Eliot 99

Inmortalizado por Lewis Carroll en Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, el Gato de Cheshire es el arquetipo del gato filosófico y burlón. Es capaz de aparecer y desaparecer a voluntad, dejando como último rastro su sonrisa («una sonrisa sin gato»).

Armand Jean du Plessis, el gran -eterno- Cardenal Richelieu, sentía una devoción apasionada, casi irracional, por los gatos. En su residencia, el Palais-Royal, llegó a albergar a más de una docena (con nombres como Soumise, Rubis, Lucifer o Pyramo) a los que asignó sirvientes y habitaciones propias. En su testamento, Richelieu asignó una pensión vitalicia y un fondo económico destinado exclusivamente a asegurar que sus gatos fueran alimentados y atendidos dignamente tras su fallecimiento. Lamentablemente, tras su muerte en 1642, sus albaceas y la corte ignoraron su última voluntad.

María Zambrano llegó a convivir con casi una treintena de gatos en sus años en Italia. En 1964, en su piso de la via Lungotevere Flaminio en Roma, la acumulación de gatos provocó las quejas de un vecino, lo que derivó en una orden de expulsión de Italia emitida por la policía. La situación llegó a tal nivel de notoriedad que el propio presidente de la República Italiana, Giuseppe Saragat, tuvo que intervenir en el asunto para frenar el desalojo.

Cunqueiro creó en Merlín e familia uno de los animales fantásticos más célebres de la literatura gallega: O Gatipedro. Es un gato blanco mágico que tiene un único cuerno oscuro en la frente. Según Cunqueiro, se cuela de noche en las habitaciones de los niños e inclina su cuerno para dejar caer un hilillo de agua; el sonido del goteo provoca que los niños sueñen con fuentes y terminen orinándose en la cama.

Perucho, bibliófilo, gastrónomo y creador de universos góticos, pobló novelas como Les històries naturals de felinos de corte alquímico o erudito. En su obra, los gatos suelen ser compañeros de sabios, botánicos y vampiros, actuando como puentes entre el mundo terrenal y lo sobrenatural.

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GATOS

Ahora me acuerdo de los gatos de mi casa.

De la vieja casa de mis abuelos,

llena de sol y uvas los veranos

y de nieve y de leña los inviernos…

Mariposa era blanca y negra…

Tabita (a la que yo más quise)

plural de colores vivos.

Gatos comunes y preciosos,

ágiles, mimosos, esbeltos,

que me devuelven a una infancia

que a ratos creo triste

y otros días feliz y luminosa,

como los años en que ocurrió,

tan luminosos y oscuros…

Preciosos gatos de mi infancia,

acordaos de mí desde el cielo de Anubis.

Yo soy (lo sabéis bien)

aquel niño que os quiso tanto

y que siempre tenía nostalgia.

Soy la melancolía de la melancolía.

Luis Antonio de Villena

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