Leo y escribo de noche. Ayer releí a Borges, algunas «Epystole» y fragmentos del «De remediis utriusque fortunae», de Petrarca. Hoy estudiaré un poco el manual de Vicens Vives sobre «Matemática discreta» y hojearé la «Historia de la literatura inglesa», en Gredos, de Esteban Pujals. Probablemente mañana me enfrente a las «Memorias» de Gibbon.
Otro no leen o tienen gustos y aprensiones muy distintas a las mías. Ser liberal es una actitud ante la vida, admitir generosamente la discrepancia, el disenso, la diferencia, la pluralidad. En el ámbito anglosajón prevalece la doctrina económica; en España, la humanista y jurídica. Uno se abre a las razones y conductas de los demás.
Para mí el liberalismo es la creencia en un conjunto de métodos y prácticas que tienen como objeto común el mayor grado de libertad para el mayor número de individuos. Solo un individuo es propietario de sí mismo. No te preguntes tanto por quién ejerce el poder público, sino por los LÍMITES de ese poder público.
Creo en el gobierno de las leyes y no de los hombres, y me limito a apoyar todo lo que vaya en menoscabo del poder del Estado, y a condenar todo lo que pueda fortalecer a ese enemigo de nuestras libertades y nuestras escasas posibilidades de felicidad.
Al juzgar un gobierno casi tengo en cuenta solo si bajo sus leyes soy más libre, si cuanto soy como ser humano está más garantizado.
