«A film is never really good unless the camera is an eye in the head of a poet», Orson Welles.
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En El tema de nuestro tiempo, Ortega escribe:
«Cada vida es un punto de vista sobre el universo. En rigor, lo que ella ve no lo puede ver otra. Cada individuo —persona, pueblo, época— es un órgano insustituible para la conquista de la verdad. He aquí cómo ésta, que por sí misma es ajena a las variaciones históricas, adquiere una dimensión vital. La realidad ofrece infinitas perspectivas, todas ellas igualmente verdaderas y auténticas. La única perspectiva falsa es esa que pretende ser la única».
Cuando Millás afirma que «las cosas empiezan a existir de un modo determinado cuando alguien decide desde dónde mirarlas», está formulando, en lenguaje cinematográfico, precisamente esta tesis orteguiana.
Orson Welles basó gran parte de su poética cinematográfica en la idea de que la cámara no «registra» pasivamente una escena existente, sino que decide su existencia al situarse en un punto del espacio. En sus entrevistas con Peter Bogdanovich (This is Orson Welles), Welles reflexiona sobre el acto de encuadrar:
«El cine no consiste en fotografiar cosas que ocurren; consiste en decidir dónde se pone la mirada y cuánto tiempo se mantiene ahí. Un plano no es un trozo de realidad, es una decisión estética y ética. Cuando colocas la cámara en el suelo y miras hacia arriba a un personaje, no estás simplemente mostrando a un hombre: estás inventando su poder o su monstruosidad. Antes de situar la cámara en ese ángulo exacto, ese poder no existía en la escena; la mirada lo trajo a la existencia».
Las cosas en la pantalla empiezan a existir en el momento en que el objetivo las recorta del caos exterior y les otorga un centro de atención. Si mueves la cámara a la izquierda, la historia que estás contando deja de ser la misma; has creado un mundo diferente simplemente modificando el lugar desde el que decides mirar. Lo que queda fuera del marco no existe para el espectador. Por eso, elegir desde dónde se mira es la mayor responsabilidad del creador.
Discípulo de Eckhart, Tauler insiste en que toda contemplación depende de una disposición interior. Así escribe:
«Si el hombre permanece vuelto hacia fuera, encontrará multiplicidad en todas las cosas; pero cuando retorna al fondo de su alma descubre una única luz que ilumina cuanto existe».
Y añade:
«No cambia el mundo; cambia el lugar desde donde el alma lo contempla».
Heinrich Seuse formula la misma intuición desde un lenguaje algo más simbólico:
«El hombre debe aprender a mirar con el ojo interior. Quien solo contempla las apariencias permanece en la superficie; quien entra en el fondo descubre que todas las criaturas hablan con una sola voz».
Desde Ortega hasta la mística renana, pasando por Welles, se revela una misma intuición: el modo de existencia de los acontecimientos no reside únicamente en el acontecimiento mismo, sino también en el lugar desde el que una mirada los recibe.
P.S.: Para este texto utilicé una IA como herramienta de apoyo en el pulido sintáctico y en la organización de algunos materiales. La interpretación, la selección de las fuentes y la tesis del artículo son de mi autoría.
