuando pienso en gente sana, rica y sabia, no veo entre ellos a artistas, escritores o músicos; veo a empresarios. La Detroit Automobile Company es más bella que la Victoria de Samotracia.
«La diligencia es la madre de la buena suerte, y Dios da todas las cosas a la industria. Así que trabaja duro mientras puedas hoy, porque no sabes cuánto te estorbarán mañana. Un hoy vale por dos mañanas. Si tuvieras un empleo estable, síguelo con constancia; si eres un artesano, no descuides tu oficio, pues el trabajo es un patrimonio. Un hombre que tiene un oficio tiene un empleo seguro, y el que tiene una profesión tiene un cargo de honor y provecho; pero la industria debe ser atendida, de lo contrario, ni el patrimonio ni el cargo nos permitirán pagar nuestras deudas. Si somos diligentes, nunca nos moriremos de hambre; porque en la casa del hombre trabajador la necesidad puede mirar, pero no se atreve a entrar. Tampoco entrará el alguacil ni el acreedor, porque la industria paga las deudas, mientras que la desesperación las aumenta», Benjamin Franklin.
Hay que levantarse cada mañana con determinación si deseas acostarse con satisfacción. ¿Trabajo? ¿Los lirios del campo? ¿Laforgue? ¿La escasez como ideal? Sin ambición no se empieza nada; sin trabajo no se termina nada. El premio no te lo dará el cielo: debes ganarlo. Recuerden: la acción puede no siempre traer felicidad, pero no hay felicidad sin acción. Luego, además de moderada soledad, descanso, naturaleza, libros y música —todo en pequeñas dosis—, no vacilen: ahorro.
