Jacques Cazotte fue un escritor francés del siglo XVIII, hoy recordado sobre todo por su novela fantástica «Le Diable amoureux», una de las primeras obras modernas donde el demonio aparece como figura ambigua, seductora e irónica. Se le atribuye el pequeño opúsculo moral publicado hacia 1768, e impreso en Ámsterdam para evitar la censura parisina: «Des petits inconvénients de lire», «De los pocos inconvenientes de leer».
Allí leemos: «El lector propende a engullir, a atiborrarse de carnes y vinos secos. Si aumenta su dosis de lectura, también aumenta su panza y su gula. Son seres grasientos, de los que comen a dos carrillos y se ceban cuatro veces al día».
Leo en un dietista norteamericano de finales del siglo XIX: “Los intelectuales deben comer pocos sándwiches descortezados, y de no más de 5X5 cm; las violetas confitadas y las tartaletas de frambuesa les irritarán el colon; poco pavo, y, la leche, siempre desnatada”.
Asimismo en el opúsculo de Monsieur Tissot, De la Santé des gens de lettres, Sobre la salud de los hombres de letras (1ª ed., 1768) se recomienda que los letrados no se alimenten de bestias de carne tierna, excepto el pato y la oca. Y se insiste en lo recomendable del pescado con escamas, los peces de lago, las anguilas, el apio, las uvas, las moras, y, sobre todo, y en grandes cantidades, la achicoria y los albaricoques. Tissot desvela multitud de historias clínicas penosas de jóvenes, extrêmement attaché aux études, que sufren flojeras y parálisis al presentarse la Canícula, así como asquerosa serosidad en las circunvoluciones cerebrales, y, pero no se asusten, queridos colegas, signos de una lamentable calidad del líquido seminal. Con el plexo cordial inflado de sangre y la cabeza llena de pájaros. Son tipos, encima, la mar de tristes.
A diferencia de Cazotte, Tissot asevera que el lector es melancólico, delgado como un hilo, y que come como un pajarillo.
Famosa es la relación entre la delgadez y los letrados. Véase por ejemplo estos dos títulos recientes: Fernando Valcárcel, La delgadez del lector. Ensayos sobre ascetismo e inteligencia (Universidad de Salamanca, 1985), o también: Enrique de la Serna, Bibliotecas y ayunos. Historia y crítica del lector ascético (Siruela, 1992).
Famosa es la relación que quiso ver Aristóteles entre el genio y la melancolía. El texto se encuentra en el primer capítulo del libro XXX de los Problemata y ha sido llamado por algunos «una monografía sobre la bilis negra». La uva es melancólica. Viene a cuento.
